El curioso ‘dopaje’ tecnológico en el ciclismo

A comienzos de 2016, el interior de la bicicleta de ciclocrós de Femke Van den Driessche confirmó el rumor: había dopaje tecnológico. La historia de esta belga de 19 años y su positivo por fraude tecnológico en el mundial de Zolder (Bélgica) destapaba prácticas de las que se sospechaba desde hacía un lustro. Motores insertados en los cuadros y ruedas electromagnéticas son la nueva amenaza para un deporte siempre en el límite del reglamento y que celebra ahora una de sus grandes citas: el Tour de Francia.

Bicicletas-dopadas

El motor eléctrico, sencillo y efectivo

Un sistema calificado por Míster X como “antiguo y artesano” es el motor eléctrico, que se oculta dentro de la barra vertical, bajo el sillín, conectado a una batería de litio oculta en la botella de bebidas.

La energía eléctrica generada por este sistema silencioso e invisible se trasmite al eje del pedalier mediante un cigüeñal en mitad de los piñones de la bicicleta. El dispositivo se acciona mediante Bluetooth al pulsar un botón en el manillar, y aporta de 50 a 500 vatios más de potencia al ciclista por unos 20.000 euros.

Su autor dice haber vendido en Italia solo en el último año 1.200 aparatos. “Me río cuando veo las clasificaciones de las grandes vueltas”, afirma la fuente de Ghisalberti. La diferencia entre un gregario y un campeón reducida a 600 gramos de tecnología anticuada.

Un sistema similar al descrito, el detectado por la UCI en la bici de la ciclista belga, se puede encontrar en el mercado legal. La compañía austriaca Vivax ofrece un motor de menos de 22 centímetros de largo y unos 31 milímetros de diámetro, con 200 vatios de potencia por 2.700 euros.

Tecnología importada de la Fórmula 1

Typhoon bicycles es otra empresa dedicada al desarrollo de bicis eléctricas. Harry Gibbins, su director, que colabora con la UCI en la investigación contra el fraude tecnológico, explica a Sinc cómo su patente E-assist “dispone de tres niveles de asistencia con 60, 130 y hasta 250 vatios, con una autonomía de entre 60 y 90 minutos, dependiendo del pedaleo del usuario”.

Gibbins presume de sus bicis con cuadros de fibra de carbono italianos diseñados por ingenieros que trabajaron para la escudería Jordan de Fórmula 1. Además, señala que su sistema de propulsión “no entraría en el cuadro de una bicicleta de competición, puesto que nuestro pedalier requiere de un diámetro más ancho”.

Fuente: SINC

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