Los deberes en materia forestal y medio ambiental sin hacer

El pasado 6 de junio, un incendio provocado por un pirómano reincidente arrasaba 670 hectáreas de monte «protector» del Túria en los términos municipales de Benagéber y Tuéjar.

Unas horas después, los ecologistas criticaban el trabajo de la Generalitat y se cebaban en la presunta inutilidad de las ZAU (Zonas de Actuación Urgente), asimilables a cortafuegos, aunque con otra estructura diferente y dimensiones mucho más amplias. Explicaban que algunas franjas cortafuego «de más de 150 metros de anchura» y recién ejecutadas, «fueron atravesadas por el fuego sin ningún tipo de dificultad, demostrando la ineficacia de una red mal diseñada de estructuras contra incendios forestales…».

La violencia del viento, la orografía abrupta del cañón del Túria, la falta de lluvias… El incendio tenía los mismos ingredientes del que un mes más tarde se llevaba por delante 30.000 hectáreas en Cortes de Pallás. Soplaba el viento reseco y las cámaras a bordo de los helicópteros captaron un segundo foco a 1.400 metros del frente de fuego. No era un pirómano, sino ceniza en llamas que voló, como documentan las imágenes, sobre las aguas del embalse de Benagéber.

La Conselleria de Governació, titular de las competencias en extinción de incendios y en infraestructuras de prevención, dispone de imágenes aéreas que demuestran el papel realizado por las ZAU de los Serranos. En las instantáneas se observa que el incendio se paró en los áreas cortafuegos que acababan de ser limpiadas por la Generalitat y que sirvieron de apoyo para que los técnicos forestales hicieran contrafuegos y frenaran el avance de las llamas.

Desde que comenzaron a construirse a finales de los noventa en varias zonas piloto, era la primera vez que las ZAU se ponían a prueba. Y el modelo aprobó con nota. Dos agentes forestales que intervinieron en este incendio y que vivieron el drama de 1994 lo explicaban. «Podíamos estar hablando perfectamente de un incendio de 40.000 hectáreas, pero sólo han sido 670».

Inexplicablemente, la Conselleria de Governació no hs facilitado estas imágenes, pese a la petición expresa realizada por Levante-EMV cinco días después del incendio de Tuéjar. Probablemente tampoco lo haga ahora cuando muchos ciudadanos podrían preguntarse el por qué de que en Cortes de Pallás-Dos Aguas y en Alcublas-Andilla no hubiera infraestructuras similares.

Faustino Sánchez, secretario general de UGT en Tragsa, la empresa pública que contrata las brigadas de extinción, aseguraba ayer que no se puede controlar un incendio cuando adquiere cierta amplitud «si no hay un punto de apoyo en los montes».

Uno de los pocos éxitos en la extinción de unos incendios que murieron «por agotamiento» —tras el cambio en la dirección del viento— se produjo en el frente que se dirigía directo el sábado 7 de julio al Parque Natural de la Calderona.

El jefe de bomberos asignado a la zona, que tenía el mando, escuchó a un veterano ingeniero forestal, que actuaba de asesor. Pidieron a Tragsa maquinaria pesada —seis «bulldozer»— , que llegaron en unas horas de Albacete, con la que abrieron un ancho cortafuegos en terrenos de la base de Marines similar a las franjas «de primer orden» de una ZAU. Una vez preparado el terreno, los brigadistas prendieron fuego en la dirección contraria al viento. Las llamas de Alcublas llegaron muertas y con un par de cubas de Bomberos fue posible apagar los «saltos» que se produjeron. La Calderona se salvó, pero los ecologistas siguen sin creer en esta fórmula.

En un comunicado, Acció Ecologista-Agró aseguraba que la eliminación de la vegetación —la «selvicultura destructiva», afirman— no evita los incendios, casi nunca impide el avance de las llamas y, en cambio, sus efectos sobre la fauna, la flora, el suelo fértil y el paisaje son muy negativos».

Ya en 1994, cuando ardieron 138.000 hectáreas, la reflexión abierta tras el desastre llevó a la convicción de que el abandono del mundo rural no solo trae el desierto poblacional, sino también la desaparición de actividades tradicionales como la ganadera, el cultivo de áreas marginales, etc. que tienen gran influencia en los siniestros forestales.

Algunos expertos creen que lo peor está por llegar y que los incendios son cada vez más grandes y frecuentes. Santiago Fernández Muñoz, de la Universidad Carlos III de Madrid, y Juli Pausas, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, lo han demostrado con una base de datos apoyada en incendios históricos registrados en Valencia desde 1875. Concluyen que hay un cambio relevante en el número y el tamaño de los incendios que estaría relacionado con el éxodo rural y la transformación de los usos del suelo.

