Ferrer dispara primero

Recién llegado de las semifinales del Abierto de Estados Unidos, Ferrer no precisa adaptación al polvo de ladrillo, lugar que sin ser su espacio exclusivo, sí responde a los cánones principales que caracterizan su juego.

Distinto es el caso de Querrey, que perdió el servicio en el comienzo inicial y pudo comprobar, seguramente sin demasiada sorpresa, que sus maneras genuinamente americanas le daban escaso provecho lejos de su bien conocido cemento. Cierto es que fue capaz de ganar un set a Nadal en Las Ventas hace cuatro años, en unas condiciones de altitud que favorecían su juego, como lo hace la altura desde la que afronta los golpes liftados.

El Parque San Marcos de Gijón, con los huecos habituales en una matinal ‘copera’ de la Davis, bajo una temperatura más alta de la que se supone por aquí entrado ya septiembre, responde perfectamente a lo que demanda el equipo español de plantarse al nivel del mar cuando juega en casa, donde atesora 23 eliminatorias consecutivas invicto. El vuelo adecuado de la pelota y su permanencia definida en el aire, con el fin de que pegadores y sacadores de lustre como los que suelen distinguir al tenis de Estados Unidos no gocen de privilegios. Sí los tuvieron hace un año, en Austin, pero incluso entonces España demostró que su poder no conoce fronteras.

Ferrer tiró del hilo del temprano ‘break’ abundando en las dificultades de desplazamiento de Querrey, un tipo grande, con aire singular de pelotero más que de tenista, dado a sufrir cuando no puede encuentra el lugar para conectar su derecha. Sin embargo, el norteamericano se mantuvo vivo, logró romper mediado el parcial para restablecer la igualdad y aprovechó un juego horrible de su adversario, que sacaba para igualar a cinco, en el que encadenó dos dobles faltas y varios errores no forzados, acertando en su tercera oportunidad para llevarse el primer parcial.

Poco tardó el español en recomponer el marcador, bajo el mismo orden de fractura del set inicial. Esta vez no hubo despistes. Tuvo dos bolas de 4-1, pero fue la segunda para situarse 5-2 la que le colocó en disposición de igualar el partido. El espigado Sam andaba cada vez más apresurado por conquistar la red, fórmula poco fructífera cuando tienes a un neutralizador de tal calibre al otro lado.

No bajo la guardia Querrey ni siquiera tras verse arrollado en el tercer set. Tuvo cinco pelotas de ‘break’ en el segundo juego del cuarto set y cuatro en el cuarto. Ferrer replicó la amenaza con un ejercicio de riesgo, que incluyó un ‘ace’ de segundo servicio. El de San Francisco era ya un jugador más asentado en la pista. Cambiaba la altura de las bolas y esgrimía mayor paciencia, virtud cardinal en la arcilla.

El banquillo español, con Juan Carlos Ferrero como ilustre invitado y Feliciano López en su admirable papel de suplente, interpretó la importancia del momento y estalló encorajinado con la igualada a tres, alimentando el empuje de la grada. La grieta definitiva llegó en el noveno juego, que situó al de Jávea con su saque para rematar. Tomó la tercera pelota de partido y cumplió con el guión previsto.

EML|JV|AR

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