El Celta vence al Valencia en un partido duro

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ES+ACTUAL.REDACCION.- Visto lo visto ante el Atlético, el efecto Pizzi duró mucho menos de lo esperado. Caer ante el Celta no entraba dentro de los planes de un Valencia que celebraba su vuelta a la vida, el que parecía definitivo adiós a las tinieblas y los bajos fondos.

Luis Enrique ganó la partida esta vez, invadiendo el campo con jugadores jóvenes y de calidad que martirizaron a la maltrecha defensa blanquinegra en una brillante segunda mitad.

Después de un primer tiempo igualado que Parejo volcó de parte del Valencia con un buen tanto de cabeza, el Celta se creció tras el descanso para desarmar los planes de Pizzi. Cabe decir que las lesiones de Mathieu y Ricardo Costa -especialmente la del francés- se aliaron con el conjunto vigués hasta el punto de que Oriol Romeu y Víctor Ruiz acabaron el choque como pareja de torres por delante de Diego Alves. Y eso era una lágrima de defensa, aunque la culpa del baile vigués no fue cosa de sólo dos hombres.

En el primer tanto del escurridizo Charles, el que empataba el choque, falló Ricardo Costa en la marca. El brasileño agradeció el error para batir a Alves -inmenso a lo largo de todo el partido- con todo el tiempo del mundo para pensar. El tanto de los de Luis Enrique enfríaba el ánimo de un Valencia solvente en la primera mitad, liderado por Parejo y veloz por obra y gracia de Feghouli, cuya resurrección no se entiende sin explicar su pasotismo en los últimos meses.

Con el empate y jugando a merced del genio Rafinha, Pizzi optó por apuntalar el centro del campo con Javi Fuego. Se fue Parejo -por cansancio, se entiende-, y el Valencia ya no jugó a nada más. Luego llegaría la recaída de Ricardo Costa, su sustitución, y el segundo tanto de Charles aprovechando el bajón físico culpable en gran medida de la horrible segunda mitad del conjunto blanquinegro.

Guardado (de mediocentro circunstancial) perdió el balón y Charles no perdonó con un disparo seco que rebotó en un defensa antes de besar las redes. La entrada de Nolito y Krohn-Dehli, más la participación de Orellana y Augusto daba al Celta fútbol de sobra para superar a un equipo que, perdido entre lesiones, no encontraba su sitio. Rafinha era caudillo de una panda de lo más peligrosa para Alves.

A pesar del mazazo, el Valencia lo intentó en los últimos cinco minutos. Y le faltó suerte, como al estudiante que deja los exámenes para última hora. El mayor suspenso fue para Canales, desaparecido durante noventa minutos. Tras un centro desde la izquierda, Feghouli estrelló su balón en la madera y el rechace lo recogió el cántabro, que a puerta vacía mandó el balón a las nubes. Incomprensible.

Duele la derrota y ver al Athletic de Bilbao, una joyita de Valverde, afianzándose en la cuarta plaza y ya con trece puntos de ventaja sobre el Valencia. Un mundo por recuperar. Sin tiempo para pensar en el frenazo, llega el Atlético y la vuelta de la Copa del Rey. Otro miura, más exigencia si cabe.

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