LLEGA EL ADVIENTO: RESPIREMOS ESPERANZA

Por CARLOS OSORO SIERRA. Arzobispo de Valencia.

Este domingo comenzamos el Adviento. Debe de ser un tiempo importante en nuestra vida. Quisiera ayudarte a que descubrieses la importancia que tiene vivir con profundidad este tiempoen el que oímos de parte de Dios expresiones como ésta, que aparece en una antífona de la liturgia de Adviento: “Anunciad a todos los pueblos y decidles: Mirad, Dios viene, nuestro Salvador”. ¡Qué fuerza tiene la antífona! Todo se concentra en una expresión, “Dios viene”, que contiene una hondura sugestiva siempre nueva, sobre todo en estos momentos que estamos viviendo. Cuando por todos los lados nos dicen que hay crisis, cuando hay momentos y circunstancias en los que falta el aliento, cuando hay desajustes diversos, cuando hay problemas de relación y convivencia, cuando también los hay sociales y económicos, cuando parece que estamos ante un naufragio y los hombres lo perciben así por muchas palabras buenas y promesas que se nos digan, cuando hay contaminación ambiental, cuando se experimenta crisis no solamente económica, sino de valores, no sólo de bienestar, sino de humanidad, qué bueno es escuchar: “¡Dios viene!”.

Esta antífona de Adviento no usa el pasado: “Dios ha venido”; tampoco el futuro: “Dios vendrá”; sino que utiliza el presente: “Dios viene”. Es una acción que se realiza siempre, que está ocurriendo, que ocurre ahora y también en el futuro. En todo momento “Dios viene”. ¡Qué impresionante es la antífona cuando utiliza el verbo venir! Alude a algo que pertenece a la naturaleza misma de Dios. Anunciar que “Dios viene” es anunciar a Dios mismo a través de uno de sus rasgos esenciales y muy característicos, es el “Dios-que-viene”. El tiempo de Adviento invita a los creyentes a tomar conciencia de esta verdad y, por tanto, nos invita a actuar en nuestra vida coherentemente con esta realidad. En el fondo, se nos está diciendo: ¡despierta! Recuerda siempre que “Dios viene”. Y sé consciente de que viene ahora. No es un Dios que se desinteresa de nosotros y de la historia, sino todo lo contrario. Es un Dios que nunca deja de pensar en nosotros y, respetando nuestra libertad, desea encontrarse con nosotros y visitarnos.

Te invito, pues, a preparar la “venida de Nuestro Señor Jesucristo” (1 Ts 5, 23). San Pablo usa la palabra venida, “parousia”, en latín “adventus”, de donde viene el término Adviento. ¿Qué significa? Se puede traducir por “presencia”, “llegada”, “venida”. Con la palabra “adventus” se quiere decir substancialmente: Dios está aquí, no se ha retirado del mundo, no nos ha dejado solos. Por tanto, el significado de la expresión “Adviento” comprende también la de “visitatio”, que simplemente quiere decir “visita”, en este caso una visita de Dios: Él entra en mi vida y quiere dirigirse a mí. El Adviento nos invita a detenernos en silencio para captar una presencia. Es invitación a comprender que los acontecimientos de cada día son gestos que Dios nos entrega, signos que evidencian su atención hacia cada uno de nosotros. ¡Qué tiempo más maravilloso el Adviento! Nos estimula y nos invita a contemplar al Señor presente. En estos tiempos de tantos quebrantamientos de nuestro mundo, de crisis profundas que tienen unas repercusiones concretas en la vida de los hombres, ¿no debiera ayudarnos a ver el mundo de otra manera? ¿No deberá ayudarnos a considerar toda nuestra existencia como la acogida de una “visita”, como un modo en el que Dios puede venir a nosotros y estar cerca de nosotros en cualquier situación?

Un elemento fundamental del Adviento es la espera. El Adviento nos impulsa a entender el sentido del tiempo y de la historia como “kairós”, es decir, como ocasión de gracia, como ocasión propicia para nuestra salvación. ¡Cuántas parábolas dijo Jesús sobre esta realidad! En la vida, el hombre está constantemente a la espera: cuando es niño quiere crecer, cuando es adulto busca la realización y también el éxito, cuando va entrando en años aspira al merecido descanso. La esperanza marca el camino de la humanidad. Pero, ¿siempre está el Señor en este camino? Es verdad que el Señor está presente a lo largo de nuestra vida, nos acompaña, pero no siempre vivimos conscientes de esta compañía.

Existen maneras muy diferentes de esperar pero, si el tiempo no está cargado de sentido, la espera puede resultar insoportable. Si se espera algo, pero el presente está vacío, todo parece larguísimo. En cambio, cuando el tiempo está cargado de sentido y en cada instante percibo algo específico y positivo, la alegría de la espera hace más valioso el presente. Te invito a vivir el presente en el que hemos sido alcanzados por los dones del Señor. Vivamos el presente proyectándonos hacia un futuro lleno de esperanza. El Adviento es una ocasión para despertar en nosotros el sentido verdadero de la espera. Volvamos el corazón al misterio de Cristo, el Mesías esperado durante muchos siglos que nació en Belén. Al hacerse presente entre nosotros, nos trajo el don de su amor y su salvación. El Adviento es el tiempo de la presencia y de la espera de lo eterno, por eso es tiempo de la alegría. Una alegría que nos hace caminar confiados porque Dios viene.

Comenzamos el Adviento, un tiempo de gran profundidad religiosa, ya que está impregnado de esperanza y de expectativas: cada vez que la comunidad cristiana se prepara para recordar el nacimiento del Redentor siente una sensación de alegría que, en cierta medida, se comunica a toda la sociedad. En Adviento, quienes formamos parte de la Iglesia vivimos un doble movimiento del espíritu: por una parte, elevamos la mirada hacia la meta final de la peregrinación en la historia, que es la vuelta gloriosa del Señor Jesús; por otra, recordando con emoción su nacimiento en Belén, nos arrodillamos ante el pesebre. La esperanza de los cristianos se orienta al futuro, pero está siempre arraigada en un acontecimiento del pasado. En la plenitud de los tiempos, el Hijo de Dios nació de la Virgen María: “Nacido de mujer, nacido bajo la ley”, escribe el Apóstol San Pablo (Gal 4, 4).

El mundo en el que vivimos necesita esperanza. Una esperanza que es verdadera, cuando nos situamos en la perspectiva de Dios, gracias a Jesucristo. Pero, desde la perspectiva del hombre, de la historia y de la sociedad, ¿a dónde podemos ir? El camino de Adviento nos devuelve a la esperanza verdadera, la que necesita nuestro mundo. El Señor Jesús vino en el pasado, viene en el presente y vendrá en el futuro. Abraza todas las dimensiones del tiempo, porque ha muerto y ha resucitado. Es el “Viviente” y, compartiendo nuestra precariedad humana, permanece para siempre y nos ofrece la estabilidad misma de Dios. ¡Qué hondura tiene esta expresión!: Es “carne” como nosotros y es roca como Dios. El Adviento es el tiempo en que los cristianos debemos despertar en nuestro corazón la esperanza de renovar el mundo con la ayuda de Dios. El verdadero compromiso del Adviento es llevar la alegría a los demás, la alegría de haber conocido a Jesucristo.

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