Jardines del Real o de Viveros (I)

El preclaro abolengo histórico de este parque, su extensión y cuidada jardinería, y la misma relativa profusión de monumentos escultóricos o de otro tipo que realzan su entorno, lo convierten en el más notable de la ciudad.

Además del extenso jardín, existía ya en el siglo XV una importante colección zoológica, precedente por tanto del parque zoológico instalado hasta el mes de julio de 2007 en los mismos viveros municipales. Esta otra denominación con que se conoce a los Jardines del Real procede de la huerta del Vivel, por la laguna o vivero que los regaba, pero se viene utilizando en realidad desde que en 1903 este parque fue donado al ayuntamiento para plantel o viveros de árboles. Anteriormente había pertenecido a la Diputación Provincial, organismo al que había sido cedida la propiedad de los Jardines del Real por el Real Patrimonio en 1869. Su utilización como vivero está documentada ya en 1560, fecha en que Felipe II dispuso le fuesen remitidos de la Almaciga del Real de Valencia infinidad de naranjos y limoneros así como más de cuatro mil plantas florales para embellecimiento de los jardines de su Palacio de Aranjuez.

En 1810, y con motivo de la guerra de la independencia, el Palacio del Real fue enteramente derribado por presuntas razones estratégicas, salvándose de su grandiosa fábrica tan sólo algún fragmento de artesonado que se conserva en el Archivo del Reino. Hasta esa fecha fue residencia oficial de los virreyes, primero, y de los capitanes generales después. En 1814 el capitán general de Valencia, don Francisco Javier Elio, ordenó amontonar los escombros del derribado palacio real y formó con ellos dos pequeños montículos que rodeó de macizos sustentantes, sombreados de arbusto y de flores. Este es el vestigio más antiguo de los actuales jardines que, destinados a jardín de aclimatación y escuela de agricultura durante el siglo pasado, desde principios de este han ido siendo progresivamente hermoseados con andenes, emparrados, fuentes, macizos, umbráculos, cenadores, bancos revestidos de “manisetes”, adornos, estatuas, etcétera.

En los últimos años se han realizado importantes obras de ampliación y mejora, ganándose muchas hectáreas de terreno por la zona norte al propio tiempo que el sector llamado de la “rosaleda” había sido objeto de una importante transformación, adaptándolo al tipo de jardín paisajístico tapizado de césped.

Del numero grupo de estatuas destaca el de las cuatro estaciones encarnadas por las figuras mitológicas de Venus, Diana, Apolo y Cronos, labradas en mármol blanco por el escultor barroco Genovés Jacobo Ponazanelli y que, como otras suyas instaladas en la glorieta, proceden del huerto del canónigo Pontons. No lejos de donde se sitúan aquellas estatuas, junto a la gran jaula de pájaros construida en 1933, se alza la estatua de Flora, también de mármol blanco y similares características a las anteriores.

Sobre el solar de su sector más antiguo se levantaba la quinta de recreo Omunya llamada Rahal, mandada construir en el siglo XI por el Rey Moro Abd Al-Aziz, y que Don Jaime el conquistador amplió y transformó en Alcázar Regio. En este palacio, luego llamado del Real, reedificado en tiempos de Pedro IV, se alojaron Juan I, Martín El Humano, Alfonso el Magnánimo y su esposa la reina Doña María, entre otros monarcas, para quienes fue una de sus residencias favoritas; circunstancialmente se alojaron también en este palacio Carlos I, Felipe II y Felipe III, en cuyas bodas con Margarita de Austria sirvió de marco admirable.

 

VLCRADIO | GUIA

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