21 ovejas para 21 mujeres

En octubre de 1998, el Tribunal Penal Internacional de Ruanda pronunció por primera vez en todo el mundo una condena por violencia sexual en el contexto de una guerra civil y reconoció la violación como un acto de genocidio y tortura.

El hecho de que las mujeres ruandesas rompieran el silencio fue clave. Unidas en la organización Sevota, reunieron testimonios de mujeres supervivientes y documentación para crear un precedente legal histórico.

El pasado verano, durante el rodaje del documental Ruanda. La reconciliación obligada, asistimos, en un pequeño pueblo cerca de Gitarama, a la entrega que hizo Sevota de 21 ovejas para 21 mujeres. Las ovejas se convertirán en un medio de subsistencia para un grupo de ruandesas que sufrieron violaciones durante el genocidio de 1994. Y a la vez, representan una responsabilidad y reafirman la capacidad de seguir adelante.

Sevota trabaja des de mediados de los noventa con mujeres víctimas de crímenes sexuales y con sus hijos. La organización lucha para que las mujeres recuperen la confianza en si mismas, consigan ingresos y, con todo, puedan transformar sus vidas. La fundadora de la organización, Godelieve Mukasarasi –a quien entrevistamos- nos explicó que el empoderamiento de las mujeres es un eje fundamental.

También lo es la búsqueda de justicia y reparación. Al fin y al cabo, es difícil que sobreviva el empoderamiento sin reparación o la reparación sin justicia. Sevota se nutre de 2.000 mujeres, pero en Ruanda un total de 250.000 mujeres fueron violadas y, según Sevota, 60.000 fueron infectadas de sida.

El uso deliberado y a menudo impune de la violencia sexual como arma de guerra es habitual en países en conflicto. Con ella se consigue intimidar, crear terror político, humillar y aislar, unos efectos que se cargan durante años y derivan en secuelas psicosociales inesborrables.

Según Mukasarasi, firme defensora de los derechos de las ruandesas, el 80% de mujeres violadas durante el genocidio de Ruanda sufre un trauma perpetuo. Des de Sevota ofrecen terapia psicológica a las mujeres, a la vez que intentan que superen el estadio de víctimas y vuelvan a ser mujeres que se valgan por si mismas. Quizás 21 ovejas para 21 mujeres serán una anécdota en medio de tanto sufrimiento, pero lo que es seguro es que apunta directamente hacia la dignidad, los derechos y la independencia de las mujeres.

ESMASACTUAL|Manuel J. Ibáñez

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