La restauración de los frescos del siglo XIX del camarín de la Basílica de la Virgen descubre sus colores originales ocultos por el hollín de las velas

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ES+ACTUAL.AVAN.REDACCION.- Los trabajos de restauración de las pinturas murales del camarín de la Basílica de la Virgen de los Desamparados, que alberga la imagen de la patrona de Valencia, están permitiendo recuperar la policromía original que estaba oculta por el hollín de las velas, según publica en su número de mañana, viernes, el periódico diocesano PARAULA.

La restauración del camarín se está realizando de forma conjunta a la intervención en la imagen de la propia patrona.

El camarín, de estilo neoclásico, construido entre 1685 y 1694 y restaurado a comienzos del siglo XIX cuenta con unas pinturas al fresco del pintor valenciano Francisco Llácer (1781-1852), en las que representó a unos ángeles llevando unas cintas en las que aparece una oración de San Bernardo a la Virgen María.

Los frescos estaban “muy afectados por los humos y las grasas de los aceites de las velas que antiguamente se usaban y por la contaminación de partículas sólidas”, según Carmen Pérez, directora de CulturArts IVC+R, (Instituto Valenciano de Conservación y Restauración de Bienes Culturales), que está al frente de la restauración.

La restauración comenzó con un estudio para determinar la composición exacta de las pinturas, la técnica utilizada y el estado de conservación de las mismas. Para ello se han empleado técnicas científicas fotográficas y digitales, así como análisis de materiales con toma de micromuestras, que han sido estudiados mediante microscopía óptica y microscopía electrónica.

Con los resultados obtenidos, los expertos iniciaron la intervención directa sobre las pinturas con la eliminación del humo, polvo superficial y partículas sólidas.

Asimismo, gracias a los trabajos de restauración en la parte derecha del nicho que alberga a la Virgen se ha comprobado que a mediados del siglo XX, se había realizado una restauración “no muy ortodoxa que enmascaraba la pinturas originales posiblemente para recomponer los frescos dañados bien por el incendio de 1936 o por algún tipo de filtración”.

Igualmente, las cuatro pechinas de la bóveda también fueron repintadas aunque “de forma más respetuosa con el original”, según Pérez. Actualmente, los restauradores están eliminando completamente el repintado y “con todo ello, los fieles van a poder admirar, así, una arquitectura muy rica, con mucha ornamentación floral que hasta ahora no se percibía debido al color marrón que la cubría”, ha concluido Carmen Pérez.

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