El intrusismo profesional y sus consecuencias.

Por EMILIO CASTELLOTE. Columnista.

En el momento en el que nos encontramos, verdaderamente  desconcertante y preocupante para la mayoría de los ciudadanos, me detengo en reflexionar si la intrusión de advenedizos, sin la mínima preparación profesional, que debería de exigirse, para actuar  en dos sectores  implicados muy directamente en la crisis, como son la política y la construcción, no han tenido consecuencias negativas que indudablemente han ahondado la dimensión de esta.

Colocando en primer lugar el panorama político y después de la experiencia de haber soportado  la permanencia en altos cargos políticos de personajes sin la menor preparación, en un alarde de demostrar la aplicación de la igualdad de oportunidades sectariamente entendida, debería de establecerse en un entorno en el que todo se protocoliza  o se normaliza, que el desempeño de funciones tan trascendentes para la vida y el funcionamiento de una nación no pudieran dejarse en manos de  intrusos ,pues así se denomina el que ejerce una profesión  careciendo de una formación y titulacion para ejercerla.

Los desmanes cometidos, que estamos conociendo se han perpetrado por políticos de todo signo, en las administraciones municipales, autonómicas y estatales, han de llevar a una reflexión profunda, para que de igual forma que se encorseta el déficit, se reglamentara por decreto que no pudiera alcanzarse poder político sin la debida formación y juramento de código deontológico. Seria muy deseable y en gran medida limpiaría el panorama de arribistas.  El concepto de servidor publico debería de inculcarse en la clase política, en honor de los buenos políticos, que se ven arrastrados por la general descalificación.

El paralelismo del libertinaje del intrusismo en actuaciones políticas, tiene su homologo en la construcción, en la promoción y en la arquitectura. Así dicho puede alarmar, pero exponiéndolo debidamente, creo que se vera lo aberrante de la conformación  de esa trilogía, que tanto ha contribuido al desprestigio de profesionales que aun teniendo trayectorias impecables se ven incursos en una descalificación global similar a la de los políticos honrados.

A este terreno tan atractivo se arrimo  cualquiera y sin la menor preparación, titulacion, ni licencia, podia y puede actuar como constructor. El siguiente escalón se alcanzaba y se alcanza, así mismo sin mayor esfuerzo profesional ni universitario, promotor.  Hace años cuando en el DNI se ponía la profesión, el que ninguna tenia pues se titulaba Industrial.

De esta manera desembarcaron en este sufrido gremio individuos, los que simplemente por su poder adquisitivo constituían una empresa y compraban la firma de los que en la profesión  se denominaron firmones. Estos firmaron lo que delante les pusieran.  Si se hiciera un catalogo de las peores soluciones urbanísticas y construcciones y se publicaran los nombres de sus autores, se conocería el gremio de firmones.

La connivencia con los ayuntamientos, sin la menor intervención de ninguna comisión que constituida por personas versadas además de los técnicos municipales, autorizara los proyectos presentados, ha conducido a las aberraciones urbanísticas, que pueden admirarse en la geografía nacional.

Puede argumentarse que existiendo unas Ordenanzas Municipales ya se encorsetaba el posible desmán, pero la realidad es que se han vulnerado sin responsabilidad de nadie. Con igual impunidad que la de los políticos, que malversaron caudales públicos. Pues maltratar el urbanismo de una ciudad es así mismo una malversación. La falta de cultura, de sensibilidad, de conocimiento histórico, climático y sociológico de un municipio o de una región ha conducido a lo que tenemos.

Debería de existir un Colegio Profesional de Políticos con una  comisión deontológica que pudiera analizar sus actuaciones, fuera del ámbito del partido político a que pertenezca, pues cuando un político tiene poder, es gobernante de todos los ciudadanos de su jurisdicción, sin colores.

De igual manera los Colegios Profesionales de los Técnicos, deberían de ejercer una efectiva vigilancia en el desarrollo de las actuaciones técnicas en flagrante dejación de su competencia y que actuaran así mismo las comisiones deontologías.

Estamos precisamente en momentos en los que todos estos ajustes se deben de llevar a cabo con el fin de que cuando de nuevo la actividad se reanude, este limpia y libre de viejos  e inadmisibles actores y hábitos.

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