Las grietas de Lorca al cumplirse el primer aniversario de los terremotos

La tierra se resquebraja, los edificios se desmoronan y las vidas se quiebran. Una frase para describir de un golpe un terremoto. Una frase para describir lo que ocurrió en Lorca la noche del 11 de mayo de 2011. 5,2 grados de temblor cuyo epicentro estuvo muy cerca de la ciudad, muy superficial, a solo a un kilómetro de profundidad, pero que marcó a la localidad murciana.

Un año después la tierra ha vuelto a su ser, pero las paredes siguen heridas y las vidas tienen cicatrices. Muchas de las familias que se enfrentaron con entereza al terremoto ahora están paradas entre miles de papeleos que les impiden cobrar las ayudas para reconstruirlas. 2.000 familias están desplazadas de sus domicilios habituales y 1.200 viviendas por reconstruir. Las grietas de centros educativos como el de Ramón Arcas y Ros Giner, el centro de salud Santa Rosa de Lima o el complejo deportivo Europa. Un año sin proyecto, a pesar de las quejas de los vecinos que intentan reconstruir su anterior vida pese a sufrir la desidia oficial. La cercanía del aniversario y la movilización de los ciudadanos que se han diversificado en diferentes frentes han logrado algunas respuestas. De momento, esta semana se ha anunciado el proyecto de reconstrucción del centro Ros Giner por cinco millones de euros de forma que recupere su actividad en 2014-2015.

Comprobar este renacer lento es sencillo. Basta con un paseo por la ciudad murciana. Los barrios de la Viña, Alfonso X, San Diego o San Bernardo son un ejemplo. Los numerosos precintos recuerdan una tarea inacabada. Una herida sin cerrar. Familias sin hogar o comercios quebrados por un fenómeno sísmico que lo arrasó y por la falta de soluciones tras un año de la tragedia. Un simple paseo para recoger la decadencia de una ciudad; de las casas deshabitadas que esperan que alguien firme su destino, de los negocios que antes bullían y ahora languidecen o mueren. A muchos les ha costado remontar. Hasta 300 comercios de la ciudad no han vuelto a abrir al público, el 30% de los 1.200 afectados por los seísmos, según un censo elaborado por la Cámara de Comercio. Negocios diversos; como el comercial, textil, de alimentación y regalos, entre otros. La ciudad pierde brillo; energía. Pierde la carrera de la recuperación en medio de una tragedia y de una crisis económica que contribuye a dificultar la remontada.

La ciudad sobrevive entre un laberinto de andamios, contenedores, grúas y puntales. El paseo por Lorca lo hacemos de la mano de Juan Manuel Cabrera, un lorquiano comprometido con la causa. Describe cómo Lorca se ha convertido en un caos de tráfico entre contenedores de obras y coches que paran sin orden ni concierto. Lo sufre a diario. Asegura que nadie lo controla. Cruzar la ciudad en cualquier momento del día es una carrera de obstáculos. “Las calles se inundan en cuanto caen cuatro gotas porque nadie las arregla. De las rondas prometidas hace cinco años sólo hay una foto en la entrada del Ayuntamiento ¿Alguien recuerda que se prometió un auditorio, un recinto ferial nuevo, rondas de circunvalación o soterramiento del ave?. Las calles están más sucias que nunca porque se ha reducido el servicio de limpieza, hace meses que nadie invierte un euro en obras menores (desde el plan E aquí no hay un céntimo). El Ayuntamiento se jacta de un presupuesto equilibrado aunque es de los más endeudados y en 5 años no ha hecho nada. Lorca necesita todas esas infraestructuras para salir adelante, para que su comercio renazca entre las ruinas pero el dinero no llega”. Desidia y olvido. Mala gestión son algunas de las palabras que están en la mente de los afectados. No se resuelve, no se reconstruye y los vecinos en la calle. “Hay un responsable último de todo esto: un alcalde que vive más pendiente de lo que dicen sus compañeros gobernantes en la nación y en la comunidad que de lo que dicen sus vecinos, esos que le votaron para que resolviera esta situación. Eso sí, quizás nuestro gobierno municipal se conforme con ese turismo que viene a Lorca a la ruta del terremoto, seguros de que ya no les caerá ningún trozo de cornisa desde hace un par de semanas”.

