Costumbres de la Huerta Valenciana

DSC05701

Por MANUEL GARCIA PARDO. Presidente de L’Associacio Cultural L’Horta. 

La Huerta Valenciana, es un lujo lleno de pasado, presente y espero que de futuro. Siento por ella un especial afecto e intuyo la enorme riqueza que generosamente tiene para ofrecer en muchos aspectos. Se que si ella no estuviera, yo no me sentiría igual en esta ciudad.

El valenciano de la huerta tiene su alma abierta al arte y siente la belleza con más intensidad que los campesinos de otras regiones. Influyen en ésto la facilidad y abundancia de su existencia sobre una tierra fértil, sin crudezas de clima. De jóven es poeta e improvisa versos acompañado por la dulzaina, al cantar las alboradas o albaes, ante la ventana de la mujer amada. Tiene un teatro tradicional y grotesco, el Ball de Torrent, que arma su tablado en las plazas de los pueblos o entre dos barracas, como en los tiempos primitivos de la literatura dramática. Conserva la gallardía del árabe, cuando de un salto, monta por el anca la jaca en pelo, para correr la joya.

Las modernas costumbres han modificado su traje, afeándolo; pero durante tres siglos ha sido el único agricultor del mundo que vestia de seda. Las faldas de las labradoras, bordadas de ricos estampados con rosas y claveles como las casullas, adornano hoy planos y sillas en los salones elegantes.  La mujer valenciana no ha trabajado nunca la tierra. El labrador se deshonraría ante sus convecinos si obligase a la hembra a realizar otro trabajo que no fuera la conservación de la barraca blanca y limpia. Mientras en el resto de España, las campesinas vestían percales, bayetas o estameñas, la valenciana, paseaba entre los rosales de su barraca, en los días de fiesta, con alta peineta de oro, grandes racimos de perlas pendientes de las orejas hasta tocar la pañoleta de blonda de los hombros, falda de brocado con flores y medias de seda.

Cada barraca ocultaba en sus arcones del estudi, un pequeño tesoro: arracades de perlas, agujas de esmeraldas para el rodete y broches de diamantes para el pañuelo de pecho. Lo que ganaba el hombre cultivando la tierra, era para adornar a la mujer, que muestra sobre él superioridad intelectual y cuyos consejos sigue ciegamente.

Esta Valencia Huertana, muestra su rica indumentaria en sus fiestas tradicionales, siendo de una elegancia aristocrática sin parangón. Su baile era la Chaquera Vella, un minueto que parece de Mozart: y a la sombra de la parra, entre el ganganeo de las dulzainas y el murmullo de la acequia, hombres y mujeres, danzaban señorialmente, saludándose con rococa gravedad, sin que el mozo antes de casarse conociera otro contacto de su futura esposa que el de las puntas de los dedos.

Estas estampas siguen muy vivas hoy en dia gracias al carácter del valenciano que siente y ama sus tradiciones y que mediante diferentes fiestas y entidades culturales las muestra al mundo con gran orgullo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *