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En el Día de la Madre: Felicidades

Por Manuel J. Ibáñez Ferriol. Periodista y Comunicador. Escritor.

               A todas las madres del mundo, y a sus hijos. 

El mes de mayo, está dedicado por entero a la Virgen María, la Madre de todas las madres. Ella, con su Si, llevo en su vientre, al Hijo de Dios, que se quiso hacer hombre. Este es el gran misterio, en el que una sencilla mujer, se convirtió en la Madre de todos los hombres. No estamos ante una fiesta, de puro carácter comercial. Todos los pueblos y culturas, desde la más remota antigüedad, han celebrado fiestas y eventos en recuerdo de las madres.

La madre desde una perspectiva cultual constituye un elemento en la crianza de los individuos. El desarrollo fisiológico en el ser humano se complementa con la crianza familiar que posibilita el crecimiento integral ante la desventaja biológica con respecto a otras especies animales que no necesitan de cuidados extra para lograr sobrevivir por sí mismos durante los primeros momentos de vida, y por el contrario necesitan años de cuidados por parte de los padres, lo que establece de manera importante la prolongación del vínculo de apego que las madres humanas tienen sobre sus hijos.

El título de madre también puede ser dado a aquella mujer que cumpla este papel sin estar emparentada biológicamente con el niño o niña. En el caso de los mamíferos como el ser humano, la madre gesta a su hijo (primeramente llamado embrión y luego feto) en la matriz hasta que el feto esté suficientemente desarrollado para nacer. La madre entra en labor de parto y da a luz.

El Día de la Madre o Día de las Madres es una festividad que se celebra en honor a las madres en todo el mundo, en diferentes fechas del año según el país. Su origen contemporáneo se remitiría al Mother’s Friendship Day y las reuniones Mother’s Day Meetings organizadas en 1865 o 1868 por Ann Marie , en que las madres se reunían para intercambiar opiniones sobre distintos temas de actualidad.

Las primeras celebraciones del Día de la Madre se remontan a la Antigua Grecia, donde se le rendían honores a Rea, la madre de los dioses Zeus, Poseidón y Hades.

Igualmente los romanos llamaron a esta celebración Hilaria, cuando la adquirieron de los griegos. Se celebraba el 15 de marzo en el Templo de Cibeloes, y durante tres días se realizaban ofrendas. La Magna Mater, Mater Magna, o simplemente Gran Madre, fue una divinidad de origen frigio. Fue la gran diosa anatólica por excelencia, y la Madre Tierra en Frigia. Su culto se difundió pronto por la cuenca mediterránea gracias a la diáspora de incontables esclavos frigios. El culto de la Magna Mater arraigó en la República romana, desde el siglo III a.C. Por favor especial, siendo una divinidad extranjera, se le asignó un lugar de adoración en el Monte Capitolino. Más tarde se le construyó un templo al lado del de la Triada Capitolina, que durante la Dinastía Severa, pasó a ser el santuario más importante de Roma.

La Magna Mater fue en un principio adorada como una piedra aerolito que el año 205 a.C. fue trasladada a Roma. Había comenzado siendo la divinidad hitita Atargatis, que con su hijo y consorte Attis, producían fertilidad, cosechas y frutos. Era una diosa terrestre, y en parte también acuática, mientras que Attis era el luciente, el brillante hijo del Sol. Ya desde la época hitita Atargatis iba cabalgando en la grupa de dos leones; después, romanizada, la Magna Mater, convertida en Cibeles, unció sus leones a un carro y marchaba sentada cómodamente en él. Las Julias de la casa de intensificaron el culto de la Madre Cibeles importando a Roma otra piedra santa desde el santuario de Emesa (actual Homs), del que ellas eran sacerdotisas. El nombre de Heliogábalo, es la romanización de Elagabaal. Durante su gobierno se ocupó en la propagación del culto, a la piedra de Emesa.

Los católicos transformaron estas celebraciones para honrar a la Virgen María, la madre Jesús. En el santoral católico el 8 de diciembre se celebra la fiesta de la Inmaculada Concepción, fecha que los católicos adoptaron para la celebración del Día de la Madre. Floreció durante seis siglos, los tres inmediatamente anteriores y posteriores al nacimiento de Jesucristo.

En Inglaterra hacia el siglo XVIII, tenía lugar un acontecimiento similar, también relacionado con la Virgen, que se denominaba Domingo de las Madres. Los niños concurrían a Misa, y regresaban a sus hogares con regalos para sus progenitoras. Además, como muchas personas trabajaban para gente acaudalada y no tenían la oportunidad de estar en sus hogares, ese Domingo se le daba el día libre para visitar a sus familias.

Pero las madres, no solo cumplen con una relación afectiva, procreativa y de perpetuación de la especie. Ser Madre, es algo superior, inigualable, magnífico y de poca o nula repetición. El ejemplo de las madres, su exquisita educación, el cuidado que imprimen a sus hijos, son también valores que hay que sumar en su haber. Una madre, lo es, las 24 horas del día, los 365 días del año -y los bisiestos también-. Nunca deja a su prole, en estado de abandono. Sabe inculcar los valores básicos a su progenie, y nunca dice que no, al hijo/a. Los defiende a “capa y espada”, y nunca veremos a una madre ir en contra de la voluntad de sus hijos. Su forma de ser y vivir, callada, humilde y sencilla, la hace GRANDE. Es capaz de dar su propia vida por sus hijos, y será siempre, la mejor defensora de cualquiera de las causas que tengan emprendidas. No va a renunciar nunca a defender a la prole, a estar siempre a su lado: en los momentos malos y en los buenos, sin rechistar, sin levantar la voz. Solo con su presencia, bastará para que en una reunión reine, el buen gusto, las buenas maneras y las ganas de divertirse de todos los que se reunen con ella.

Tratemos a las MADRES, como solo ellas se merecen. Respetemoslas con nuestro amor, cariño y candor, el mismo que nos van a dar en su vida terrena. Y cuando nos falten, sigamos unidos a su figura, porque siempre van a estar junto a nosotros, queriéndonos y protegiéndonos.

Celebremos éste día, con ellas, con todos los honores, ilusiones y esperanzas. Y tengamos un detalle para con ellas, eso si para “ellas” -no para la casa-, porque todos estamos llamados a construir junto a nuestras MADRES, un mundo dónde el respeto, el amor, el cariño y sobre todo la Paz y la Mansedumbre, reinen siempre en nuestra sociedad.

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