Los expertos le han puesto una cifra al desastre: Existen umbrales a partir de los cuales se constata un incremento muy relevante de los incendios y que se produce cuando la densidad poblacional llega a 0,6 habitantes/kilómetro cuadrado.

Tras la crisis de 1994, el objetivo prioritario de la política forestal fue recrear un paisaje forestal que ya no existía y en el que los pinos y el matorral lo habían invadido todo, formando continuidades lineales de decenas de kilómetros. El Plan de Selvicultura Preventiva contra incendios en los sistemas forestales de la Comunidad Valenciana (1995) elaborado por Tragsatec para la Conselleria de Medi Ambiente pretendió dar respuesta a estas inquietudes. Por primera vez se disponía de una estrategia en la que se primaba actuar sobre los montes de mayor valor forestal y medioambiental y sujetos a un riesgo mayor, independientemente de si el propietario era la Administración o los particulares, a quienes se indemnizaba.

Recogía el conocimiento existente entonces para «fragmentar» el territorio mediante fajas auxiliares destinadas a que no se produzcan incendios descomunales como los de los últimos días.

Se elaboraron proyectos pilotos en Los Serranos, Requena-Utiel; Valle de Ayora y Mariola que se desarrollaron en 8 zonas declaradas entre 1996 y 2004. Algunos trabajos no han terminado todavía y su alcance ha sido mucho más limitado del que contemplaba el plan original, que afectaba a toda la superficie forestal valenciana y proyectaba estar concluido en 15 años… Además, las actuaciones requieren un mantenimiento adecuado sin el que las fajas y áreas cortafuegos pierden efectividad.

Javier Redomero, de UGT estima que ha habido una visión corto-placista y que se ha roto el movimiento revisionista surgido de 1994. «Al final a los políticos les resulta más atractivo aparecer rodeados de helicópteros y autobombas que en una ZAU presentando los trabajos selvícolas».

El Plan de Acción Territorial Forestal (Patfor), pendiente de aprobación, pretende heredar la tarea—apenas apuntada— de las ZAU, sumándola a otras políticas, también incipientemente apuntadas como la conciliación de intereses, el pago por servicios ambientales, etc.

Francesc Signes cree que el Patfor hace un buen diagnóstico cuando admite que «sólo el 2 % de la superficie forestal está sujeto a un proyecto de ordenación», pero de nuevo se aplaza hasta 12 años y 15 años el desarrollo de instrumentos «básicos» de planificación como los Planes de Ordenación de los Recursos Forestales de las 12 demarcaciones forestales o los Instrumentos Técnicos de Gestión Forestal. «Además —añade— no hay presupuesto para ellos»

El apoyo. Cuando los montes se cultivaban, los ganados pastaban en ellos y los agricultores peleaban con titánicas hormas de piedra para ganarle espacio a un único olivo, apenas había grandes incendios. Un campo cultivado, un camino o un terreno pedregoso, unidos al hábil empleo de los contrafuegos, podía ser suficiente para hacer frente a las llamas. La moderna gestión forestal pretende recrear zonas de ruptura apoyadas en elementos similares a aquellos tan presentes en el viejo mundo rural aunque para los grupos ecologistas no son más que sus denostados cortafuegos. Quienes apagan incendios los echan de menos.

Impacto. La red de cortafuegos necesita de atención permanente, mantenimiento adecuado y de la existencia de una zona privada de cualquier vegetación. Además, cada franja cortafuegos debe disponer de un camino en buen estado que permita el acceso y la salida precipitada en su caso de los equipos de extinción. Bajo esas condiciones, los contrafuegos son una técnica que se ha revelado muy eficaz en manos de expertos. Cipreses contra el fuego. El incendio forestal de Andilla puso a prueba la experiencia de la Diputación de Valencia para el uso de barreras naturales de ciprés como método para combatir incendios. La investigación, liderada por Imelsa dentro del proyecto europeo «Cypfire» persigue demostrar que las cualidades del ciprés: menor inflamabilidad y combustibilidad que otras especies, baja emisión de partículas incendiarias y su acción cortavientos, lo convierten en un instrumento ideal frente al avance de incendios «explosivos». El 90 % de los cipreses sobrevivieron a las llamas.

Cambios. «La despoblación de los espacios rurales tuvo como consecuencia un abandono de los espacios agrícolas intercalados históricamente entre los espacios forestales», explica el investigador Santiago Fernández Muñoz, de la Universidad Carlos III. Si se abandonan los cultivos, el terreno es rápidamente invadido por una vegetación mucho más inflamable donde resulta imposible hacer frente a los incendios. El mantenimiento de los cultivos marginales es un elemento básico para una gestión eficaz del monte ya para poder hacer frente a los incendios.

ESMASACTUAL/Reportajes/Redacción

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