Escritores de varios países impregnan la FIL del sabor de sus cuentos

Fernando Iwasaki descubrió “la pólvora de la literatura gracias a los cuentos”, Isabel Mellado busca en las narraciones breves “pequeñas preguntas más que pequeñas verdades”, y Marcos Giralt cree que a través del cuento se puede “intuir la complejidad del mundo”.Estos tres escritores, y el catalán Borja Bagunyá, quien está convencido de que Cataluña, “más que un país, es un relato”, impregnaron hoy la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIl) del sabor de sus cuentos, cuando esta gran cita cultural encara ya sus últimas horas, abarrotada de gente de todas las edades. Dos de ellos, el peruano Fernando Iwasaki y la chilena Isabel Mellado, residen en el sur de España (el primero en Sevilla y la segunda en Granada); Giralt Torrente es madrileño y el joven Bagunyá, de 29 años, se ha convertido en una de las promesas de la literatura en lengua catalana.

Los cuatro participaron hoy en la quinta edición del Encuentro Internacional de Cuentistas, que estuvo moderado por el escritor mexicano Ignacio Padilla, quien, para caldear el ambiente, leyó “El prodigioso miligramo”, un cuento de Juan José Arreola, que comienza así: “Una hormiga censurada por la sutileza de sus cargas y por sus frecuentes distracciones, encontró una mañana, al desviarse nuevamente del camino, un prodigioso miligramo”.

Y es que, en realidad, hoy no se trataba de soltar grandes teorías sobre el cuento sino de compartir con el público algunos relatos de los escritos por cada uno, acompañados de breves reflexiones. En presencia del editor Juan Casamayor, impulsor de este encuentro y cuyo sello Páginas de Espuma está especializado en cuentos, Isabel Mellado, violinista y escritora, leyó una breve poética en la que, entre otras cosas, dijo que “escribir cuentos es una manera digna de no tocar el violín”.

Mellado, que vive a caballo entre Granada y Berlín, adora “las palabras incluso cuando se quedan calladitas” e intenta escribir “con cinco sentidos más el sentido del humor”. La autora de “El perro que comía silencio”, su último libro de relatos, hizo reír al público con algunos de ellos y se lo acabó de meter en el bolsillo con varios microrrelatos:

“El que ríe el último, ríe solo”. “Los sueños son bolsillos de la noche”. “Al leer confundo certezas con cerezas; las segundas son más absolutas”, son algunos de los microrrelatos de Mellado, que terminó con otro que es un claro homenaje a Augusto Monterroso: “Me desperté sin dinosaurio y sin ti. Soy una cucaracha”. Iwasaki, que además de escritor es historiador y editor, se aficionó al cuento en la niñez, cuando cayó en sus manos un libro de Oscar Wilde, que incluso hoy día le sigue emocionando.

“Yo no sabía entonces que leer podía despertar sentimientos explícitos como la alegría, el llanto o el terror”, decía Iwasaki. De Wilde pasaría luego a los mitos griegos en ediciones adaptadas, las mismas en las que también leyó los poemas homéricos, y más tarde el Quijote.

A Iwasaki le entusiasma leer cuentos y escribirlos, sin que eso quiera decir que “sean mejores que las novelas”. Cuando leyó “La cartuja de Parma”, de Stendhal, quedó “fascinado”. El escritor peruano invitó a los asistentes a “tratar de ver la realidad con ojos de ficción”. No hay más que leer la prensa y ver que “está llena de historias de ficción”, desde esas necrológicas en las que todos los fallecidos son personas excelentes, hasta los anuncios por palabras del tipo de: “licenciado, cuarenta años, culto, sensible y amante del aire libre, le gustaría conocer señorita o similar”.

“¿Cómo es posible que un hombre tan maravilloso llegue a esa edad siendo soltero?”, se preguntaba Iwasaki entre las risas del público. Marcos Giralt ganó este año el Premio de Narrativa Breve Ribera del Duero por “El final del amor”, pero no pudo leer relatos de este libro “porque son muy largos”.

Sí compartió con el público otros más breves de obras anteriores, además de algunas reflexiones sobre su concepción de la literatura, que “busca interpelar a la realidad” y no pretende “dar respuestas fáciles o moralejas, sino que plantea la complejidad de las respuestas y fija su mirada en territorio de penumbras”. Borja Bagunyá comentó con humor que escribir en lengua catalana equivale a ser “escritor maldito”, porque al ser un idioma minoritario, “el mercado es pequeño”. A Bagunyá le interesó siempre el cuento como “un espacio, un marco dentro del cual uno lanza cosas, y le gusta utilizar las palabras “para reconstruir lo que somos”.

VLCRADIO/Cultura/Agencias

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