En memoria del Día Internacional de la Violencia contra la Mujer

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Por José S. Murgui Soriano. Cronista de Casinos. Miembro de la RACV.

Hoy es un día abierto a la sensibilidad, hoy es un día para meditar, reflexionar y actuar. Violencia contra la mujer, que triste y que duras suenan estas palabras, y que despiadadas se vuelven ante cualquier agresión y muerte por violencia.

Violencia contra la mujer ¿Dónde empieza y donde acaba esta terrorífica advertencia? No lo se. Es una de esas implacables preguntas que la contestación es tan indefinida como incierta. Los hechos y los números nos demuestran la crueldad del lamentable eslabón de una cadena que se repite con demasiada frecuencia en nuestros días: año: 2007: 71 víctimas, 2008: 84 víctimas, 2009: 68 víctimas, 2010: 85 víctimas, 2011: 67 víctimas, 2012: 57 víctimas, 2013: 57 víctimas 2014: 59 víctimas 2015: 48 víctimas hasta la fecha y cada día por los medios de comunicación nos enteremos que esta “lacra” no toca techo.

Por otra parte una macroencuesta oficial con la que están trabajando las Organizaciones que luchan en contra de la violencia, nos habla muy claro de las nefastas incidencias y consecuencias:

* El 10% de las mujeres de más de 16 años ha sufrido violencia física.

* El 25% violencia psicológica de control.

* El 22% violencia psicológica emocional.

* El 8% violencia sexual (la mitad antes de los 15 años).

* El 11% violencia económica.

* Que sólo el 45% acudieron a servicios de asistencia médica, psicológica o social.

* Que sólo un 29% la denunciaron y de ellas un 21% retiraron luego la denuncia, esta cifra se incrementa hasta un 33% en las mujeres con discapacidad.

Si analizamos lo establecido en la legislación vigente, pero particularmente lo que nos dice el Convenio de Estambul, la erradicación de la violencia exige PROMOVER LA IGUALDAD LEGAL Y REAL, convirtiendo esta igualdad en la CLAVE PARA LA PREVENCIÓN DE LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER.

Es importante recordar que el artículo 18.2 del Convenio de Estambul exige que se adopten medidas legales y otras (presupuestarias) que se impliquen a todas las administraciones, nacionales, autonómicas y locales en la solución de esta lacra y que también debe ser una cuestión de ESTADO.

Esta sería la introducción: seria, fría y real. Pero “el ciudadano de a pie” como es el caso de quien esto escribe quiere dar un paso adelante, y aunque “todo” sea cuestión de Estado, o la culpa la tenga “el Sistema” destrozado y en vías de recuperación, (es una forma de tranquilizar las dormidas conciencias) debemos sensibilizarnos en una profunda campaña domestica, de inculcar y enseñar a EDUCAR Y RESPETAR.

Vivimos en una sociedad que estas dos palabras en muchas ocasiones estás descatalogadas. Las blasfemias se han convertido en las tarjetas de presentación lamentablemente, lo vemos hasta en las series de televisión: expresiones como “-chúpame la polla” sirven para soltar las carcajadas de sintetizador que adornan nuestras divertidas series, o por citar alguna otra “-jódete calvo” con todo el respeto a las cabezas despejadas, o incluso los más irreverentes tacos, son los inicios en tertulianas conversaciones de personajes que se precian de tener cierto nivel cultural.

Lamentablemente todas esas formas revierten en la sociedad, en los niños, en la juventud… y como “todo para bien” pues seguimos adelante. A esto hay que añadirle esa dosis de violencia cuando se conduce, y no vamos pendientes del volante, vamos pendientes de los móviles, de los mensajes que recibimos de las redes sociales, y claro estamos con una mano en el volante, la otra en el móvil (o la tablet o el último y moderno invento) y sin darnos cuenta estamos generando una dosis de nerviosismo que se traduce en agresividad.

Violencia contra la mujer… violencia contra todo… ¿Cuántas violencias nos encontramos en nuestro pedregoso camino? ¿Cuánta violencia somos capaces de engendrar nosotros? Y lo que es peor, YO (en primera persona) TU… ¿Cómo frenas, erradicas esa violencia? ¡Que triste es ver que a tu lado existe esa capacidad para alimentar la violencia!

Estamos en tiempos duros, muy duros, estamos asistiendo a tristes espectáculos muy cargados de violencia, es una alerta mundial… pero a tu lado y el mío, existe una dosis de esperanza. El ESTADO, los ORGANISMOS (lo sintamos cercanos o lejanos) han de aportar su capacidad legal para frenar todas las violencias, pero nosotros, los padres, los educadores, las autoridades, los periodistas, cada uno en su pequeño ámbito solo tenemos una tarea, sembrar paz, concordia, amistad… y ese sin fin de buenas palabras que nacen de la educación y el respeto que todos como personas debemos aspirar como el más grande del derecho natural, nos llevaran a cambiar el mundo pacíficamente.

Día de sensibilidad, y día para erradicar toda clase de violencia, y eso solo se erradica con amor. Si nos preocupamos de envidiar, de guardar rencor, de ser cómplices de la injusticia, o de no abrazar la verdad, difícilmente saldremos adelante, si nos centramos en vivir abrazados al respeto, seremos capaces no de luchar, sino de acabar con tan triste lastre que azota nuestra sociedad.

Hoy soy solidario con todas las banderas violetas. Hoy me sumo a la campaña “Pinta al mundo de naranja” de Naciones Unidas #OrangeTheWorld; Hoy y siempre pido que se cumpla el Art. 19 de la Ley Orgánica 1/2004, estableciendo un sistema estable de financiación estatal y autonómico a largo plazo para luchar contra la violencia. Pero también, hoy, mañana, pasado… pido que se acabe cualquier tipo de violencia, y pido que aprendamos en primera persona, y enseñemos en singular y en plural, a conjugar y poner en práctica el verbo RESPETAR, porque solo desde el respeto encontraremos la paz que nos ayudará a matar todo acto violento contra los demás.

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