El mayor enfado de Mourinho después de un partido desastroso

Cerró la puerta a sus espaldas y buscó la sala de prensa del Coliseum de Getafe, una caldera a esas horas. José Mourinho dejó atrás el vestuario de su equipo, por donde apenas pasó unos minutos tras finalizar el partido de anoche. Pasó del banquillo al atril, sin dirigirse a sus chicos. Bien sabían ellos el papel que acababan de firmar, el papelón más bien. Un desastre que les costó la derrota y verse a cinco puntos del Barcelona, cuando tan sólo se han cumplido dos fechas del calendario.

Nunca antes se le había visto tan enojado al entrenador portugués, tan impotente como sus futbolistas, tan aturdido como los aficionados del último campeón de Liga, que no entienden el colapso de los suyos, cuando más potentes parecían. Mourinho ni les regañó, ni les elevó la voz. Quizá sin saber bien qué decirles, o para evitar palabras demasiado gruesas, optó por afrontar el cara a cara con la prensa sin haber pedido antes explicaciones a los suyos. Lo hará esta tarde a las 18.00 horas, en Valdebebas, en el primer entrenamiento de la semana.

Entre el enfado y la decepción, anoche prefirió dejar a sus jugadores mascando el disgusto. Porque, tal era su desilusión, que pensó que los suyos no merecían ni el esfuerzo de una reprimenda. Él mismo explicó el recurso psicológico: «No he querido decirles nada. No he quería hablarles. Ellos no tiene todavía mi feed back, no tienen mi opinión. Por eso hay cosas que no quiero que lean a través de la prensa». El luso salió de un vestuario amargado por la temprana sacudida en la temporada, que protestaba una presunta mano de Colunga en el 2-1 y que tomaba aire para ya el miércoles jugarse el primer título del curso ante el Barcelona.

De repente, un par de golpes secos en el estómago, cuando todavía las pieles están morenas por el sol, cuando todavía hay arena de playa en los zapatos. Pero el fútbol no da tregua, ni al campeón de los récords. Y si no se llega puntual a clase, cae una falta. O dos, como es el caso del Real Madrid, que en dos partidos de Liga no ha podido ganar. Racha nefasta unida al vaivén de Barcelona en la Supercopa, donde sólo Casillas y Valdés evitaron un resultado sonrojante. La cuenta queda así: tres partidos, ninguna victoria, unos registros que el equipo blanco jamás enlazó en la anterior temporada.

¿Crisis? Algo parecido, sin duda, por los guarismos y por el pobre fútbol desarrollado, sólo desatado con el reloj agobiando. Igual que ante el Valencia en el estreno, los blancos sólo apretaron cuando llegó el gol rival, y ayer en Getafe ya era demasiado tarde. El tropezón fue mayúsculo porque se produjo ante un rival que apenas ofreció 40 minutos de garra y porque en la distancia el Barcelona no para. El -5 puntos que pesa ya sobre el equipo de Mourinho huele a trecho peligrosísimo, aunque sólo se lleven dos jornadas.

Noche de angustias, de descontrol ante los goles contrarios y de frustración ante la portería, que volvió a empequeñecerse, a pesar de que los blancos terminaron con seis atacantes sobre el campo. Pero no, este Madrid se ha quedado a oscuras en un torneo implacable. Llamativo es el plomizo estado físico del grupo, el escaso acierto de sus mejores jugadores y la sencillez con que encaja zarpazos. “Dos jugadas absurdas lejos de la portería”, así definía Iker Casillas los dos tantos a balón parado recibidos ante el Valencia y ayer, en la acción que supuso el 1-1 del Getafe.

“Ante el Valencia merecimos ganar, pero hoy merecimos perder», resumió Jose Mourinho, quizá más molesto públicamente con sus hombres que nunca en sus tres cursos en el Madrid. “Hemos estado muy mal, inaceptable, es de los partidos en que me voy sin frustración porque no ha sido una sorpresa para mí el resultado final, en función de lo que estaba analizando”, según el técnico, que garantizó que los goles a balón parado recibidos por los suyos no han sido por falta de preparación, sino por errores puntuales de sus jugadores.

Mourinho, como ante el Valencia, volvió a eliminar en la segunda parte el doble pivote en la búsqueda de la victoria y, ya a la desesperada, colocó a Morata en el terreno de juego. El canterano estuvo impreciso en la desastrosa coreografía que firmó el Madrid en los últimos minutos, sin control, sin ocasiones y con demasiados nervios en el campo y en el banquillo. Coentrao fue expulsado por insultar al árbitro, aunque su entrenador aseguró que el chico no había abierto la boca. En silencio también resistió en el palco como pudo Florentino Pérez, el presidente blanco, con su equipo desquiciado, más cerca del 3-1 que del empate.

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