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En agosto también Dieta Mediterránea

Por Manuel J. Ibáñez Ferriol. Director de Contenidos Informativos Grupo ONDA3.

Los beneficios de la Dieta Mediterránea sobre la salud y su papel en la prevención de muchas enfermedades crónicas son hoy por hoy una evidencia científica. Y los alimentos de temporada, incluidos como protagonistas en nuestra dieta diaria, son la mejor forma de garantizar que nuestro organismo recibe regularmente los componentes imprescindibles.

Los alimentos de temporada, incluidos como protagonistas en nuestra dieta diaria, son la mejor forma de garantizar que nuestro organismo recibe regularmente los saludables componentes que aportan unos productos que justamente en esos momentos se encuentran en sus mejores condiciones de frescura y adecuación a la época del año.

Sin olvidar, además, que al consumir alimentos de temporada estamos contribuyendo activamente al mantenimiento de una agricultura sostenible y a la protección del medio ambiente.

En frutas, podemos escoger entre el Aguacate, Albaricoque, Ciruela, Frambuesa, Granada, Higo, Mango, Manzana, Melocotón, Melón, Membrillo, Nectarina, Paraguaya, Pera, Plátano, Sandía y Uva. En verduras y hortalizas, Ajo, Calabacín, Calabaza, Cebolla, Espinaca, Judía verde, Lechuga, Nabo, Pepino, Rábano, Remolacha, Tomate y Zanahoria. Entre los pescados y mariscos, son ideales consumir: Almejas, Anguila, Bogavante, Bonito, Buey de mar, Cabracho, Calamares, Camarón, Cigala, Centollo, Carpa, Fletán, Gamba gris, Jurel, Langosta roja, Langosta Roja, Langostinos, Liba, Mejillones, Mero, Nécora, Ostras, Palometa, Perca, Pez espada, Salmón, Sardina, Tiburón y Trucha. Para las carnes, Cerdo, Codorniz, Conejo, Gallina, Pollo, Ternera y Vaca.

Los beneficios de la Dieta Mediterránea sobre la salud y su papel en la prevención de muchas enfermedades crónicas son hoy por hoy una evidencia científica. Las comidas principales no pueden prescindir de tres elementos básicos: Cereales. Una o dos raciones por comida, en forma de pan, pasta, arroz, cuscús u otros. Deben ser preferentemente integrales ya que algunos nutrientes (magnesio, fósforo, etc.) y fibra se pueden perder en el procesado. Verduras. Deberían estar presentes tanto en la comida como en la cena, aproximadamente dos raciones en cada toma. Por lo menos una de ellas debe ser cruda. La variedad de colores y texturas aporta diversidad de antioxidantes y de sustancias protectoras. Frutas. Una o dos raciones por comida. Deben ser el postre habitual.

Se debe garantizar el aporte diario de entre 1,5 y 2 litros de agua. Son muy importantes los productos lácteos. Preferiblemente en forma de yogur y queso bajos en grasa. Su consumo debería ser moderado, en torno a dos raciones diarias. El aceite de oliva debería ser la principal fuente de grasa por su calidad nutricional. Se debe utilizar para aderezar y cocinar, una cucharada. Las especias, las hierbas, la cebolla y el ajo son una buena manera de introducir una variedad de aromas y sabores a los platos y una buena estrategia para reducir el uso de la sal. Las aceitunas, los frutos secos y las semillas son una buena fuente de grasas saludables, proteínas, vitaminas, minerales y fibra. Se recomienda un consumo moderado de vino u otras bebidas fermentadas.

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