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La Casa de Alba vende su marca

Por Manuel J. Ibáñez Ferriol. Director de Contenidos Informativos del Grupo ONDA3.

Las grandes casas nobiliarias, y en este caso, la Casa de Alba, es la más importante, tanto en títulos como en posesiones, tanto en España, como en otros territorios ultramarinos. Intentar resumir la gran historia de la Casa de Alba, es una tarea un tanto complicada, pero a lo largo del presente artículo, daré algunas pinceladas, para conocer mejor la gran labor de la familia Alba, de rancia estirpe castellana y con un profundo sentido del servicio a la naciente España -es la época de la Unión de las Dos Coronas, Castilla y Aragón-.

Para dar salida a los productos hechos en las Fincas que posee la Casa de Alba, fue creada en su momento la marca Casa de Alba, que está registrada y gestionada por Cayetano Martínez de Irujo, hermano pequeño del actual Duque de Alba, Carlos Fitz-James Stuart.

La no coincidencia en los apellidos, es porque el primogénito de la Duquesa doña Cayetana Fitz-James Stuart, invirtió el orden para no perder el paterno, que les entronca con los Estuardo ingleses. Por tanto, el primogénito, lleva los apellidos de su madre primero y de su padre en segundo lugar, no así el resto de los hermanos, que son Martinez de Irujo Fitz-James Stuart.

Cayetano, era el ojito derecho de su madre, y es así es como el pequeño de los Alba se está ganando la vida: con la gestión de la marca registrada por él. La Casa no recibe ningún «royalty» de la explotación de la marca que lleva el nombre del título principal del primogénito de Cayetana Fitz-James Stuart. La única cláusula que se puso para su explotación fue la de la «mera lógica». Como nos señala uno de los artífices del contrato, «son hermanos y entre ellos existe la confianza suficiente como para no usar el nombre para algo que no sea adecuado. Es improbable que lo veamos convertido en línea de lencería, por ejemplo».

La marca Casa de Alba nació enfocada a explotar productos gourmet, que fundamentalmente se producían en las fincas de la familia, hoy repartidas entre los seis hermanos. Pero Cayetano, su gestor, está pensando en ampliar ese plan inicial de explotación con otras líneas de producto, como pudieran ser joyas, relojes, vajillas o cuberterías. Aún no hay nada concreto, pero sí unas cuantas propuestas sobre la mesa que se están estudiando y que en unos meses podrían ver la luz.

La Casa de Alba es una de las familias más conocidas y carismáticas de España. Su origen se remonta al siglo XIV y su nombre procede del Ducado de Alba de Tormes, en Castilla. La Casa de Alba correspondió a la familia de los Álvarez de Toledo durante trescientos años hasta que a la muerte sin descendencia de María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Alvarez de Toledo, la XIII duquesa, pasó al linaje de los Fitz James Stuart, en la persona de Carlos Miguel Fitz-James Stuart y Silva, sobrino-bisnieto de Fernando de Silva y Alvarez de Toledo, XII duque Alba de Tormes y abuelo de la XIII duquesa. La Casa de Berwick uees una rama ilegítima de la Casa de Estuardo del Reino de Escocia, que son Duques de Berwick, en el Reino de Inglaterra y duques de Liria y Jérica, en el Reino de España.

A lo largo de su historia, la casa entroncó con la dinastía portuguesa y con importantes casas nobiliarias españolas, teniendo como ancestro al Conde Duque de Olivares y a los Duques de Veragua, y con estos últimos, a Cristóbal Colón. Los títulos nobiliarios de la Casa de Alba propiamente dicha son el ducado de Alba de Tormes y el ducado de Huéscar. Sin embargo, el jefe de la casa ostenta otros muchos títulos por incorporación de otras casas nobiliarias, debido a casamientos y herencias.

La Casa de Alba es la principal estirpe de la nobleza del Reino de España. Goza de la característica de ser una de las familias más antiguas de la aristocracia de la sociedad española y, asimismo de ser una de las más famosas, prestigiosas y populares del Reino de España.

Lo cierto es que, no se les conocía intención de explotar comercialmente su nombre, hasta que Cayetano lo registró para denominar una línea de productos gourmet, cuya materia prima saldría de las fincas de la familia. Así, las aceitunas para el aceite se obtienen de la finca que el propio Cayetano explota en Córdoba y las carnes llegan de siete fincas que poseen los Alba en la provincia de Salamanca.

Por cierto, uno de los hermanos, Jacobo, tiene ganado pero, al parecer, no quiere vendérselo a Cayetano. El pequeño de los varones registró «Casa de Alba» en la oficina de marcas y patentes de acuerdo con las leyes españolas, donde tuvo que identificar el servicio o producto que quería explotar. La marca, mientras se vaya renovando cada 10 años, no expira y, si él quisiera licenciarla a otros productos, podría hacerlo mediante un contrato privado de explotación de la misma por el tiempo que se determinase y los «royalties» se pactarían a tanto alzado.

La Casa de Alba, además cuenta con un importantísimo patrimonio artístico y un manifiesto deseo por seguir conservándolo en la familia. Para ello tiene que generar recursos que lo hagan posible, más allá de las rentas que hasta ahora les han permitido conservarlo.

La nueva generación al frente de la Casa de Alba, tiene que generar ingresos de dinero en efectivo, para hacer frente a los pagos, no solo de tipo impositivo, sino de mantenimiento de sus Palacios y Casas Solariegas, y es consciente del activo económico que su patrimonio inmovilizado y su buen nombre les puede generar. De ahí que la marca Casa de Alba y el apellido aristocrático de la familia sean dos realidades distintas aunque íntimamente relacionadas, porque está aceptado por el actual Duque, Carlos Fitz-James Stuart, que sea Cayetano el que se encargue de la explotación directa y sea ésta la fuente principal de ingresos del duque de Arjona.

El lanzamiento de la marca coincidió con la voluntad de compartir los bienes de la familia con el público, de ahí la apertura parcial del palacio de Dueñas a visitas guiadas o la exposición de parte de su patrimonio artístico en el palacio de Correos en Madrid. En el futuro más de uno podrá llevar en su muñeca un reloj, o en el cuello de alguna dama, un bello collar, o quizás comer en vajillas de la marca Casa de Alba o trinchar el filete con unos cubiertos de rancia solera, así como tener en casa su línea de lencería de hogar.

Los tiempos cambian, y hacen que las actividades de los distintos miembros de la Casa de Alba, deban buscar la financiación correspondiente, para mantener su gran patrimonio, que siempre estuvo al servicio de todos los españoles. Una curiosa iniciativa, pero realmente fascinante, sobre todo para los paladares más exquisitos.

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