86 años sin Vicente Blasco Ibáñez

Juan_Benito_
Por JUAN BENITO RODRIGUEZ MANZANARES. Presidente de Mistium.
El día 28 de enero de 1928, murió uno de los más insignes escritores del ámbito valenciano, español y mundial, pues no hemos de olvidar que nuestro maestro en el arte escrito, Vicente Blasco Ibáñez, fue, es, y no me cabe la menor duda que será, uno de los referentes novelísticos para muchas generaciones de escritores y futuros escritores, pues por la calidad de la vasta obra que salió de su excelsa creatividad, por sí mismo, bien podría conformar un nuevo Siglo de Oro, el Siglo de Oro de Blasco Ibáñez.

Don Vicente Blasco Ibáñez, nació el 29 de enero de 1867, en Valencia, donde comenzó el genio literario a hacer presa de él. Entre sus primera obras, podemos citar La Araña Negra, (1892), una de las más polémicas narraciones del escritor. Mas, como es harto conocido, Blasco Ibáñez desde siempre se caracterizó por ser un republicano convencido, y cuando uno dedica toda su vida a un ideal, este suele germinar en la persona a temprana edad, y eso fue lo acontecido en Blasco Ibáñez, así también entre sus primeras obras encontramos títulos como, El catecismo del buen republicano federal, (1892), o, ¡Viva la república!, (1893).
El hecho de su condición de republicano convencido y defensor a ultranza del republicanismo, le produjo bastantes alegrías en su vida, pero al mismo tiempo también le produjo algunas de sus más decepcionantes vivencias.
Con el devenir del tiempo, Blasco Ibáñez se introdujo en un género literario llamado, novela costumbrista, en el cual tuvo unos impresionantes éxitos a nivel mundial con algunas de las novelas que escribió en este género. Arroz y tartana (1894) fue el primero de ellos, y a este le siguieron títulos como, Cuentos valencianos, (1896), La barraca, (1898), o Cañas y barro, (1902).
Posteriormente y hasta su muerte, pasó por varias facetas en su vida personal y en su orientación narrativa, abrazando varios estilos de escritura según dictaban las modas y sus propias convicciones y formas de ver la vida, pero no es el motivo de este artículo hacer un estudio literario sobre la obra de este insigne escritor.
La última obra que publicó en vida, fue, Novelas de amor y de muerte, (1927), que son una buena colección de narraciones breves. Póstumamente le publicaron varias obras, siendo la última novela póstuma, La condenada y otros cuentos, (1979), obra publicada por los herederos de Blasco Ibáñez.
No puedo dejar pasar la ocasión de decir que son numerosas las obras de Blasco Ibáñez las que se han llevado a la gran pantalla o se han hecho series televisivas, ambos géneros con más o menos fortuna a la hora de plasmar fidedignamente la obra de Blasco.
Murió en Fontana Rosa, su residencia en Menton, Francia, pero tras la proclamación de la II República Española, sus restos fueron repatriados a Valencia, España, el 29 de octubre de 1933 con una acogida multitudinaria por parte del pueblo valenciano, y ahora sus restos descansan en el Cementerio Municipal de Valencia.
Aprovechando la circunstancia de que contamos en Valencia, su tierra natal, con los restos mortales del gran escritor universal, Vicente Blasco Ibáñez, desde hace años, diferentes asociaciones y entidades le realizan homenajes ante la propia tumba del escritor, rindiéndole justo homenaje. Así el Ateneo Republicano Blasco Ibáñez, ayer día 28 de enero aniversario de la muerte de Blasco Ibáñez, (pues este artículo lo escribo el día 29 de enero, nacimiento de Blasco Ibáñez), realizó un homenaje a su patrono, en el cual se leyeron poesías dedicadas al escritor y algunos pasajes de su obra.
A ese acto fueron convidadas personas, personalidades y entidades, y entre estas últimas, estuvieron presentes la Casa de Melilla en Valencia, de la mano de su presidente, José Luís Caras Toledo, y la Asociación de Arte Multidisciplinar, Mistium, de la mano de su presidente, Juan Benito Rodríguez Manzanares.
La llama del buen hacer que encendió don Vicente Blasco Ibáñez con su afilada, controvertida y en ocasiones problemática pluma, sigue encendida y con muchísimos adeptos, entre los que me honro pertenecer, y seguirá encendida por siempre-jamás, pues una obra tan increíblemente buena como la de Blasco, nunca podrá morir.

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