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Adentrarse por la Toscana Valenciana


Por Manuel J. Ibáñez Ferriol. Fotos: Archivo Propio. 

¿Has escuchado hablar de la Toscana valenciana? ¿Es solo un invento de marketing? ¿O responde a una realidad, que unifica las regiones italiana y valenciana bajo el topónimo de “Toscana”.

Los verdes y ocres, acompañados de los otros colores que tiñen el campo según la temporada de cultivos, los caminos arbolados que llevan hasta masías de paredes encaladas, los cielos y el Sol del Mediterráneo.

Hay similitudes, sin duda, aunque aquí no haya rastro de las colinas ni de los cipreses tan típicos de la Toscana “original”: el paisaje es más plano, a pesar de que las sierras de l’Ombria y Grossa siempre estén muy presentes en un segundo plano. Sí, sale espontáneo hablar de planos cinematográficos: parece el sitio ideal para rodar una película… o para pintar un cuadro –seguro que Sorolla, además de Javea, se habría enamorado también de estos paisajes, a pesar de que no haya mar–.

Pero, ¿por qué esta zona se sacó de la manga la comparación con la famosa región italiana? El gancho marketiniano, que ha funcionado mucho y no solo conmigo, nació –según leí justamente en ese artículo de El país y según nos confirmaron después in-situ–, a causa… ¡de un vertedero! Sí, querían construir uno en la zona y se creó un movimiento en contra del proyecto. ¡Cómo iban a destruir la Toscana Valenciana! En eso se basaba su comunicación. Funcionó tan bien que no sólo se evitó la construcción del indeseado vertedero sino que ahora es un reclamo turístico que usan todos los que viven de acoger a visitantes en la zona. Curioso, ¿no?

Pero entonces, ¿dónde podemos ubicar geográficamente la Toscana valenciana? Claramente en la Comunidad Valenciana, y más concretamente en el interior de la provincia de Valencia, entre las comarcas de La Vall d’Albaida y La Costera, muy cerca de la provincia de Alicante y de La Mancha. Al tratarse de una región ficticia, el territorio no está del todo definido, pero, en principio, es el área al oeste de Ontinyent–Onteniente en castellano–, que incluye los pueblos de Moixent–Mogente–, Fontanars dels Alforins –Fontanares– y La Font de la Figuera –Fuente de Higuera–. Tanto Ontinyent como, sobre todo, Bocairent –Bocairente–, aunque éste último ya esté fuera de la zona de la Toscana valenciana merecen, y mucho, una visita. Además la carretera que lleva a Bocairent pasando por el parque natural de la sierra de Mariola, es una atracción más, ¡no te decimos más! Nosotros llegamos justamente por ahí desde Alcoy.

¿Y a qué se viene aquí? Básicamente a disfrutar de ese paisaje “valenciano-toscano”, a visitar algún pueblo y a relajarse como sólo es posible en los entornos rurales. Se puede hacer también alguna ruta de senderismo o en bici (en la página web de la Vall de Albaida, hay bastantes rutas sugeridas) o darse un chapuzón en las pozas naturales del Pou Clar.

Pero también hay cosas que ver en la Toscana valenciana, por supuesto. La principal, sin duda, es el poblado íbero de la Bastida de les Alcusses, en lo alto del cerro de Les Alcusses –vale, ¡sí que hay colinas también aquí!–. Y luego están el museo arqueológico de Moixent, el museo histórico-etnológico de La Font de la Figuera, etc.

¿Y no dices nada del vino? Es verdad, he dejado lo más jugoso, o “caldoso”, para el final. En la Toscana valenciana hay campos de girasoles, de trigo, de olivos pero, sobre todo, de vid. Una razón más, y una de las principales, para que naciera ese símil con la Toscana, aunque aquí no haya Chianti sino DO Valencia. Probablemente lo más típico que hacer en la Toscana valenciana es visitar una de las bodegas de las “Terres dels Alforins”, una asociación de once viticultores de la zona que se preocupa de poner en valor los vinos locales y, entre otras cosas, cada año organiza la “Mostra de vins de les Terres dels Alforins”, presentando los nuevos vinos de la temporada.

Nosotros tampoco dejamos escapar la ocasión y fuimos a visitar la Bodega Los frailes, en Fontanars dels Alforins. Ahí nos dio la bienvenida Miguel, representante, junto a su hermana, de la última generación de los dueños de la finca, que está en manos de la misma familia desde, nada menos, 1771. Antes sus dueños eran los jesuitas –de ahí el nombre– pero, tras su expulsión, la finca, con su casa y bodega, se puso en venta por subasta pública. Miguel nos enseñó el documento de la venta, firmado por el notario de Carlos III.

Con él caminamos entre los viñedos de 35 años de la variedad autóctona monastrell, visitamos la bodega nueva donde producen el vino y la bodega antigua donde lo conservan en sus barricas –hace no mucho descubrieron la bodega del siglo XVII que había sido tapiada, con sus espectaculares y enormes tinajas de barro– y, como no, pasamos a la cata comentada en la sala “un mar de viña”, con su ventanal con vistas espectaculares sobre los viñedos.

Todo fue muy interesante pero lo mejor, sin duda, fue ver en los ojos de Miguel –y de su padre Carlos, aunque le saludamos rápidamente– esa pasión que une a todos los enamorados de su oficio. Después de La Palma, el norte de Francia o Flandes, nos volvíamos a topar con ella. Miguel hablaba de su tierra como si de un hijo se tratara y con ese mimo y cariño parece que la tratan. Desde hace 16 años trabajan en agricultura ecológica y han recuperado variedades locales como el monastrell o el marselan que otros están abandonando. Pero él te lo contará mejor que nosotros.

En un viaje de relax que disfrutas en un entorno rural, el alojamiento es más importante que nunca. No es sólo un sitio donde dejar la maleta y “escaparse” a hacer visitas turísticas como en una ciudad, sino una atracción más. Y la Finca San Agustín, en una masía del siglo XVIII, con sus relajantes habitaciones con vistas al campo, lo es sin duda. Nosotros estuvimos sólo una noche y teníamos menos tiempo del que el entorno merecía: nos encantó y nos quedamos con ganas de más, por ejemplo de relajarnos en el spa. La noche en la que estuvimos el cielo estaba un poco nublado, pero normalmente es un sitio ideal para ver estrellas, de hecho tiene certificación starlight.

Además, Reme conoce perfectamente el entorno y te dará muchas sugerencias sobre qué visitar y hacer en la Toscana valenciana. Por cierto, cuando llegamos estaba yendo a la otra casa rural de los propietarios de la Finca San Agustín, la Finca Santa Elena, y, ya que habíamos leído de ella cuando nos informamos sobre la Toscana valenciana, fuimos a verla.

Ambas fincas se encuentran entre Ontinyent y Fontanars, para llegar lo mejor es llamar para que te den indicaciones si no quieres perderte como nosotros.

Toscana o no, querrás volver siempre.

 

 

 

 

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