Campanar, paraíso de Valencia. Un lugar donde aún suenan campanas de recuerdos

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Por RAFAEL SOLAZ. Investigador, Periodista y Bibliófilo.
Campanar, en sus orígenes, estuvo formado por un conjunto de alquerías musulmanas antes de constituirse como nuevo núcleo de población tras la ocupación cristiana del siglo XIII.

En 1836 se constituyó en Ajuntament propio hasta 1897 que pasó a anexionarse a la capital. En 1912 se construyó la pasarela sobre el cauce del río Turia, facilitando una comunicación más directa con la ciudad.

Por su rica producción agrícola llegó a llamarse La Alegría de la Huerta, un lugar en el que, tras los árboles y las casas que cerraban el horizonte, asomaba el sol que impulsaba la humilde vida agrícola ajena a su destino. En aquel paraíso, hacia el sur, se encontraban las casas de Ambrosio de Peluca, de Agustín Ricós, de Cabrelles, las alquerías de Benito y de Coletá, antes de pasar a la plácida partida del Pouet (frente al hospital Nou d’Octubre), el molino de San Pablo o las alquerías de Caparretes, Navarro, Burgos, haciendo frontera al antiguo cauce. Hacia el norte y desde el camino del Molino de la Marquesa, las casas de la Rocha, la Cremá, Romera, Xisto, y Xelá. Hacia el oeste, junto al cementerio, la barraca del Volante, las alquerías del Roch o del Curret y la senda que conducía al Molino del Sol. Otras alquerías del camino del Pouet: Barberá, Bandera, Torrijos, del Foraster, Martí, Roig de Puchades, Paco Ricós, casas de Victoria, Copeta, el Palmiter o la barraca de Lenya pegada al molino del Conde, todo bañado por las acequias de Mestalla, Rascanya, del Valle o de Petra.

Se trazó el Nuevo Acceso a Ademuz, actual avenida de Les Corts Valencianes, que partiría en dos el lugar. Surgió el barrio del Calvario, junto al Huerto de Miguel, la Casita Blanca, Casa Peporro y, hacia el sur, el Patronato de la Juventud Obrera y la partida de San Pablo. Actualmente las barriadas de El Calvari y de Sant Pau, junto la mítica de les Tendetes completan el distrito. A partir de los años 90 Campanar experimentaría un gran desarrollo urbanístico y el antiguo pueblo fue prácticamente engullido por las nuevas construcciones.

Sobre la Ciudad Sanitaria La Fe, el Grupo Escolar San Francisco Javier (después Conselleria de Cultura), la Estación Central de Autobuses, los nuevos centros comerciales o las modernas edificaciones de la vertiginosa avenida de Les Corts Valencianes, con su Palacio de Congresos, todavía suenan los ecos del Campanar de antaño, un barrio transformado por el movimiento que golpea las campanas del progreso.

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