La eslovaca Bled: entre castillos, paisajes y aguas termales

La localidad de Bled se encuentra a unos cincuenta kilómetros al norte de Liubliana, la capital de Eslovenia, territorio de la antigua Yugoslavia que obtuvo la independencia en el año 1991. Se accede a Bled, en el norte de Eslovenia, por la carretera E-61, que parte de Liubliana.

Bled es un pequeño pueblo con cerca de seis mil habitantes, destaca por la isla que emerge en el centro del lago. La vista del lago, con su isla, el campanario y los Alpes Julianos formando una muralla a su alrededor, hace que el visitante tenga la sensación de haber hallado un pequeño pero inigualable tesoro. La proximidad con Australia se detecta enseguida. El paisaje recuerda mucho el Tirol: praderas suaves, montañas coronadas de nieve, granjas con geranios en los balcones y pueblos alrededor de una iglesia con su campanario estilizado.

El núcleo urbano de Bled ha sido un destino turístico muy apreciado desde 1855, cuando se comprobó que el lugar era ideal para las curas de sol, aire y aguas termales y se fundó un sanatorio junto al lago. Hoy el municipio es un reconocido destino para esquiadores, excursionistas y amantes de las aguas termales. A pesar de conservar un aspecto elitista, Bled resulta asequible para el viajero europeo.

Los dos puntos de atracción obligada son la isla que hay en el centro del lago –con la Iglesia de Santa María de la Asunción- y el Castillo Medieval de Blejski, construido en un acantilado sobre el lago. A la isla se llega en unas barcas de madera, llamadas pletna, dando un paseo que suele despertar exclamaciones de admiración. Una vez allí, se sube una majestuosa escalinata de noventa y nueve escalones, que conduce hasta el conjunto barroco, en el que destaca la iglesia y la casa del Preboste y la del Capellán.

El lago se puede bordear andando, en un recorrido de unas dos horas, durante el que habrá que detenerse en el Castillo de Blejski. La visita a esa fortaleza también requiere energía para la ascensión, está vez a trevés de las estrechas escaleras y las empinadas callejuelas el barrio antiguo. A `pesar del esfuerzo, la subida hasta el castillo resulta muy agradable, pues a cada paso aparecen rincones sombreados donde descansar o, mejor aún, locales acogedores para tomar una buena cerveza eslovena.

El castillo data del siglo XI y hoy alberga un interesante museo que muestra mobiliario, armas y joyas de la Edad Media hasta el Barroco. En el recinto se puede visitar la capilla del siglo VXI y el patio de armas, donde en verano se organizan conciertos de música clásica y representaciones teatrales.

En Bled es muy recomendable dejarse tentar por los bosques de los alrededores y visitar alguno de los pueblos cercanos, en los que se conserva la tradicional vida de campo. O contemplar la belleza de las nieves perpetuas de los Alpes degustando la tarta típica eslovena de crema y nata en una terraza cercana a la orilla del lago. Volver a la paz de Bled después de dejarse impresionar por la naturaleza de los Alpes Julianos es un ejercicio saludable. Las elites europeas lo saben hace ciento cincuenta años. Aún merece la pena comprobarlo.

ESMASACTUAL|Manuel J. Ibáñez|Fotos:J.Furió

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