Varios vecinos siguen pagando hipotecas de edificios que ya no existen, explica Juan Carlos Segura, portavoz del colectivo de damnificados. A ello se le suma que un 30%  de los establecimientos públicos dañados por los temblores aún permanecen cerrados. Se han destruido en torno a 700 puestos de trabajo, según sus cálculos. Los afectados esperan 230 millones de euros de ayudas que la Comunidad y el Gobierno tienen que pagar a los damnificados. El pasado marzo el Ejecutivo aprobó un préstamo de 115 millones de euros a través del Instituto de Crédito Oficial (ICO) para la reconstrucción de la localidad. Esta cantidad completará lo abonado por el Consorcio de Compensación de Seguros, que ya desembolsó 450 millones de euros para sufragar 15.000 obras civiles de reparación del parque inmobiliario, correspondientes a más de 30.200 solicitudes presentadas.

La Asamblea de Vecinos Afectados por los Terremotos y  la Plataforma de damnificados en la que se han integrado los colectivos después de caminar por solitario este año, decidió salir a la calle el 10-M porque “queda mucho por hacer”. El aniversario ha actúado como revulsivo para mostrarse unidos y escenificar el abandono institucional. Según sus datos, unas 7.500 personas siguen desplazadas de sus hogares y consideran que los 230 millones de euros en ayudas que incluye el último Real Decreto aprobado por el Gobierno es una cantidad “suficiente” para saldar la deuda pendiente con los damnificados y para reconstruir parte de las infraestructuras públicas que fueron demolidas. Sus quejas se escucharon ayer: “el grueso de las ayudas aún no ha llegado y lo más grave es que, los que hemos perdido nuestras viviendas seguimos en proceso de duelo pues no se ha colocado ni una grúa en los solares, no se ha puesto ni un solo ladrillo para la reconstrucción de nuestras casas, seguimos instalados en la incertidumbre, no podemos más estamos agotados, es mucha la carga que pesa sobre nuestras maltrechas espaldas, necesitamos ver hechos consumados, necesitamos ver realidades, necesitamos ver grúas en los solares”.

Este mapa de la desidia se debe a la negligente organización de las tres administraciones que no han sido capaces de coordinarse para lograr que las ayudas lleguen a sus destinatarios. De ahí el Real Decreto aprobado por el Gobierno el pasado mes de marzo. No sólo contiene una cantidad a distribuir. También sirvió para detallar los mecanismos para ejecutar las ayudas concedidas casi un año antes. Un año perdido. Lo dice el informe de la misión de expertos del consejo de Europa: no sólo no se ha desarrollado el plan integral de reconstrucción  sino que no se ha atendido a los barrios más desfavorecidos socialmente.

Los afectados todavía están a la espera de los 230 millones de euros. Además, el pasado marzo el Ejecutivo aprobó un préstamo de 115 millones de euros a través del Instituto de Crédito Oficial (ICO) para la reconstrucción de la localidad. A esta cantidad se le une los 450 millones abonado por el Consorcio de Compensación de Seguros para sufragar 15.000 obras civiles de reparación del parque inmobiliario de las 30.200 solicitudes presentadas.

Dicen que la mala suerte tocó a Lorca dos veces: una con el terremoto. Otra, por sufrirlo en medio de la crisis, cuando la ausencia del dinero no puede reparar las grietas del furor de la tierra. Como se leía en el aniversario en muchas pancartas: “Un año después todo por hacer. Reconstrucción“. Y deprisa. Son muchas las familias que están volviendo a sus casas, aún sin rehabilitarlas. Se les ha acabado la ayuda para el alquiler y el bolsillo no da para más. Las grietas de Lorca las ha traíso la tierra sí, pero también la desidiay la descordinación de las administraciones.

 

VLCRADIO | Agencias

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