Bankia pone a la venta el Valencia CF

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El derrotismo con que Amadeo Salvo abrió ayer la junta general del Valencia cobraría pleno sentido minutos después de su crudo discurso de presentación.

En pleno cónclave social, con los accionistas reunidos en el palacio de Congresos en torno al dilema entre la refinanciación o el cambio de propietario, Bankia decidió escenificar su ruptura de relaciones con el actual modelo de gestión y colgó del escudo del club el cartel de ‘Se vende’. Amadeo Salvo y Aurelio Martínez pedían tiempo para su plan económico, pero el reloj se les detuvo anoche, cuando la entidad financiera comunicó oficialmente que no ha recibido «ningún plan sostenible que permita la refinanciación» y declaró en venta el Valencia.

Lo efectuó en un primer momento a través de un portavoz pero luego hizo suyas las palabras el propio José Ignacio Goirigolzarri, presidente de Bankia, al afirmar en un acto público que la alternativa más viable «es la búsqueda de inversores».

La decisión, que cayó como una bomba en la junta de accionistas, se conoció poco después de que Amadeo Salvo recitara, punto por punto, recibido con aplausos desde el auditorio. El presidente volvió a tensar la cuerda y recordó que Bankia y la Generalitat «no pueden vender el Valencia porque no son los dueños del club», pero la réplica del banco, contundente, no tardó en ahogar sus palabras.

«Hace falta inversión para conseguir una solución global en el Valencia», indicó Bankia en referencia a la imposibilidad de disociar los problemas económicos del club (219 millones) y su Fundación (85,2). Acto seguido subrayó la necesidad de someter las ofertas a un ‘control de calidad’ que garantice la viabilidad del «proyecto deportivo, social y económico».

Y a este punto atribuye gran importancia el banco. La venta del Valencia es material sensible, como quedó de manifiesto anoche en la intervención de varios socios. Preocupa en qué manos caerá el club, y a disipar esas dudas se dedicará en las próximas horas Bankia. Por eso, además de anunciar que el objetivo es alcanzar un acuerdo «beneficioso para todos», garantizó que efectuará una venta responsable. No le queda otra, ya que se juega 219 millones de euros, dinero que le debe el Valencia y que una transacción fallida pondría en riesgo. Por tanto, no negociará con nadie que no garantice acabar el estadio, respetar las señas de identidad e incluso reforzar el primer equipo.

Llegados a este punto, toca hablar de plazos y nombres. Aunque Alberto Fabra, presidente de la Generalitat, especulaba anoche con que podría haber una solución para el Valencia antes del 31 de diciembre, el banco no se marca horizontes. Incluso augura un proceso relativamente lento, ya que quedan trámites como facilitar a los interesados la ‘due diligence’ hasta ahora embargada. La próxima dotación del préstamo de la Fundación, que asciende a 21 millones de euros, no ha de realizarse hasta el 27 de febrero de 2014, por lo que no es necesario anotar esas pérdidas que tiene que presentar para la cuenta de resultados de este año.

El proceso de selección del futuro dueño del Valencia lo asume KPMG. Aunque Bankia aseguraba ayer que en ningún momento ha encargado a la empresa auditora el mandato de encontrar comprador al paquete mayoritario, ya que se produciría un conflicto de intereses con la Fundación, la decisión es que esta firma afronte desde hoy la labor. Sus técnicos tienen mucho trabajo adelantado, pues llevan meses peinando el mercado en la infructuosa búsqueda de un inversor para el estadio y recibiendo a cambio propuestas por la propiedad. En definitiva, KPMG tenía permiso para escuchar y ahora pasa a la acción.

Las últimas maniobras de la cúpula del Valencia han ido encaminadas hacia este desenlace inmediato. Con el aval al borde de la suspensión -Bankia presentará sus alegaciones el próximo viernes, último día del plazo-, la decisión se antojaba inminente. El club, y ayer insistió Salvo en ello, se aferraba al acuerdo de refinanciación alcanzado con banco y Consell para el día en que volviera a tener vigencia el aval. Sin embargo, los responsables de riesgos ya habían comunicado que el actual clima de incertidumbre hace inviable aquel pacto.

Llegados a este punto, el Valencia se vio en la tesitura de forzar la máquina. Tras rechazar Bankia el plan económico de la Fundación, que garantizaba ingresos de 4,4 millones los tres primeros años, suficientes para pagar intereses pero no amortizar capital del principal, Salvo hizo un viaje desesperado a Madrid. Allí garantizó al banco que en verano será capaz de inyectar siete millones al máximo accionista, y puso sobre la mesa el acuerdo que prevé firmar en medio año con AEG, Sportfive o Legends por entre 200 y 300 millones para tentar al inversor que debería acabar el estadio. Bankia escuchó a Salvo pero -anoche se constató-no compró su idea.

Sorprendió al banco la subida de tono de Aurelio Martínez tras la última reunión del patronato, al acusar al acreedor de querer «quitarse el muerto», pero sobre todo la crudeza de las palabras de Amadeo Salvo en LAS PROVINCIAS, garantizando que Bankia no tiene potestad para vender el Valencia o buscar inversores en su nombre.

Ayer sólo mantenía su rebeldía el presidente del club. Su homólogo en la Fundación claudicaba tras el anuncio de Bankia y dejaba entrever el inminente adiós con reflexiones como «si todo está encarrilado poco podemos hacer nosotros aquí», «se acabó, en esta vida es bueno dimitir» o «lo único que hemos pedido es plazo, tiempo, y es lo que no nos han dado». Salvo, sin embargo, insistía en el tono del discurso con que abrió su alocución, recordando que Bankia puede ceder la deuda pero no vender el club. El banco, mientras, sigue su camino. Ejecutará la prenda de las acciones, cobrará lo que se le debe y huirá con el Consell del laberinto en que ambos quedaron atrapados en 2009.

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