Policías identificados

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Por Enrique Arias Vega. Columnista. 

Una de las imágenes más chocantes del desalojo de los okupas barceloneses del Banc Expropiat es la visibilidad del número identificativo de los policías en su uniforme.

Se trata, al parecer, de una medida protectora de los derechos ciudadanos, por si algún agente de seguridad se excede en su labor de restauración del orden. De esa manera, no sólo sus mandos, sino también los jueces, los medios de comunicación y hasta los propios manifestantes sabrán de inmediato de quién se trata, con lo que la moderación policial —y no sé si hasta su inhibición— estaría garantizada.

A quienes hemos vivido y sufrido bajo el franquismo, esas imágenes nos sorprenden doblemente, no sólo por la impunidad de que gozaban los famosos grises durante la represión de las manifestaciones ilegales —entonces, todas lo eran—, sino por la autoridad omnímoda atribuida a cualquier guardia de la porra, como se denominaba al nivel más bajo del escalafón policial. En aquella época, un agente podía, por sus santas narices, detener a cualquiera, donde fuera, sin tener que dar explicación alguna.

Por suerte, ahora vivimos en una sociedad donde todos los derechos están asegurados, aunque algunos beneficiarios de ellos no se lo crean. Tanto es así, que quienes peor lo tienen son los encargados de velar por esos derechos, como sucede con las fuerzas del orden, por ejemplo. ¿Por qué, si ellas se identifican, no hacen lo mismo los manifestantes? De esa manera, si estos últimos se excediesen, también podría aplicárseles fácilmente la sanción pertinente, sin implicar en ellas a otras personas inocentes que se viesen involucradas por su posible violencia.

Sé que esto no es lo guay, ni lo políticamente correcto, ni siquiera lo valiente. Si alguien que protesta cree honestamente en lo que hace, no veo ningún inconveniente en que dé la cara, en vez de embozarse para que no le identifiquen. Pero, claro, reconozco que uno es un antiguo, con otra escala de valores, que cuando se manifestaba durante el franquismo lo hacía a cara descubierta.

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