El San Pío V exhibe “La predicación de San Vicente Ferrer” de Alonso Cano

Alonso_Cano_-_San_Vicente_Ferrer_predicando-1644-1645
ES+ACTUAL.REDACCION.- La consellera de Educación, Cultura y Deporte, María José Català, ha presentado esta tarde la ‘Obra invitada’ del Museo de Bellas Artes de Valencia ‘La predicación de San Vicente Ferrer’ del pintor granadino Alonso Cano, procedente de la Colección Banco Santander.

El Museo de Bellas Artes de Valencia inició el pasado año el programa ‘Obra invitada’, en el que se propone al público la contemplación individualizada de una obra de arte singular y cedida en préstamo al Museo para la ocasión. En esta ocasión y coincidiendo con el aniversario del nacimiento de San Vicente Ferrer (Valencia, 23 de enero de 1350) se exhibe una pieza especialmente significativa para los valencianos.

La obra se exhibe junto a una pintura perteneciente al Museo de Bellas Artes del mismo autor y de similares características y temática, cumpliendo así con una antigua aspiración del Museo ya que ambas obras se disputan ser la pintura realizada por Cano para el altar de una de las capillas del desaparecido convento de San Francisco. Alonso Cano realizaría esta obra durante su breve estancia en Valencia entre 1644-1645. En las dos pinturas aparece San Vicente Ferrer en una de las facetas más conocidas de su personalidad: la predicación.

Desde su canonización por el papa Calixto III en 1455, la figura del gran dominico valenciano, taumaturgo, predicador, filósofo y estadista ha sido ampliamente representada en el arte valenciano. De hecho el San Pío V cuenta entre sus fondos con una treintena de obras en las que el protagonista principal es San Vicente Ferrer, con ejemplos sobresalientes como el gran retablo procedente del convento de San Onofre de Museros del pintor Miguel de Prado, autor que intervino junto a Miguel Esteve a partir de 1519 en la decoración pictórica de la desaparecida capilla de los Jurados del antiguo Ayuntamiento de Valencia, o las tablas y lienzos de Yáñez de la Almedina, Miguel Joan Porta, Juan Sariñena, Jerónimo Jacinto de Espinosa o Gaspar de la Huerta, que recogen episodios de la vida del ‘Pare Vicent’ relativos a su labor apostólica, orientadora de papas, reyes y príncipes, su magisterio oral y escrito, sus milagros o incluso su decisiva intervención para el futuro de la Corona de Aragón y de España en 1412 en el Compromiso de Caspe.

La contemplacion de estas dos piezas juntas ha sido posible gracias al patrocinio de Banco Santander y a la cesión de la pieza. Dada la especial significación vicentina de las obras expuestas, se ha invitado al acto a las instituciones especialmente vinculadas con la figura del santo dominico valenciano: Honorable Clavariesa de las Fiestas Vicentinas, Junta Central Vicentina, Capítulo de Caballeros Jurados de San Vicente Ferrer, altares vicentinos y Lo Rat Penat, entidad ésta última organizadora del tradicional concurso de ‘Miracles de Sant Vicent Ferrer’.

Alonso Cano (Granada, 1601-1667)

Alonso Cano ocupa un lugar destacado en la historia del arte español. Dotado de una gran personalidad, destacó con igual maestría como pintor, escultor y arquitecto. Su formación artística se inició con su padre, Miguel Cano, tracista y autor de retablos. Con posterioridad, y después del traslado de la familia a Sevilla en 1614, pasa al taller del pintor y teórico del arte Francisco Pacheco, donde pudo relacionarse con el joven Diego Velázquez y con Martínez Montañés.

En 1638 siendo ya un maestro acreditado en Sevilla, se traslada a Madrid llamado por el Conde-Duque de Olivares para trabajar en la corte como pintor y ayudante de cámara. Durante su estancia en Madrid, y al contacto con la pintura flamenca e italiana de la colección real, su estilo fue perdiendo el fuerte naturalismo propio de la pintura sevillana de este período.

Al ser acusado de instigador del apuñalamiento de su segunda esposa, en junio de 1644 marcha a Valencia, pasando algún tiempo en la cartuja de Porta Coeli, donde pensó ingresar, si bien en 1645 está de nuevo en la corte, donde contrata los retablos de la iglesia parroquial de Getafe.

En 1652 regresó a su ciudad natal, donde consiguió el cargo de racionero de la catedral, donde dejó algunas de sus obras más emblemáticas, tanto de pintura como de escultura y arquitectura, ya que a él se deben las trazas de la fachada principal del edificio, su obra póstuma.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *