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La gran crisis de la Edad del Bronce. Empobrecimiento general

Por José Aparicio Pérez. Doctor en Arqueología por la U.V. Académico de la RACV. 

Tanto para explicar la aparición del vaso campaniforme como el uso de los primeros metales, oro, plata y, especialmente cobre, se recurrió al fácil recurso de las invasiones; los pueblos portadores del vaso campaniforme en errática difusión desde centro Europa irradiando desde la vía danubiana, o los pueblos prospectores de metal en busca del codiciado cobre y, posteriormente, del estaño para fabricar el bronce. Humo volátil ya perdido en el horizonte.

Apenas un metro cúbico de mineral en bruto bastó para fabricar todos los útiles de cobre-bronce  descubiertos en el área almeriense, en el sudeste peninsular, donde la Cultura Argárica ocupa todo el periodo, caracterizándose por la abundancia y singularidad de su producción metálica.

En Valencia, donde la producción, de acuerdo con los hallazgos, fue infinitamente menor, y donde el mineral en mina es escasísimo, se pudo extraer el suficiente de cualquier lugar o, bien, comprarlo en pequeños lingotes, para iniciar el proceso que, sin duda, se debió realizar aquí de acuerdo con el testimonio que proporciona el hallazgo de crisoles y moldes de fundición, fundamentalmente.

Pero, como siempre, el problema surgió por la difícil detección del proceso de cambio en el registro arqueológico. Los procesos de transición dejan poca huella por el poco tiempo invertido y, aparentemente, aparece como un salto brusco en el proceso evolutivo cultural y tecnológico.

El proceso de transición Eneolítico / Edad del Bronce Valenciano comenzó a finales del III Milenio B.C.  Medioambientalmente coincide con el Sub-boreal, periodo seco, cálido y árido que influyó necesaria y profundamente sobre las bases económicas, agricultura y ganadería.

Las poblaciones, ubicadas en zonas llanas y amplias comienzan a “encastillarse” para aprovechar  las defensas naturales de las zonas elevadas, completadas con obras artificiales humanas, que aparecen ahora por vez primera, murallas, fosos y posibles torres.

Frente a los poblados abiertos, extensos y amplios anteriores, ahora pequeños, reducidos en general, en parte condicionados por la estrechez de los puntales o cimas rocosas donde se ubican, aunque en realidad buscada esta estrechez en atención a la “atomización” de las poblaciones y  al escaso número de individuos que las componen por el considerable descenso demográfico que se produce.

Se constata una elevadísima mortalidad infantil en contraste con la baja del Eneolítico. Mortalidad infantil a consecuencia de la disminución de los recursos.

El número de poblados localizados es numeroso, en el noventa por cien de los casos de pequeñas dimensiones, es decir con escasa población; a lo sumo se puede reservar un diez por cien para otros de mayores dimensiones. En general con somera estratigrafía, es decir que fueron ocupados durante breve periodo de tiempo.

Estas circunstancias han sido interpretadas, con sorpresa por nuestra parte, como producto de una gran densidad de población, de auténtica explosión demográfica. Errónea interpretación sin duda cuya única explicación está en el deseo de originalidad aún a riesgo de la propia credibilidad, maltrecha indudablemente por ello.

El hecho de que, a veces, estos poblados se encuentren muy próximos unos a otros, superponiéndose los territorios de subsistencia, sugiere que no fueron coetáneos, siendo un dato más que añadir a los expuestos para reconstruir un panorama socioeconómico determinado por la adaptación a las circunstancias medioambientales, extremas ahora.

La escasez de recursos, motivados por la sequedad y aridez, diezmó las poblaciones y creó inseguridad social que les obligó a encastillarse en lugares con defensas naturales, que se completaron con los posibles artificiales que permitían la fuerza humana disponible y las posibilidades tecnológicas.

El agotamiento de tierras y pastos pronto obligaba al traslado y asentamiento distinto en busca de tierras y pastos menos explotados, a la espera de la regeneración de los anteriores. Y todo este proceso a lo largo de unos mil años, lo que explica la abundancia de asentamientos, su pequeñez y proximidad y su escasa potencia sedimentológica.

Los enterramientos son fiel reflejo de lo anterior. Desaparecen los enterramientos colectivos eneolíticos, amplios y con numerosos inhumados; y frente a los ajuares funerarios ricos y variados ahora serán pobres y con escasísimo o nulo material. En éstos se reducen a uno, dos o pocos más individuos para lo que basta con simples y reducidas grietas o covachas en las proximidades del lugar de habitación.

Frente al comercio detectado en el periodo anterior, a veces a larga distancia, ahora no hay indicios del mismo, salvo la supuesta y pobre importación del mineral en lingotes para la fabricación aquí de hachas / azadas, punzones, puntas de flecha, aretes y poco más.

La cerámica, generalmente de mala calidad, es de producción local, siendo muy rara la decoración de la misma

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