Con cierta acritud respondo a los Indignados Valencianos

Por Manuel Juan Ibáñez Ferriol.

Vuelven de nuevo a querer ser noticia. Y todo ser humano tiene derecho a gozar de al menos tres segundos de gloria informativa. Es lo que los estudiosos de la comunicación consideran como la satisfacción del ego individual, al cometer una acción, ya se espontánea o predeterminada. La indignación es sinónima de la ira, el enfado, enojo, rabieta, etc. Se considera a la ira como una manipulación subjetiva, propia de individuos que tienen alteraciones psicosomáticas, ya sea por el consumo de substancias alucinógenas o producto de algún medicamento “que inhibe de la realidad”.

Algunos ven la ira como parte de la respuesta cerebral de atacar o huir una amenaza o daño percibidos. La ira se vuelve el sentimiento predominante en el comportamiento, cognitivamente, y fisiológicamente cuando una persona hace la decisión consciente de tomar acción para detener inmediatamente el comportamiento amenazante de otra fuerza externa. Humanos y animales no-humanos por ejemplo hacen fuertes sonidos, intentan verse físicamente más, mostrar los dientes, y mirarse fijamente.

Son reacciones extrasensoriales, que nos permiten subyugarnos de la realidad, no deseando hacerle frente, sino que, el iracundo, arremete contra todo lo que tiene delante, porque no es dueño de sus actos, a veces muy primitivos, motivados siempre, por la nula visión de la realidad, que sólo la ven como su verdad, porque nada en este mundo “es verdad o es mentira, sólo las cosas son del color del cristal con que se miran”. Por tanto, al no ser conscientes de los actos que deciden emprender, es la fuerza de la masa, la que anima al grupo, a cometer determinados actos vandálicos. La ira puede movilizar recursos psicológicos para una acción correctiva. La ira incontrolada puede, sin embargo, afectar negativamente personal o socialmente la calidad de vida.

La ira es vista como una forma de reacción y respuesta de evolución para permitir a la gente enfrentarse con amenazas. Analicemos lo que nos dicela Historia.Potencialmente, la ira puede movilizar recursos psicológicos y determinación para impulsar la corrección de conductas equivocadas, la promoción de justicia social, la comunicación de los sentimientos negativos y la reparación de agravios. Asimismo, puede facilitar la paciencia. Por otro lado, la ira puede ser destructiva cuando no encuentra su salida apropiada en la expresión. La ira, en su forma fuerte, disminuye la capacidad para procesar información y para ejercer control cognitivo de la conducta. Una persona enfadada puede perder su objetividad, la empatía, la prudencia o la consideración y puede causar daño a otros.

En la sociedad moderna, la ira es vista como una respuesta inmadura o incivilizada a la frustración, la amenaza, violación o pérdida. Por el contrario, mantener la calma ante una provocación se considera admirable. Quizás nuestra sociedad, lleva todo un cúmulo de vivencias violentas, que provocan en el ser humano, reacciones adversas, llegando hasta los estadios de la depresión, razón por la cual, necesita cargar su “ira contenida” contra todo lo que se le pone por delante. Si es un monumento, una escultura por ejemplo, su ser indignado, le llevará a arrancarle la cabeza o a mutilarle otras partes visibles del cuerpo. La ira puede avivar las llamas de la paranoia y el prejuicio, incluso en condiciones normales y situaciones cotidianas. Se encuentra con un “espectáculo pirotécnico” y no se para a pensar en la belleza del mismo o el intenso aroma a pólvora, que suele engancharnos a los valencianos particularmente. Su reacción es: lo destruyo, porque mi ser violento, mi “particular ira”, me está provocando un estado ansiolítico, y me resulta muy cómodo, fácil, sencillo o simple, destrozar el trabajo de un equipo de personas, sólo por el mero placer de sentirme indignado. ¿Se ha pensado en la reacción indignada de la persona que va a realizar su trabajo, y por culpa del salvajismo de unos, se ve truncada su oportunidad laboral?

