Estreno absoluto para anunciar el VI Congreso Mundial de Familias

El Requiem o Misa de Difuntos es uno de los géneros más hermosos y difíciles de la música clásica.

Grandes compositores de todas las épocas han contribuido a su grandeza artística: Tomás Luis de Victoria, Mozart, Haydn, Schumann, Liszt, Fauré, Verdi, Stravinsky, Britten,…

El estreno absoluto del Requiem de Miguel del Castillo García-Pablos es uno de los acontecimientos culturales del año en nuestro país.

La primicia tendrá lugar el próximo sábado 28 de abril, a las 21.15 horas, en la parroquia de San Juan de La Cruz, con una acústica privilegiada.

El joven maestro dirigirá a la Orquesta Sinfónica y Coro Iter, del colegio Los Olmos, en una actuación benéfica que servirá para anunciar oficialmente el VI Congreso Mundial de Familias, que se celebrará en Madrid durante los días 25, 26 y 27 de mayo.

Si te gusta la buena música, no puedes perderte el estreno absoluto del Requiem de Miguel del Castillo García-Pablos.

He escuchado los ensayos y puedo asegurarte que su belleza y solemnidad son estremecedoras. ¡Y en la parroquia de San Juan de La Cruz, cuya acústica es excelente, sonará aún mejor!

No me lo perderé. Te invito a que disfrutes de este estreno musical, con el que anunciaremos el VI Congreso Mundial de Familias.

Recuerda: sábado 28 de abril, 21.15 horas, en la Iglesia de San Juan de La Cruz, en la plaza del mismo nombre, de Madrid (ver mapa), estreno absoluto del Requiem de Miguel del Castillo García-Pablos, por la Orquesta Sinfónica y Coro Iter, del Colegio de Fomento Los Olmos, de Madrid.

La entrada es gratuita. No olvides inscribirte hoy mismo, para que podamos confirmarte que hay sitio.

 

VLCRADIO | HAZTEOIR.ORG | Manuel J. Ibáñez

1 comment

  1. nuno

    (Aquí dejo lo que me ha enviado un amigo)

    UN TRANSEÚNTE

    Al ver toda aquella cola de gente se preguntó qué sería “lo que daban”.

    Se fue aproximando a esa hilera humana donde había gente de diferentes edades, hombres, mujeres, jóvenes y niños. Entre el murmullo que respiraba aquella fila de personas se moría por preguntar… “qué sería aquello”.

    De un grupito de jóvenes escuchó que “el compositor era un músico joven de Madrid; que era el estreno de una obra inédita, dirigida por el propio compositor e interpretada por cien músicos”.

    Sin darse cuenta ya formaba parte de aquella interminable secuencia de ADN de humanidad allí congregada. Gente por delante, gente por detrás… y ya era uno más… ¡Pues de aquí no me muevo hasta saber de qué va esto! fue su único pensamiento.

    La fila empezó a moverse y aquella gente se empezó a disolver por arte de magia; poco a poco los primeros eran engullidos por lo que parecía la puerta de una iglesia. En pocos minutos aquel transeúnte fue también tragado por la puerta de aquel inmenso templo.

    Un joven trajeado le invitó a pasar hacia adelante, a la vez que le hacía entrega de un elegante programa: sobrio, de cuidado diseño, con una imagen de la Piedad de Málaga del escultor Francisco Palma -una conmovedora imagen de Cristo en brazos de su Madre- y en letra grande: “REQUIEM” de Miguel del Castillo García-Pablos.

    Después de una serie de presentaciones sobre el Congreso de Familias y de cómo se había preparado aquel concierto, de entre la maleza de aplausos emergió, desde un punto oscuro, un joven con andar seguro y gravedad en su expresión. Tras un breve saludo al respetable, de un solo paso, se encaramó a su cajón de dirección. Desde su “altar” se disponía a ofrecer, en sacrificio, lo que durante tres largos años había supuesto la composición de esta obra.

    El silencio se hizo al instante y a la vez.

    Aquel “jefe” de semejante ejercito, hizo arrancar unas notas desgarradoras de violonchelos y contrabajos.

    Desde ese mismisimo instante y hasta el RE…QUI…EM del último compas, transcurrió una hora de absoluto recogimiento mental y espiritual. Aquellas armonías orquestales y corales -de aquel ejercito bien armado- llevaban, como en brazos de ángeles, a los lugares más insospechados -de luces y sombras- de los recovecos de las almas. Imágenes de infierno y cielo; oscuridad y claridad; guerra… y una paz inmensa… Aquella maravillosa hora ponía frente a frente al mal y al bien. La nada y el todo. Sesenta minutos de un suave interrogatorio sobre la fealdad de la mentira y la verdadera belleza salvadora. Un calvario esperanzador. Un encuentro divino con la muerte y con la vida; con Dios Creador, Dios Juez, Dios Padre.

    Entre lágrimas purgantes y sollozos de alegría, aquel transeúnte arrancó en un sonoro aplauso interminable. Aquel joven compositor, durante una hora, se había convertido en su “lazarillo” para la reflexión sobre los “porqués de su vida” … Quiso acercarse para rendirse a sus pies, pero la masa de gente se lo impidió.

    Aquel transeúnte despistado, encontró el rumbo; el verdadero sentido del sendero de su vida, gracias al joven compositor y a través de su Requiem de difuntos. En una fila de vivos -y sin darse cuenta- durante esa “bendita hora”, ese transeúnte entendió que eran los pies de Dios los que esperaban su rendimiento: para perdonarle, para quererle, para cuidarle… Ese joven y su Requiem tan sólo habían sido “un instrumento”.

    Y así -sin estridencias- e hincado interiormente de rodillas ante Dios Padre, el transeúnte volvió a su casa pidiendo perdón por todos sus descaminos y con la firme decisión de emprender una vida nueva.

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