Día Internacional de Charles Darwin

12193771_507953969372645_9155742069089660460_n

Por JOSE APARICIO PEREZ. Acádemico Numerario de la RACV. Miembro de la Cofradía de Investigadores Cristianos de Toledo.

3.800 millones de años de evolución biológica.

Hace 4.500 millones de años se formó la Tierra. 800 millones de años más tarde, hecha la luz, la tierra, el aire y el agua comenzó la gran aventura biológica aquí que culminó con la aparición, al “sexto día”, de los seres humanos, hombres y mujeres, obra suprema de la Creación.

Decimos aquí porque cada vez, a medida que avanza nuestro conocimiento del Cosmos, se arraiga y extiende más la idea de que no estamos solos en el Universo e, incluso, en que no existe el uni-verso sino otros universos, lo que complica más la situación y da argumentos a los agnósticos recalcitrantes, si es que queda alguno tras los grandes avances de la ciencia y la investigación.

Las posiciones encontradas entre creacionistas y evolucionistas son, sin embargo, más aparentes y formales que esenciales y a poco que recapacitemos sobre ello lo veremos.

Hace 156 años se publicó la obra del geólogo, Richard Darwin, sobre la Evolución de las Especies, tratado de pura biología que se apoyaba mucho sobre geología.

De nada hubiera servido recomendarle a Darwin que estudiara el Génesis, porque debía conocerlo a la perfección dada su juvenil orientación eclesiástica y, por lo tanto, sabía que contiene, perfectamente condensado, todo el proceso evolutivo que él esbozó y que la investigación posterior ha ido perfeccionando. Los creacionistas deben aceptarlo así también y los evolucionistas que la perciben como producto de la ciega casualidad, que se divierten lanzando mensajes ateos en la grupa y en los costados de autobuses callejeros, siguiendo las consignas de Hawkins e intentando desmoralizar a los creyentes, debieran ocupar su tiempo en actos más relevantes y menos inútiles; la fe y la esperanza son el sostén vital de gran parte de la Humanidad, tanto de sabios como ellos como de menos sabios porque, a fin de cuentas, los argumentos negativos no suelen aceptarlos los verdaderos científicos y mucho menos cuando son inexistentes. El sectarismo, por el contrario, es el principal enemigo de la Ciencia y de los investigadores.

Darwin no escribió sobre los seres humanos, hubiera sido muy arriesgado entonces, pero, aun así, la polémica se concentró sobre ello y la lucha fue enconada. Tampoco partió de la nada, en realidad tuvo el acierto de estructurar de manera inteligible un estado de opinión al más alto nivel científico, que habían desarrollado investigadores anteriores y en lo que estaban trabajando otros en aquel momento; supo también apoyarlo en los múltiples datos y ejemplos que había ido recopilando a lo largo de los cuatro años que pasó en el Beagle dando la vuelta al mundo.

Para los que, como creyentes, aceptamos el relato bíblico y, que, naturalmente, como no podía ser de otra manera, creemos ciegamente en la ciencia y en la investigación, tanto por la Razón como porque es un mandato divino; los seres humanos hechos a imagen y semejanza de Dios y obligados a acercarnos a Él mediante el estudio y el conocimiento; el camino que ha conducido a la culminación del proceso creacionista y evolutivo por lo tanto no nos preocupa, simplemente debe ocupar a geólogos, biólogos, teólogos, filósofos y, especialmente, a antropólogos y arqueólogos.

El proceso evolutivo se ha comparado a una cadena en la que cada eslabón es una fase de todo el largo proceso, fases perfectamente engarzadas. Cuando falta un eslabón la cadena se corta, se interrumpe, pero ahí insiste el estudio y la investigación y, más pronto o más tarde, el eslabón aparecerá y la cadena se completará.

El principio de selección natural es el que rige el proceso apoyado en la mutación, de tal manera que cuando aparece un carácter nuevo que facilita la adaptación se incorpora y se transmite.

Los que aceptamos el antropocentrismo, el ser humano como medida de todas las cosas en el sentido de que sin la consciencia humana de la existencia del cosmos este no existe, existe en tanto en cuanto el ser humano lo percibe y lo incorpora a su consciencia dándole así acta de nacimiento, dicho esto como reinterpretación de Protágoras y con su permiso, y como culminación del proceso creacionista, con origen muy alejado en el tiempo en el que lo sitúan los marxistas que, por lo tanto, yerran en el proceso socioeconómico que afirman haberlo provocado, seguimos expectantes el largo terminal de la cadena que conduce a los seres humanos actuales, Homo Sapiens Sapiens.

Es una cadena a la que le faltan los eslabones iniciales y muchos de los intermedios, mientras que otros parecen pertenecer a un terminal distinto, oxidado y carcomido por la herrumbre por la falta de continuidad, a la línea Neandertal nos referimos.

Sin embargo, si Darwin resucitara y se pusiera, de nuevo, manos a la obra, sin duda que se dedicaría a la tarea de componer esta cadena, para lo cual se haría arqueólogo y antropólogo a la vez, o sumar su esfuerzo con la especialidad que no eligiera.

Posiblemente diría que las cosas no están claras, que lo de Adán y Eva únicos en el Paraíso africano, tras los hallazgos de Atapuerca, hay que ponerlo en cuarentena; que la cadena pudo ser más bien una malla constituida por múltiples cadenillas entrelazadas. Es decir que, frente a la uni-génesis actualmente propugnada, habría que ir pensando más bien en una poli-génesis. Mas como Darwin no volverá, por ahora, no es ocioso que lo propaguemos como muestra de la libertad de pensamiento, medida obligada para que progrese el conocimiento.

Atapuerca es hoy un referente mundial para el estudio del proceso evolutivo humano, quizá uno de los primeros sino el primero. A medida que se profundiza en el gigantesco yacimiento se retrocede en el tiempo y nuevos eslabones, de mayor antigüedad, aparecen, el último ha sido datado en 1.300.00 años.

¿Cuál será el próximo? El ADN de algunos de nuestros ancestros se ha buscado y encontrado, el Instituto Max Planck de Alemania investiga el genoma del Neandertal, otros centros también lo hacen. Nosotros, desde la SEAP de la Real Academia de Cultura Valenciana, Fundación Publica de la Diputación de Valencia lo esperamos de nuestros neandertales de Oliva. Quizá aún podamos ver parte de la cadena evolutiva humana recompuesta y alguna incógnita despejada. Darwin nos felicitará aquí o Allá.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *