La violencia contra la mujer: un día para la denuncia

23112015.0

Por Manuel J. Ibáñez Ferriol. Director de Comunicación Informativa del Grupo ONDA3. 

Hoy es un día para el recuerdo, la denuncia y la reflexión. Hemos de recordar, con horror, las miles de mujeres, que son maltratadas por sus parejas, ya que se creen que tienen una mercancía, que les pertenece y sobre la que hay que cargar todas las iras y frustraciones.

Esto es un grave error, porque los seres humanos, somos libres por naturaleza, y no unos esclavos a los que poder maltratar a nuestro antojo. La violencia de género, ejercida contra la mujer, es un acto de cobardía, cometido por seres crueles, que no piensan en lo maravilloso que encierra la mujer en su conjunto. Debemos cuidar con admiración y respeto a nuestras mujeres. Y esto puede sonar un tanto carca, pero voy a exponerlo, desde mi modesta opinión.

La mujer, es el ser más bello de la creación -o de la evolución-, siendo la continuadora en la perpetuación de la especie, y estando considerada como la diosa Gea, es decir la Madre Tierra, símbolo de la fertilidad, que es garantía de prosperidad. Su belleza -tanto física como espiritual-, es comparable a la de una delicada flor -como la rosa o la amapola-, que emerge fuertemente, siendo el suave viento, el que la mueve a la vez que la protege y le permite airear toda su belleza de forma explendorosa. Los hombres de verdad, que las tienen en el pedestal correcto, las admiran y cuidan, a la vez que les rinde homenajes de pleitesía en todas sus manifestaciones festivas.

En determinadas manifestaciones culturales, la mujer es vejada y sometida, por ejemplo cuando es obligada a cubrirse con velos negros y trajes imposibles, cuando sufre la temible “ablación” de sus genitales, o es sometida a realizar un aborto, que trastoca uno de los actos más bellos: tener un retoño. Pero también es apaleada -muchas veces hasta la muerte-, por la cruel existencia de su pareja, que la veja, pega y maltrata de mil y una formas. La trata de blancas y el mundo de la prostitución, alejan a la mujer de su sentir fundamental: es un producto, al que se le puede someter, comprar, vender y ser vejada con una y mil aberraciones, que la denigran y anulan, dejándola convertida en un guiñapo, muchas veces irreconocible.

Ante las situaciones anteriormente descritas, hay otras muchas, que se consideran maltrato sicologico, por poner un ejemplo. Utilizar a los hijos como arma arrojadiza, es uno de esos males habituales a que nos tiene acostumbrados el mundo de los hombres, considerados como el principal peligro de la vida en toda mujer. Sus silencios, son como esos gritos en la oscuridad de la noche, que claman justicia en medio de tanto desorden. El hombre sabe, que la mujer protegerá hasta la muerte a sus hijos, que ha llevado en su vientre o en su corazón -caso de las madres adoptantes-. Por esa razón, actuará con sadismo, no solo con insultos, sino también machacando su conciencia, siempre que puede. Esta actitud monstruosa, debemos denunciarla a diario, no solo con días como el de hoy, no solo con manifestaciones a favor de la defensa de los derechos de la mujer, sino todos los días del año, porque hemos de terminar con ésta lacra que es la violencia de género.

Hemos de ejercer la acción de la denuncia, de forma activa. No podemos abandonar a su suerte, a nuestras mujeres, que sufren vejaciones y malos tratos. Estamos en el siglo XXI, no en las primeras edades de la Historia. Hay que valorar a la mujer en todos los campos de la vida. Hemos de ayudar a su desarrollo, al enriquecimiento de su mundo interior, apoyando sus causas y reivindicaciones, ya sea como madre, mujer, pareja, esposa o novia. No podemos permitir la alimentación de las vejaciones contra lo femenino. Solo hemos de fijarnos en las muchas y dolorosas situaciones en las que le mujer es denigrada: menos sueldos, explotación, vejación, sumisión, acoso y nulo respeto por sus derechos más fundamentales.

Debemos defender los valores que posee la mujer, y no dejarla, a la suerte del abandono de las mafias y la trata de blancas, así como al capricho y antojo de determinados grupos de hombres. Hay que ser consecuentes con la vida de todas y cada una de nuestras mujeres, porque ellas para nosotros son lo más importante y lo más bonito que nos puede suceder en nuestras vidas. VALE.

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