Entre la nostalgia y el recuerdo con emoción

Todos-los-santos-Alberto-Durero

Por Manuel J. Ibáñez Ferriol. Director de Contenidos Informativos Grupo ONDA3.

Hoy, día 1 de noviembre, es una fecha para la felicidad. Estamos celebrando una fiesta conjunta, en la que se reconoce la santidad de todos aquellos que por razones de espacio, no están en las listas oficiales de los santos, pero si que están en la memoria y el cariño de todos nosotros.

El otoño va dando sus pasos, y la nostalgia y los recuerdos, van recorriendo nuestras vidas, en forma silenciosa. Los hombres, desde que pueblan la tierra y tienen sentido de trascendencia, entierran a los difuntos, y les rinden tributos, honores, panegíricos y más tardíamente, oraciones. El recuerdo de los mayores, que ya han partido hacia otros mundos y vidas, hacen que afloren en los hombres, la nostalgia y el recuerdo emocionado. En la llamada Pre-Historia, ya tenían formas de enterramiento y adoración, a los que ya no estaban en el mundo físico. Escogían lugares determinados, un tanto apartados del asentamiento tribal, y le daban carácter sagrado al espacio dónde enterraban a sus muertos. En algunas culturas vamos a decir superiores o más avanzadas, colocaban exvotos o pequeñas lápidas, para hacer mención de que estábamos en un recinto dedicado a perpetuar la memoria de los que nos precedieron, porque el lugar era sagrado, al poseer el sentido de la trascendencia.

Así, los pueblos celtas, realizan determinados ritos, que pueden rozar el esoterismo, recordando a los muertos, que cobran vida, al menos una vez al año. Para celebrarlo, se reúnen en grupos, realizan oraciones, recitan textos, e incluso interpretan melodías musicales con las gaitas o el arpa. Suelen acompañar a estos eventos, determinadas formas de alimentos, que nos proporciona la estación del año en la que nos encontramos: castañas, calabazas, setas, frutos secos como la almendra y la avellana o las ricas nueces, tan importantes para el buen funcionamiento del cerebro. Las bebidas espirituosas, también forman parte de la reunión. Así los herberos, mistelas o licores, acompañan a las carnes y los postres, que son ricos y energéticos, pues las bajas temperaturas ya se hacen presentes en la vida de los pueblos celtas. Quizás para darle un tono más lúdico, los niños reciben caramelos y dulces, fabricados en las casas, a base de los productos que da la tierra. Y los intercambian, mientras pronuncian determinadas frases rituales, que los mayores les han trasmitido.

La cultura cristiana, de tradición greco-latina, decide celebrar a sus seres queridos bajo una gran fiesta: la de TODOS LOS SANTOS. Es el momento festivo del año cristiano más importante, ya que reconocemos la VIDA, dejando para el día siguiente la muerte y su misterio. Nuestro sentido de trascendencia, nos hace sentir, que tan solo en este mundo, estamos de paso. Y hoy, todos los que ya no están ocupando un espacio físico, si que los tenemos en un lugar de nuestro corazón. Hoy es la FIESTA de TODOS los que nos han precedido. Mañana día 2, ya los recordaremos de otra forma: acudiremos a los campo-santos a rendir tributo y oración personal. Ellos son nuestros mejores intercesores ante DIOS, porque ya participan de la VIDA ETERNA. Por eso, los cristianos no creemos en las celebraciones dónde se exalta la cultura de la muerte, caso del Halloween, sino que nos aferramos a la fiesta de la VIDA, con mayúsculas, porque éste mundo, es tan solo un paso, una estancia, un momento, se podría decir que un paréntesis, ante algo que no termina: la eternidad. Los cristianos no truqueamos ni trapicheamos con la muerte. No hacemos pactos, con el que solo desea nuestra condena: el demonio. Hemos sido liberados por Jesucristo, al resucitar del lugar de los muertos.

Al hilo de la fiesta de TODOS LOS SANTOS, en algunas ciudades -caso de la de Valencia-, han sido suprimidos determinados símbolos religiosos, pertenecientes a la cultura cristiana, de los cementerios, al considerar las autoridades que se hacía ostentación de una determinada forma de pensar. ¿Es esa la mejor forma de actuar en materia política? ¿No hay otras prioridades mucho más urgentes a resolver? Estamos ante una nueva afrenta contra el sentir de la mayoría de los ciudadanos, que en un 90%, se declara cristiano y católico. ¿Es la mejor forma de ser democráticos y libres? Todas las manifestaciones religiosas merecen un respeto y no es bueno, atacar constantemente solo a una de ellas, encima siendo la mayoritaria. Parece que todavía estamos en la España de “Frascuelo y de María …”, como dice don Antonio Machado en sus Cantares. Pensaba que ya habíamos superado tales diferencias, pero comprobamos que no. El odio y el revanchismo siguen latentes en una parte de la sociedad, la cual no puede permitir que sigan existiendo símbolos de nuestra Fe, en cementerios, calles, plazas o avenidas. Creo que se debe reflexionar, antes de tomar medidas como éstas. Estamos en el siglo XXI, no en el XIX, por si algunos no se han dado cuenta. Me parece que crear discordia no es nada bueno para la convivencia democrática. Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces.

Desde el ATICO DE LA COMUNICACION, vamos a seguir observando la realidad, y la vamos a contar tal cual es: sin partidismos ni comentarios subjetivos. No es el lema de nuestras páginas, ni es el espíritu que reina en ésta casa. Nos volvemos a encontrar en nada. VALE.

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