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¿La opinión es libre y privada?

Por Manuel J. Ibáñez Ferriol. Director de Contenidos Informativos del Grupo ONDA3.

Hemos asistido sorprendidos y estupefactos al intento de controlar por parte del poder municipal -y de un determinado estamento festivo-, la opinión privada y particular de un determinado colectivo -el fallero-, que por extensión también podemos incluir al resto de colectivos festivos y asociaciones culturales de la Ciudad de Valencia.

Resulta paradójico, que lo ponga en práctica un concejal, perteneciente a un partido, al que se le llena la boca de proclamar a los cuatro vientos, la libertad y la democracia, y de -al parecer solo es en su discurso-, hacer ascos a cualquier intento de control ocurrido en el pasado, en el continente europeo. Pero no ha sido así, ya que a través de una encuesta, se pretendía clasificar y controlar a la población en general. ¿Estamos pues, ante una vuelta de los totalitarismos ya sean fascistas o marxistas?

En nuestra memoria colectiva, recordamos las clasificaciones realizadas por los nazis, en Alemania, sobre todo contra judios, homosexuales, religiosos, y gentes sospechosas de ser democrátas. Este mismo sistema, fue utilizado por los marxistas en Rusia y sus países satélites, dónde se clasificaba a las personas, para luego ser más sencillo deportarlas o exterminarlas. Es curioso como los defensores de la democracia roja, clasificaban a la sociedad, igual que los nazis: homosexuales, religiosos, nobles, personas con un alto poder adquisitivo y también a los judíos, que habían huido del horror del nazismo hitleriano, y se habían refugiado falsamente en los países que dominaban los moscovitas.

¿Que podemos hacer para controlar los pensamientos y sentimientos de un pueblo? Pues quizás lo mejor es clasificarlo por grupos sociales, culturales o religiosos. Así podremos seguir con su despersonalización, podremos continuar con la introducción de las teorías catalanistas, y en el momento que consideremos oportuno, iremos suprimiendo todo aquello que define a los valencianos como pueblo. Es una tarea complicada, laboriosa, pero que intenta dar sus frutos, a través de la elaboración de una sencilla encuesta. En mis años de Facultad -yo era de los que jugaban al mus en la cafetería, ya que aprendías mucho más-, el profesor que teníamos de economía, nos dijo en una de las partidas en el bar: que sepan ustedes que en economía hay dos tipos de mentiras: las encuestas y las estadísticas. Puede parecernos, que la opinión de un catedrático de su categoría -se trata de don Ramón Tamames, nada sospechoso-, podía influir en las jóvenes mentes a las que se dirigía, pero nada más lejos de su intención. A día de hoy, le sigo dando toda la razón, porque las encuestas, intentan controlar las mentes de la sociedad, pero ésta, resulta mucho más inteligente, al responder con “y a usted que le importa”.

Nadie puede romper nuestra opinión, ni cambiarla, ni zaherirla. La “opinión” es el grado de posesión de la verdad respecto de un conocimiento que se afirma como verdadero sin tener garantía de su validez. Un alto grado de certeza, comporta una conciencia sobre ciertos hechos, que se admiten sin sombra de duda, con alta confianza en que dicho conocimiento es verdadero y válido. Cuando el grado de conocimiento genera suficiente confianza en su validez como para poder afirmarlo como verdadero, pero no de forma perfecta. El que opina afirma, sí, pero no con perfecta confianza en la verdad de la proposición con la que el conocimiento se manifiesta. Teniendo lo que se afirma como verdadero se admite sin embargo la posibilidad del error y de la posible verdad de la opinión contraria. En la opinión, como afirmación débil, puesto que no hay evidencia plena, intervienen, por otro lado, factores no estrictamente cognoscitivos como es la influencia del “querer” o el “deseo”, lo que solemos llamar voluntad, y factores culturales e ideológicos.

La distinción entre certeza y conocimiento es importante. Evita la confusión que se produce cuando las afirmaciones ideológicas o de creencias pretenden establecerse como certezas de conocimiento verdadero en el mismo plano y ámbitos cognoscitivos propios de la ciencia. La certeza respecto a una verdad no basada en el conocimiento, (creencias basadas en la tradición, en la religión, ideologías etc.), debe considerarse como pertenecientes a otra esfera independiente del conocimiento y comprendida en un concepto diferente: la fe, la confianza, la seguridad en el reconocimiento social, etc. A partir de tales creencias tenidas como verdades se deducen formalmente, como argumentos, consecuencias que se consideran verdades cognoscitivas indudables como explicaciones. En algunos casos tales explicaciones pueden ser “feroces”.

Analicemos despacio y con una profunda reflexión, cuales son los motivos por los que nos quieren controlar, y si realmente nos sentimos presionados, debemos salir a la calle y denunciar a los que intentan ejercer desde el poder, la clasificación de la sociedad, porque como todos sabemos, éstas clasificaciones terminan siempre mal. ¿Estamos ante el inicio de la aniquilación del pueblo valenciano y por extensión del español? Todas estas situaciones se dan por un marcado empobrecimiento cultural de la sociedad. La cultura, es la base de la formación de la opinión pública. Y los poderosos, saben como aniquilar las bases culturales de un pueblo: se borran, rompen o queman archivos y bibliotecas, solo por el hecho de ejercer el control sobre el pueblo. De ahí, que el control del pensamiento, sea una máxima a tener en cuenta, porque un pueblo no cultivado, es más sencillo de manejar.

Terminaré, con una frase de don Miguel de Unamuno: Sólo el que sabe es libre, y más libre el que más sabe… Sólo la cultura da libertad… No proclaméis la libertad de volar, sino dad alas; no la de pensar, sino dad pensamiento. La libertad que hay que dar al pueblo es la cultura”.

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