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Escuchad poderosos: siempre habrá libertad

Por Manuel J. Ibáñez Ferriol. Periodista, Comunicador y Escritor. 

A mis amigos, los de verdad -ellos ya saben quienes son-, para que siempre vivan como seres libres y sin ataduras.

Dijo Séneca: ¿Preguntas qué es la libertad? No ser esclavo de nada, de ninguna necesidad, de ningún accidente y conservar la fortuna al alcance de la mano.

Es quizás una de los pensamientos más repetidos a lo largo de la Historia y del tiempo. La libertad, pertenece a cada uno de nosotros, de forma individual, y la proyectamos sobre la sociedad, provocando que el que tenemos más cercano, también tenga la sensación de sentirse libre. La libertad está basada en un pilar principal: el respeto. La libertad de cada uno, finaliza dónde empieza la de mi compañero. Solo desde el respeto, podemos entender el verdadero significado de la libertad.

Solo puede haber libertad, cuando los seres humanos, tengan comportamientos flexibles, respetuosos y amorosos. Para ser libres, hemos de abrazar la verdad. Solo buscando “sentimientos verdaderos”, es dónde vamos a sentirnos libres y cómodos, felices y sobre todo responsables ante situaciones que nos pueden parecer distintas. Los hombres y las mujeres libres, no están atados a ninguna cadena que les subrogue y les aliene.

La libertad como desaparición de opresión significa no querer subyugar ni ser subyugado, e implica el fin de un estado de servidumbre. El logro de esta forma de la libertad depende de una combinación de la resistencia del individuo (o grupo) y su entorno. Las leyes artificiales limitan esta forma de libertad, por ejemplo, nadie es libre de no ser representado por políticos dentro de una nación (aunque podamos o no ser libres para intentarlo). Las leyes naturales, como las leyes físicas, o la ley de la gravedad, son también un fundamento importante para la libertad de todos los seres vivos existentes en el universo. Es un estado lleno de armonía, porque la sinfonía de la libertad es una composición llena de fundamentos y notas rítmicas, acompasadas, sin cesuras y sobre todo con un ritmo “exacto”, porque es el ser, el que marca las pautas de la verdadera libertad.

La ética filosófica señala que la libertad es inherente al humano, es un dato fundamental originario de la existencia humana, fundamentado en la autoconciencia y la responsabilidad moral. Por tanto, el individuo humano no puede remitir su propia libertad/responsabilidad a ningún otro y, por eso mismo, la libertad, en su sentido antropológico, es algo que no es posible eliminar ni contradecir. Los hombres son libres por naturaleza, por cuna, por nacimiento.

La libertad se sitúa en la interioridad de la persona y siguiendo esa línea de pensamiento afirma Ricardo Yepes Stork: «Es una de las notas definitorias de la persona. Permite al hombre alcanzar su máxima grandeza pero también su mayor degradación. Es quizás su don más valioso porque empapa y define todo su actuar. El hombre es libre desde lo más profundo de su ser. Por eso los hombres modernos han identificado el ejercicio de la libertad con la realización de la persona: se trata de un derecho y de un ideal al que no podemos ni queremos renunciar. No se concibe que se pueda ser verdaderamente humano sin ser libre de verdad». La libertad no es una entelequia llena de “artificios”, sino es una experiencia que se vive dia a día, momento a momento. Por eso, el conjunto de la sociedad, siente la libertad como ese cultivo, que se siembra, riega, abona, cuida, mima y siente, al ser recogida la cosecha. Solo el hombre libre, habra conseguido el “fruto” deseado: es el mejor de los premios, es el amor, con mayúsculas, porque el que “ama de verdad”, será siempre libre y procurará que su “entorno” también se sienta libre.

En el marco del control interno, la libertad es también conocida como la libre determinación, la individualidad, o la autonomía pero sujetas a una autoridad superior. La libertad para una persona también puede significar autonomía interna, o de maestría sobre la condición interna. En una obra de Hans Hache, el filósofo griego Diógenes, se refiere a Alejandro Magno, diciéndole: «Vos sois el siervo de mis siervos». El filósofo ha conquistado al miedo, la lujuria, y la ira; Alejandro todavía sirve a estos maestros. A pesar de haber conquistado el mundo exterior, todavía no ha dominado el mundo interior. Este tipo de dominio no depende de nada ni nadie más que nosotros mismos.

El filósofo francés Jean Jacobo Russeau, afirmó que la condición de la libertad es inherente a la humanidad, una inevitable faceta de la posesión del alma, con la implicación de que todas las interacciones sociales con posterioridad al nacimiento implica una pérdida de libertad, voluntaria o involuntariamente. Él hizo la famosa frase «El hombre nace libre, pero en todas partes está encadenado»

Por lo que la esfera de la libertad no se da de una vez y para siempre, sino que ha de ser conquistada todos los días, a través de cada una de las acciones realizadas. Y seremos nosotros los protagonistas del verdadero triunfo de todas y cada una de nuestras acciones a favor de la libertad.

Hagamos caso de nuestra lengua castellana, cuando la palabra libertad proviene del latín: libertas, -ātis, es decir, de igual significado. La palabra inglesa para libertad, freedom, proviene de una raíz indoeuropea, que significa amar; la palabra de la misma lengua para decir miedo, afraid, viene de la misma raíz, usado como contraposición a libertad mediante el prefijo a por influencia del latín vulgar. Por tanto, no tengamos miedo a ser libres y a dar libertad a todos nuestros semejantes, partiendo siempre de la base del amor, como el que lo prende y envuelve todo.

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