De casta a casta

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Por JAVIER FURIO GÓMEZ. Director Tecnológico del Grupo Jota+Jota.

Ciertamente, desde que, aupado por determinados medios de comunicación, el fenómeno Podemos apareciera de entre la nada como el nuevo salvador de la Patria, el penetrante olor a populismo de la más insultante clase llegó a mis ya adiestradas ‘fosas nasales’.

Haber pasado de puntillas por los últimos años del franquismo, crecer con los mitos y leyendas de la ‘Cruzada’ contra el comunismo, para después zambullirme en el mensaje de esperanza de la Democracia por la gracia de don Adolfo Suárez, vivir el Cambio con mayúsculas de don Felipe González -que pasó en menos de un año de aborrecer la OTAN a tildarla de indispensable-, el “España va bien” de Aznar que cristalizara en la famosa foto de Las Azores, la crisis que no era del ‘buenista’ de Zapatero, y ahora el plasma tras el que se esconde Mariano Rajoy, debe haber ayudado a no creerme al primero que promete ‘justo’ lo que estoy esperando escuchar. Son ya muchos cantos de sirena, con o sin coleta.
El término “casta”, al que Pablo Iglesias acude para definir a toda una generación de políticos que, independientemente del color, las siglas o incluso el ámbito o cobertura de sus competencias, viven por y para el enriquecimiento personal, ha cambiado poco desde el franquismo hasta aquí. Solo han cambiado las formas y los procesos.
“Estos parece que vienen con otros mimbres”, se decía la gente de amueblada cabeza. Y en algunos casos, el de algún amigo con muy buen criterio, gran capacidad de diálogo valiente y un gran sentido de la política, esa frase se acompañó con una inmersión en las bases del movimiento violeta. Y acabó saliendo por piernas al encontrarse con más de lo mismo.
Pero he aquí que para poder contarlo, no necesitaré desenmascarar a mi amigo. Todavía no hemos llegado al primer trimestre con los acólitos de Podemos en las instituciones más mediáticas del país, y ‘el lobo’ ya enseña ‘sus orejas’.
Así, en Barcelona ya tenemos al marido de la señora Ada Colau cómodamente instalado en los despachos del poder condal dicen, que porque “ha hecho un gran trabajo en el partido” y no por ser el cónyuge de quien es.
En Madrid, Carmena lleva un auténtico rosario de titulares. La cadena de ‘tweets’ de Zapata, de una calidad y contenido tales análogos a los que han colocado a varios ‘angelitos’ a la sombra unos cuantos años -destacaban de forma especial los ‘deliciosos piropos’ dedicados a personas de tan arraigado activismo como Irene Villa o las malogradas niñas de Alcácer-, ha sido solo el primero de una serie de acontecimientos penosos de los que todavía no se ha escrito, me temo, el último capítulo. La ex jueza Carmena ha tenido que mover hilos para librar a su portavoz municipal, la jovencita que entrara a tropel con sus amiguitos al grito de “os haremos lo del 36” en la capilla de la Universidad Complutense. Y lo ha hecho bien.
El paso de “no queremos imputados en nuestras filas” a “no queremos imputados POR DELITOS DE CORRUPCIÓN en nuestras filas”, ha sido también fascinante. Pero como el otro partido de éxito en ascenso, Ciudadanos, ha repetido la hazaña en la Comunidad Valenciana, la cosa ha quedado casi sublimada por el ambiente general de “el último que pague” en el que vivimos.
El siguiente escalón fue el sobrino del marido de la hermana de la prima de Carmena, bien aposentado también, al estilo Ada Colau, en despacho con aire acondicionado y mejores vistas que muchos de los pisos de los que han sido desahuciados no pocos ciudadanos en la Comunidad de Madrid. Que por cierto, siguen en la calle, y siguen aumentando en número. “No se puede evitar” ha tenido que claudicar Carmena. 6 a 0 y Zamora de portero.
Pero he aquí que se asoman las Generales por la puerta, y el aparato político de Iglesias comienza a mover las piezas justas y necesarias, a la vista de la aparición de grupúsculos cada vez mayores de desencantados y descontentos con lo que están viendo, y dan a luz un sistema de primarias en Podemos que beneficie claramente a su propia candidatura en detrimento de las alternativas que puedan surgir. Y Teresa Rodríguez le afea el gesto en un legítimo ejercicio de libertad de conciencia, el mismo que el propio Iglesias preconiza.