Si yo tuviera que tomar esta actitud de arremeter contra todo lo que se me pone por delante, no quedaría ya ciudad, provincia, autonomía ni estado. Pero mi ser racional, unido a mi espiritualidad, me dice que tener una actitud como ésta, sólo nos llevaría a la destrucción masiva de la sociedad en la que vivo. La gente tiende a expresar su ira pasiva o agresiva a través del comportamiento de atacar o huir. En la pasiva “de huida”, la respuesta es la represión y la negación de la interrogación. Sin embargo, el comportamiento agresivo está asociado con la respuesta de “atacar”, así como el uso de la fuerza física y verbal de la ira, a los abusos y herir a otros.

Si volvemos nuestros ojos sobre el pensamiento iracundo en las religiones, para los católicos es uno de los siete pecados capitales del ser humano. Puede ser que la ira contra los demás, plasmada mediante el asesinato, o ira contra uno mismo, ejecutada mediante el suicidio. De ambas formas es condenada por el catolicismo, ya que el castigo ha de dejarse en manos de Dios. En la Divina comedia de Dante Alighieri ocupan el séptimo círculo del infierno, vigilado por el Minotauro y dividido por tres círculos llenos de piedra y rodeados por un gran río de sangre.

A partir de este espacio cada círculo empieza a tener divisiones que albergan una pena en particular, por ejemplo los espíritus malditos que están divididos en tres: los violentos, los injuriosos y los usureros. Primer recinto del séptimo círculo: Los violentos. Su suplicio: el Minotauro. El centauro Neso pasa a Dante a través del Flegetón. Segundo recinto del séptimo círculo: Los violentos contra sí mismos: los suicidas, los disipadores. Tercer recinto del séptimo círculo: Los violentos contra Dios, contra la naturaleza y contra la Sociedad. Enel Purgatorio ocupan la tercera repisa. En el Islam, la ira se considera como muestra de debilidad. Mahoma dice: “El fuerte no es el que supera gente por su fuerza, sino que fuerte es el que se controla mientras que sufre de ira.”. En el budismo se define como: “ser incapaz de soportar el objeto o la intención de causar daño al objeto”. Se considera como una aversión con una exageración más fuerte, y se enumera como uno de los cinco obstáculos. Y en el hinduismo, los objetos de ira se perciben como obstáculo para la satisfacción de los deseos de la persona enojada.

Son ejemplos claros, de que la ira y la indignación, no nos llevan a ninguna situación positiva. Al final del siglo XIX, Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, argumentó que los individuos nacen con un innato sentido del amor, pero que la ira y la hostilidad llegan cuando la necesidad de amor no es satisfecha o es frustrada. Si una persona, ha sido amada, y ella misma, se ama, nunca podrá dar a la sociedad actos de ira o violencia. Muy al contrario. La persona que experimenta el amor humano, que emana de la fuente del amor Divino, nunca podrá responder a la sociedad con indignación o violencia. Su ser “amado”, le provocará “pensamiento, raciocinio, entendimiento” irradiando actitudes pacíficas.

Por eso hoy, cuando he sentido “ira” hacia aquellos que han provocado un ataque vandálico contra un evento festivo, he procurado contenerme, y no permitir que en mi escrito, se pueda reflejar un atisbo de “indignación incontrolada”. Todo lo contrario. He querido aportar mi pequeño granito de arena, a favor de la empresaria pirotécnica, que muy acertadamente, ha declarado que podía haber sucedido una desgracia bastante dolorosa para todos, al haber actuado de forma violenta e incontrolada, porque el movimiento “democracia ya”, no tuvo mas ganas, que arremeter contra un espectáculo, lleno de belleza, pero también con los peligros propios de la pirotecnia.

Quiero dejar para el final del artículo, mi admiración por Reyes Martí. Y por supuesto mi apoyo totalmente incondicional. Me uno a su “pausada indignación”, porque somos muchos, los que estamos ya hartos de las actitudes violentas de estos que tanto les gusta “indignarse”.

 

 

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