“INVICTUS. ¡Glorioso Mandela!

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Por JOSÉ SALVADOR MURGUI. Cronista Oficial de Casinos. Académico de la RACV. Ex-Alcalde de Casinos.
“Nadie se alegre del día de las alabanzas”, es un refrán valenciano, de pueblo, verdadero.

Nadie se alegre del día que todos hablamos bien del “otro” ese día el “otro” ha muerto. La muerte, sabio trance que nos acompaña sin fecha desde el día que nacemos, nos descubre las realidades de la vida, nos descubre nuestro gran rival con el que hemos tenido que convivir a lo largo de los años. Ese rival es el mundo.

Me sorprende ver las reacciones que se dan al vivir las diferentes muertes, porque permítanme la expresión, hay “muertes grandes” y “muertes pequeñas”. Estos días he vivido muertes “grandes” en el pueblo que vivo, pero de pequeños personajes. Muertes que se justifican con aquello de que “Dios se lo haya perdonado todo” y con otras frases hechas de dolor ante la desaparición de un ser querido.
Ante esas muertes cercanas, a nadie le importa si hemos criticado, si hemos sido indolentes al juzgar, o si el camino de esa persona jamás fue mi camino, unas lágrimas, un gesto de dolor, una oración cargada de sentimiento lava nuestra conciencia para dejar marchar en paz a aquel que nos ha dejado.

Hay muertes “grandes”. Lo son otras muertes. Yo por ejemplo viví la muerte del Papa Juan Pablo II y descubres en mil gestos que es una muerte diferente. Estos días estamos viviendo la muerte de Nelson Mandela. Otra muerte grande. Anoche la televisión proyectó la película Invictus. La vi de estreno en la pantalla grande, y en aquel momento, logró emocionarme en diferentes momentos, lo reconozco sin la menor de las vergüenzas, me saltaron las lágrimas.

Anoche la volví a ver. Pero el protagonista se había convertido en el INVICTUS DE VERDAD. Ya tenía la corona de gloria, la corona de estar en el otro mundo, en el mundo de los justos, de los buenos, de ese que creemos que será eterno. Y repasando momentos, repasando historia, repasando su vida, veo a Nelson Mandela despojado de todo, cerrado en una cárcel del mundo por sus creencias, por sus convicciones.

Veo a un Mandela, libre, patriarcal, luchador y entregado a su pueblo. Por encima de todo hay algo que lo hace más grande, que lo hace más libre, que lo hace más humano, y es el NELSON MANDELA que sabe perdonar. Si PERDONAR. Verbo de fácil conjugación pero de difícil comprensión, y de más difícil aplicación en la vida.

Si Mandela no hubiera sabido perdonar, hubiera sido un hombre más; Si Nelson Mandela no hubiera sabido callar, hoy no estaríamos hablando de él. Nelson Mandela pasará a la historia como uno de los grandes, pero la grandeza, la llevó en su humanidad, en su corazón que fue su vida, en su mente y en su comportamiento. Solo porque supo perdonar y porque le importaban las personas, por las que dio la vida, solo por eso ha sido uno más entre todos, y uno con todos. Esto solo lo justifica una expresión “el amor es más fuerte que la muerte”.

¡Nelson Mandela, la muerte no ha podido con tu vida. Tu ejemplo seguirá en todo el mundo! ¡Gloria a Dios, por hombres tan grandes!

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