España, en Macedonia: Mata y poco más (0-1)

Del Bosque, con una selección a la que podemos denominar “opción B”, dicho sin ánimo de ofender, colocó a Juan Mata como extremo derecho por delante de Carvajal ante Macedonia. No se le dio misión organizadora ante el rival, 104º del ranking FIFA, porque para eso estaban Cazorla, Isco y Silva. En esa ubicación, Juan firmó el mejor de los 11 goles que ha marcado con la selección, cifra nada desdeñable para un centrocampista.

El gol, el que hacía el undécimo de su carrera, fue, no obstante, la gran obra de su carrera en su faceta rematadora. Hasta llegar a Skopje las mejores cosas que se habían visto de él eran que es un consumado lanzador de faltas. Tiene una prodigiosa izquierda. Skopje, capital de la Antigua República Yugoslava de Macedonia, fue testigo de ello.

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Todo ocurrió a los 13’, con el juego de unos y otros aún por fijar, en un vaivén impreciso. España tenía más el balón como es casi costumbre ante sus rivales, pero menos que en el espléndido partido de Oviedo, lo que resulta natural dadas las pocas veces que los once de salida habían actuado juntos. Hacía falta tiempo para verlo y para sacar ventaja de la superioridad, visible por cierto, porque el fútbol, que es un asunto grupal, precisa de cohesión para brillar.

La presencia de Mata en banda derecha no parecía suficiente motivo de peligro para los macedonios, que no se lo daban al menos en ese terreno de riesgo. Tampoco el guardameta titular Pacovski. El volante español estaba muy lejos de él. No era una amenaza. Se equivocó.

Mata recogió un balón pegado a la banda derecha, se giró un poco para acomodarse y ganar algo de espacio para golpear y golpeó. Lo hizo de tal forma que en principio nadie supo si el balón, que empezaba a describir una semi parábola iba en busca de la cabeza de algún compañero o se dirigía al marco de Pacovski. El balón fue acercándose centímetro a centímetro al ángulo superior derecho de su marco hasta alojarse finalmente contra las redes. El gol luego fue adjudicado al portero en propia puerta, pero la obra maestra ya estaba hecha.

La diana de Mata fue lo mejor de la primera mitad y del partido, pero a punto estuvo de tener que compartir tal gloria. El fútbol es tan extrañamente sorprendente que a los 43’ uno de sus compañeros, Daniel Carvajal, de solo 23 años y cinco veces internacional con el partido de Skopje, estuvo cerca de calcar la que parecía imposible repetir la hazaña de Mata. Pero no.

El seleccionador movió el banquillo, tras un inicio del segundo tiempo para olvidar en el que parecía más cerca del empate la debilísima selección de Macedonia que la Roja del segundo gol, y así dio entrada a Paco Alcácer y Koke sacando a unos inoperantes Costa y Cazorla -lo del brasileño es para hacérselo mirar-, pero ni por esas. Don Vicente acudió entonces al inevitable, a la mitad de la pareja mágica de otros tiempos, a Iniesta. Pero Xavi ya no está. Y se nota. El de Fuentealbilla dio el único brillo que mostró el combinado español en todo el partido, con un pase majestuoso a la derecha para quitarse el sombrero.

Paco Alcácer ni la olió. Se perdió en la olla a ver si le caía algún pase envenenado del mágico Iniesta, pero ya no había tiempo para desenmarañar un partido en el que a falta de argumentos, se saldaba con faltas reiteradas de los macedonios, que parecían capitaneados por Alejandro Magno y sus elefantes, porque estopa repartieron de lo lindo.

No era noche para goles. Al menos de la Roja. Tres puntos que sirven a los de Del Bosque para volver al primer puesto de su grupo y lograr la clasificación casi matemática, y nada más. La reacción no está y, de momento, no se le espera.

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