Y Pablo se da la vuelta haciendo bueno aquello de “pelillos a la mar” o “a otra cosa mariposa” y entre vuelos de Air Nostrum -que son muy buenos chicos y le esperan cuando hay que ganarse el pan en Bruselas- se lanza a la campaña en favor dicen que de Grecia, para hacerse la foto con el que, en ese momento, se erigía en héroe de media Europa y azote de la otra media, Alexis Tsipras, que parecía estar haciéndole un órdago a la grande a Merkel. Mentira. Un domingo se llevaba a todo el país heleno de urnas para darle un perfecto NO a la troika -a la salud por cierto de los jubilados de 47 años que cobraban ya sus pensiones- y cuatro días después votaba lo contrario en su Parlamento. Ni Felipe González fue tan rápido con lo de la OTAN.
Y Pablo, con tono mucho más humilde que de costumbre, casi con un susurro, suelta una explicación con menos credibilidad que el “lo siento mucho” del cazaelefantes regio en su día. “Alexis y yo -le faltó decir, que bailamos juntos el sirtaki día sí, día también- no queríamos el acuerdo con Europa, pero era eso o salir del euro”. Toma castaña o, como dicen ahora nuestros muchachos: Zas! Entolaboca! ¿Ahora salir del euro sí es una catástrofe? Habría que releer las proclamas al respecto del propio Iglesias hace apenas unos meses, en cualquiera de los actos en recuerdo del ‘divino’ Chávez en los que ha participado junto a su inseparable -ahora un poco menos- Juan Carlos Monedero Errejón, esa ex novia que en la vida iba a pasarse a Podemos -cómo lo cambia todo el tiempo-, etc.
Mientras tanto, Carmena cae en la cuenta, en el Palacio de Cibeles, que la prensa que en su día ayudaba tanto, le está cavando la tumba política a cada día que pasa. Y su sesudo gabinete de sabios le aconseja parir una web en la que pueda desmentir a los ‘sediciosos’ medios de comunicación, pero sin que nadie pueda opinar al respecto del desmentido. “No se permiten comentarios” es una frase que los blogs tipo WordPress muestran cuando se desactiva la posibilidad de enviar comentarios, pero en la web en Versión Original de Madrid, cobra un significado como nunca en la vida. Paradójico final de un movimiento nacido de las bonanzas de las redes sociales y el 2.0.
Y acabamos nuestro repaso con la aparición de Ahora, primer intento de organización entre los ya claramente disidentes de Podemos, descubierto el pastel y el engaño. La medida de lo que ocurre cuando se intenta vender el oso antes de matarlo.
El problema de concentrar el descontento de todo un país con el sistema que lo ha metido en un pozo sin fondo -cada año se retrasa un poco más la hipotética salida de la pertinaz crisis y cada vez se cree menos-, es qué se hace ahora con el ambiente de desquicio, de auténtica desesperación, de una parte cada vez más numerosa de españoles. No se me despinta un hecho: De una sociedad deprimida, desesperada y hundida, salió el dictador más salvaje que ha conocido la historia, Hitler. Y del primer impulso de libertad del pueblo español en las Cortes de Cádiz, 1812, se derivó en la entrada de los ‘Cien mil hijos de San Luis’, que volvieron escoltando al infame Fernando VII, cuando apenas un lustro antes habían salido de nuestro país pies en polvorosa, expulsados por ese mismo pueblo. Sólo se me ocurre un deseo en ambos referentes: “Que no nos la vuelvan a colar”.
La desintegración del fenómeno Podemos, tan rápido como apareció, es un hecho que solo el artilugio mediático que lo aupó puede evitar. Podemos puede haberle hecho a Mariano Rajoy la mejor de las campañas electorales que se recuerdan, si no viene La Sexta y medios afines al rescate. La duda es: ¿Serán el ejército mediático y la anestesia del mes de agosto suficientes para devolver a Podemos al camino del éxito? Los tiempos que vienen son un auténtico misterio…, con permiso del Fürher de IV Reich, Ángela Merkel.
* Artículo completo del publicado en ONDA3-MAGAZINE núm. 21 de Julio-Agosto de 2015.

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