Francia resucita a la izquierda y a la ultraderecha

La primera vuelta de las confirmó ayer al candidato socialista François Hollande (28% de los votos) como favorito para la segunda ronda y arrojó serias dudas sobre la capacidad de la derecha tradicional, encarnada por el presidente-saliente Nicolas Sarkozy (27%), para conectar con las nuevas generaciones y las clases trabajadoras de ideología conservadora, que han votado en masa por Marine Le Pen, líder del Frente Nacional (18,15%).

La conclusión simple de los comicios al Elíseo del domingo 22, según cifras suministradas por el Ministerio del Interior galo a las 01.07 horas de anoche, con el 96% del escrutinio revisado, es que el Partido Socialista tiene muchas probabilidades de reconquistar la Presidencia de la República, 17 años después de la salida del llorado François Mitterrand.

No hubo sorpresas, pues, en la primera cita con las urnas a la que acudieron más de 35 millones de electores, a pesar de que los estudios de opinión difundidos en días anteriores permitían evocar escenarios más extravagantes. Con un 19% de abstención y hasta un 28% de posibles votantes indecisos, cabía la posibilidad de que los resultados repetidamente anunciados en los últimos meses dieran un vuelco. Pero no.

Al final ganaron los concursantes más previsibles y el campeón del PS habrá de enfrentarse al líder de la formación conservadora Unión por un Movimiento Popular, en un duelo sin comparsas que, según el ultimo sondeo realizado ayer mismo al cierre de los colegios electorales por CSA y difundido a medianoche, tiene todos los visos de terminar en goleada. A menos que cambien mucho las tornas, Hollande debería imponerse a Sarkozy por un score de 56% contra 44%.

Cara a cara, ¿sí o no?

Estos porcentajes apenas difieren de otros muchos que llevan publicando durante toda la campaña los numerosos instituto de opinión que operan en el Hexágono. Sin embargo, quizá para estudiar la dinámica de voto concerniente al duelo del 6-M habría que esperar a que los dos aspirantes se expresen en sus próximos actos públicos o se midan cara a cara en un debate televisivo.

Por cierto, el líder conservador le propuso a su antagonista la organización de tres encuentros antes las cámaras y él devolvió el guante muy finamente arguyendo que con uno bastaba. “Pero si en las Primarias Socialistas hubo tres, ¿por qué Hollande se escabulle ahora? Tiene miedo de un enfrentamiento directo”, sugirió en BFMTV la portavoz de campaña de Sarkozy, Nathalie Kosciusko-Morizet. Pero el equipo de Hollande se hace el remolón, acaso porque confía en mantener la estrategia de aquella chica guapa del chiste, que prefería tener la boca cerrada para que no se le notara la ignorancia.

Sin que este comentario exento de malicia trate de tildar de ignorante a Hollande -un tipo bien preparado, al que respetamos mucho- , conviene tener en cuenta también las palabras del Ministro de Trabajo Xavier Bertrand anoche en I-Telé: “Antes eran todos los candidatos contra Sarkozy y el programa de Hollande estaba casi oculto. Ahora tendrá que defender ese programa punto por punto y ya veremos qué pasa”. Pues a eso parece que se aferra la camarilla del jefe del estado en pos de la reválida.

Para Roland Cayrol, director del Centre d’Études et d’Analyse (Cetan), este sufragio ha terminado por convirtertirse en un referéndum a favor o en contra de Sarkozy y sus cinco años de mandato. Por primera vez en la Quinta República, un presidente saliente no encabeza una primera vuelta electoral. Y eso es muy significativo, si no grave. Denota que existe, en distintos estratos sociales del Hexágono, un notable desacuerdo con su gestión. Por eso muchos de sus votantes del 2007 reniegan hoy del candidato y han apostado por opciones más expeditivas como el ultranacionalista FN o el Frente de Izquierda de Mélenchon y su insurrección ciudadana.

La fuerza de los extremos

Con su hiperactividad, sus arrebatos chulescos y sus promesas no cumplidas, Sarkozy ha empujado -acaso sin quererlo- a muchos de sus antiguos simpatizantes, y a no pocos de los 4,5 millones de nuevos electores que se estrenaban el domingo, hacia el extremismo político. Ha impulsado la resurrección de una izquierda clásica que languidecía y hasta ha confirmado a Marine Le Pen como una líder ultra mucho más cercana y comprensible que su progenitor y, por lo tanto, mucho más peligrosa.

Entre él y Hollande habrán de disputarse en las próximas dos semanas los votos de ese 44,5% de ciudadanos que el domingo dieron su apoyo a alguno de los ocho otros aspirantes que concurrían al sufragio. Ambos saben perfectamente que esos 15,5 millones de electores no tienen por qué seguir al pie de la letra los consejos de Mélenchon o de la ecologista Eva Joly (EE-Los Verdes), que han recomendado votar al candidato socialista para “echar de una vez a Sarko del poder”, mientras que Le Pen se pronunciará el 1 de mayo y el centrista François Bayrou (9,12%) ha explicado que entablará conversaciones con las dos facciones para ver cuál se adapta mejor a su ideario.

Como ha dicho el Ministro de Enegía Éric Besson, “ahora empieza otro partido”. Es muy posible, claro, que Hollande vaya a agregar a su 28,5% las fuerzas de Mélenchon (11,08%), Eva Joly (2%) y otros dos aspirantes de la izquierda dura que aportarían cerca de un 2%. Pero dicha suma representaría sólo un 43,6%. Por el lado de Sakozy, es bastante más improbable que el líder de la UMP vaya a contar con la totalidad de los apoyos del FN y lograr un score de 45,24%, ya que muchos simpatizantes de Le Pen están desencantados con él y de ningún modo quieren ayudarle a mantenerse en el Elíseo.

De ahí que resulte altamente recomendable estudiar el último sondeo de CSA, que compara la intención de voto de un ciudadano de cara a la segunda ronda con su elección en la primera. Sorprende que un 40% de simpatizantes de Bayrou se pasaría al PS, un 25% se acercaría a la UMP y un amplio 35% tiene dudas. Y aún más flipante resulta descubrir que, aunque el 52% de los forofos de Marine piensa apoyar a Sarko, un 21% prefiere la abstención y un 27% baraja el voto de castigo y elige Hollande.

El lío está montado y quedan dos semanas para desenmarañar la madeja. Los dos únicos hechos ciertos son que Sarkozy es el único presidente saliente de la Quinta República que no encabeza la primera vuelta. Y también aunque se trate de un dato al margen de los comicios, que según el último sondeo de popularidad realizado por TNS Sofres en abril, el 63% de los franceses valora negativamente al actual jefe de estado.

Como dice ‘Le Journal du Dimanche’, Sarkozy tiene 14 días para cambiar esta tendencia. Si no, de nada le servirán hipotéticas alianzas políticas. Difícil reto.

 

VLCRADIO | Agencias

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