¿Cómo hablar y cómo reaccionar ante el acoso escolar?

  El acoso escolar es un tema difícil de tratar. Generalmente preferiríamos no tener que hablar de un asunto así con nuestros hijos o nuestras hijas. Pero, para no tener que enfrentarnos a ese problema o para reaccionar de forma adecuada si se produce, lo mejor es informarse bien y hablarlo con ellos, señalando los puntos indispensables.¿Qué es el acoso escolar? Lo mejor es estar bien informados sobre un tema antes de tratarlo con nuestros hijos. ¿Cómo se manifiesta el acoso escolar? En los adolescentes, a menudo es cuestión de dinero. En los menores de 10 años, suele tratarse de “tráfico” de objetos (juguetes, cromos coleccionables…) y de una presión moral en nombre de la amistad: “Si no me lo das, dejaré de ser tu amigo”. Los niños más vulnerables o que tienen más problemas para hacer amigos, obedecen al chantaje para poder permanecer en el grupo.

¿Acosado o acosador? ¿Nuestro hijo tiene más probabilidades que otros de sufrir acoso escolar? Observadle y estudiad su temperamento. Cuanto más nervioso, inhibido, influenciable e inseguro es un niño, más riesgo corre de ser sometido a presión, de que lo engatuse otro niño manipulador y jefe de una pandilla. Y, al contrario, ¿podría sumarse al clan de los acosadores? Los padres podemos sentirnos muy impotentes al enterarnos de que nuestro hijo ha chantajeado a otros. El niño que acosa, es un niño que no se siente a gusto consigo mismo. Es un síntoma de problemas relacionales y, a veces, de un rechazo a las normas de autoridad. También él necesita ayuda.

No hay que temer a las palabras. En el acoso escolar es fundamental poner nombre a los comportamientos y a las emociones en juego: miedo, vergüenza, víctima, justicia. Hay que decir claramente a los niños que, a menudo, la vergüenza y el miedo impiden hablar. Aún siendo víctima, el niño chantajeado se siente culpable de no haber tenido fuerza para defenderse y haber cedido a la presión. Pero cuando un niño ha sido chantajeado, es una víctima y tiene que haber una “reparación”. Los niños son sensibles a la noción de justicia. Hay que recordarles que la ley no permite el acoso y que deben pedir ayuda a los adultos que están ahí para que se respeten las reglas. Sophie Coucharrière y Valérie Giaccone-Marcesche.

¿Qué señales nos alertan del acoso escolar? ¿Qué hacer y qué decir el día en que sospechamos que nuestro hijo es víctima de un chantaje o que chantajea a sus compañeros? ¿Cómo no intervenir cuando observamos determinadas señales? Señales de alerta: En un niño que no cuenta nada, se pueden observar ciertos síntomas: repliegue sobre sí mismo, rechazo escolar tajante, crisis de llanto o falta de apetito. Otros niños, a veces, hablan con medias palabras o a través de un “amigo” imaginario al que “le ha ocurrido una cosa rara”. Son como piedrecitas que el niño atemorizado deja en el camino y que merecen toda nuestra atención. ¿Y en un niño acosador? La acumulación de objetos nuevos en casa (y casi siempre hay un amigo con una historia que lo explica todo), puede ponernos sobre aviso. En todo caso, hay que llevar mucho cuidado para no precipitarnos con las señales externas que “nos hacen creer que…”. Estar atentos. Sea cual sea la posición del niño –acosador o acosado-, es preferible evitar bombardearle a preguntas y actuar demasiado rápido. Es mejor dedicar un tiempo a devolver la confianza al niño, asegurándole que no lo van a juzgar por lo que ha pasado, por ejemplo. Solo la confianza puede empujarlo a hablar. Si estamos atentos, podrá expresar todo lo que siente. De hecho, es el momento de dejar nuestras propias emociones de lado para comprender hasta qué punto el niño se ha sentido conmocionado por esa experiencia. Así, luego podremos reaccionar adaptándonos a su percepción subjetiva. Ayudarle a coger confianza. Cuando sentimos que nuestro hijo está amenazado, lo más difícil es resistir a la tentación de sobreprotegerlo. Sin embargo, la mejor manera de apoyarlo es precisamente ayudándole a afirmarse, enseñándole a decir no. Es muy importante que el niño no se encierre en el papel de “víctima”. En la vida cotidiana, podemos ayudarle a salir de su encierro confiándole responsabilidades en casa, animándole a que dé su opinión en la mesa o a resistir a la presión de un hermano o una hermana mayor. Puede que también necesite adquirir seguridad física (los más frágiles suelen ser víctimas propiciatorias). Si le apetece, podéis apuntarlo a un gimnasio, a judo o a taekwondo. Sophie Coucharrière y Valérie Giaccone-Marcesche.

 

VLCRADIO | A fondo | Javier Furió

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