Cómo conseguir que nuestras ideas enamoren

Por IBIZA MELIAN. Comunicadora

 

Nunca te ha ocurrido, después de escuchar a un político en la televisión hablando durante largo rato, preguntarte: “¿qué dijo?” Sinceramente, a mi me pasa continuamente. Y el motivo por el que no calan en la ciudadanía sus ideas puede deberse a múltiples factores.

Una parte de la población defiende que nuestros gobernantes son unos ineptos, la verdad es que algunos hacen méritos para ganarse a pulso el apelativo; otros, que son unos egoístas y que sólo piensan en ellos. Terminando por rendirse casi todos, ante la triste realidad, de que es imposible que logren dar con la solución a sus padeceres.

Mientras, estos cargos públicos para arreglarlo se tiran los trastos a la cabeza, en vez de buscar la razón por la que sus mensajes no se entienden, se recuerdan y propagan. Creyendo que el electorado es tonto e incapaz de discernir por sí mismo. Agrandando con ello, aún más si cabe, la brecha entre administradores y administrados.

Quizás el quiz de la cuestión radique en el hecho de que al adolecer de la formación suficiente sobre la materia que van a tratar parezca su alocución hueca y vacía. Incluso para disimular llegan a memorizar tres palabras básicas de esa asignatura, utilizándolas continuamente como muletillas. Sin embargo, si no existen preceptos coherentes que las hilvanen, el resultado es igualmente malo.

Nuestros postulados han de ser claros y sencillos; concretos; sumamente creíbles, ya que las mentiras siempre acaban destapándose; haciendo uso de la sorpresa y la emotividad; narrados a modo de historias. En sí la palabra es un don a trabajar por cualquier dirigente que se precie. Si no sabes comunicar a los demás tus creencias, ¿cómo pretendes que las asimilen y compartan? Y la imposición en pleno siglo XXI está descartada, ensañándonos la experiencia que cuando te obligan a hacer algo que para ti carece de sentido, nuestra reacción es automáticamente de rechazo.

En definitiva, necesitamos despertar el interés del oyente. Requerimos de un discurso que salga del montón, cual único y excepcional. Que enamore nada más oírlo. Que despierte nuestros sentidos e instintos. Que nos ilusione su melodía, haciéndonos soñar con que tal vez juntos conquistemos un mañana distinto. Pues será a partir de ahí, cuando nuestros pensamientos sean divulgadas viralmente a través de la suma de esfuerzos.

Estamos cansados de seres grises y anodinos, que aburren hasta el hartazgo, y que no inspiran ni confianza, ni el más mínimo ápice de espíritu hacia la lucha. ¿Y así cómo pretendemos avanzar? Desencadenando la cohabitación exclusiva entre la desidia y la apatía de los españoles, actitudes en las  que cada día nos reafirman más.

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