La teoría de ‘La Reina Roja’ o por qué existe el sexo

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Uno de los símiles ya clásicos en biología evolutiva es el de “La Reina Roja”. Este personaje, que proviene de la secuela de ‘Alicia en el país de las maravillas’, de Lewis Carroll, siempre estaba corriendo para permanecer en el mismo lugar; las especies evolucionan y se adaptan no para mejorar, sino para no extinguirse.Y una de las formas que toma la teoría de “La Reina Roja” procede del sexo.

La reproducción sexual siempre ha traído de cabeza a los especialistas en evolución, sobre todo porque hay otras alternativas que pueden ser más eficientes. Si la reproducción es asexual, un sólo individuo puede dejar descendencia, mientras que con el sexo hacen falta dos, y cada uno de un tipo, para obtener lo mismo. El beneficio sería la diversidad. El resto de métodos dan como resultado clones, copias exactas de sus progenitores, y la diversidad vendría dada por posibles mutaciones o errores de copia. Pero si algo funciona bien, ¿por qué cambiarlo?

Hasta ahora, “La Reina Roja” no era más que una hipótesis, una explicación bien fundamentada que daba sentido a un gran número de hechos. Pero recientemente ha podido ser demostrada mediante experimentos en laboratorio, algo poco común en investigación evolutiva.

Leigh Van Valen, responsable de “La Reina Roja”, propuso lo siguiente: el sexo se ha fijado como forma de adelantarse a los parásitos. Éstos entran en el organismo y se aprovechan de él, pudiendo incluso causar la muerte. Por lo tanto, el individuo necesita de otro para crear uno nuevo distinto que impida al parásito atacarle. Sería algo parecido a una clave informática.

Al ser el hijo una combinación de los padres, la clave sería mitad la del padre y mitad la de la madre. Cada individuo tendría la suya propia que cambiaría cada generación, y habría tantas como posibles uniones existieran. El parásito tendría que descifrarla para cada uno, con lo que se reducirían las infecciones.

El problema era demostrar esta teoría. La evolución trabaja a lo largo de generaciones, así que los experimentos llevan mucho tiempo. Además, habría que encontrar un sistema ‘hospedador-parásito’ en el que se diese tanto reproducción sexual como asexual.

Un equipo de la Universidad de Indiana ha encontrado la solución. Emplearon un gusano nemátodo, Caenorhabditis elegans, capaz de autofecundarse o reproducirse sexualmente. Lo hicieron convivir con una bacteria parásita, Serratia marcescens, y estudiaron las poblaciones. Aquellas con reproducción asexual acababan extinguiéndose, mientras que las otras permanecían. Según sus propias conclusiones, esto no demuestra la hipótesis, pero es un peldaño más. A falta de estudiar las ventajas del sexo en sistemas complejos con varias especies, la “Reina Roja” va ganando seguidores.

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