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La Noche Previa: entre las tinieblas busca la Luz

Esta es la noche de la tiniebla, del dolor, de la traición, de los sentimientos encontrados. Es la noche del AMOR supremo, del silencio, con la espera a llegar al momento más doloroso, amargo, sencillo, lleno de misterios, de negaciones, traiciones, momentos que marcarán la Historia de la Humanidad para siempre.

Es la noche de la Caridad, del amor sin limites y con mayúsculas, de la Vida, eso si “Eterna”. Llegara el momento, en el que después de la Cena, se cometerá la gran traición: Jesús será entregado. ¿Envidia, celos, falta de amor, incomprensión, dolor, sufrimiento?
Las negaciones de Pedro, son como las negaciones de los hombres para con los hombres y para con Dios. A veces creemos que hemos de negar el amor de otros, solo por el mero hecho al miedo, a la intolerancia, a la falta de comprensión del amor, que se hace momento. Nuestra mentalidad nos lleva a dejarnos abandonar en la incomprensión del amor, bien entendido, como debe ser: comprensivo, servicial, correcto, vital. Debemos abandonarnos a la comprensión del amor, en silencio, con la esperanza de vivirlo de una forma plena.
Estos días he podido experimentar la importancia del AMOR. Su “esencia”, está por encima de todas las cosas. Inunda todo lo nuestro, todas las cosas, y si nos dejamos abandonar en nosotros mismos, comprenderemos mejor su significado. Nuestro mejor aliado: el silencio. En él, vamos a encontrar la respuesta a nuestras incomprensiones e intolerancias.
Por eso, en ésta Santa Noche, debemos poner nuestros ojos en la propia “agonia” de Cristo. Paso a paso, de un lugar a otro, fue “ultrajado”, negado, burlado. Y sin embargo, supo ser obediente, aceptando el “cáliz” que su propio Padre, le había preparado. Nadie supo ser tan obediente: es el “Cordero” llevado al matadero, el inocente, aquel que vino, para bajar al lugar de los muertos, y rescatar a los que estaban en “pecado”.
Vino a liberar a los presos, esclavos, indigentes, pobres, sencillos, a todos quiso darles la verdadera libertad. Se paró ante Maria Magdalena, perdono sus faltas y la liberó de sus ataduras. No puso nada en duda, acepto su condición, y con su vida salvífica, supo darle ilusión, esperanza y AMOR VERDADERO. Ella saldrá a su encuentro en un momento de su Pasión.
Sintamos el aroma de la noche. El azahar inunda ya nuestras calles. Y se une al incienso, la mejor ofrenda, el mejor de los perfumes. Las ciudades y pueblos, salen al encuentro de los Cristos y las Dolorosas. Porque sienten que algo muy grande “sucede” en la noche del Jueves Santo.
Dicen que hay tres días en que brilla más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el Día de la Ascensión. Hoy el sol ha brillado en lo más alto. Y ésta noche, veremos un efecto “estelar” muy especial y significativo: la luna, adoptará el color rosáceo. En nuestro continente europeo será casi imperceptible, pero en los lugares en los que la atmosféra sea limpia, se podrá ver el fenómeno que se produce gracias a la interposición de los anillos del Planeta Saturno y el propio Sol, que iluminará de forma especial ésta Noche Santa.
Sepamos un poco su significado: la Luna de este 11 de abril no se teñirá de este color. Fueron los nativos americanos quienes daban este tipo de nombres a las Lunas llenas para diferenciar el inicio de las estaciones, y para esta se inspiraron en un tipo de “musgo rosáceo” y en las flores silvestres «Phlox», que comienzan a florecer en primavera y son de este color. También conocida en otros lugares del mundo como Luna de la Hierba, Luna del Huevo o Luna de Pez, la «Luna rosa» marca el inicio de la Semana Santa. Esto se explica porque en el “Concilio de Nicea del año 325”, se decidió que se establecería que el Domingo de Pascua sería el siguiente a la primera luna llena tras el equinoccio de primavera, es decir, tras la ‘luna rosa’.
Fenómenos que nos indican el inicio de nuevos acontecimientos vitales. ¿Y porque en unos días Santos como éstos? A veces, hay que llamar la atención de la vida de los hombres y su relación con el Universo. Estamos en la noche de la tiniebla, del dolor supremo, de los silencios, y sobre todo de aquello que nos va a llevar por los caminos del dolor y de la ignonimia. Ante tal situación, el hombre necesita “signos”, que le recuerden que la “LUZ” está cerca, próxima, junto a todos los hombres del universo. No hay distinción: todos estamos llamados a vivir, uniendonos al dolor de la noche, al propio dolor de Cristo, siendo uno con El. Y eso solo lo consigue el AMOR, callado, silencioso, amable y vital.
Vivamos éstos días, con un sentido cargado de AMOR, hacia todos los que se encuentran a nuestro lado. Cada paso, cada momento, debemos compartirlo con alegría, porque vamos a tener VIDA para siempre. Feliz Semana Santa.

 

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