Los íberos de La Bastida de Moixent (Valencia) ya hacían buen vino

Bastida.aerea

Noticias ONDA3 | Canal Investigación.- La comarca de Les Alcusses-Els Alforins, entre Moixent, La Font de la Figuera y Fontanars, cuenta hoy con 4.000 hectáreas de viñedos y una docena de bodegas que componen uno de los conjuntos vitivinícolas de la Comunitat Valenciana con más personalidad propia, compromiso con la calidad y el territorio y proyección de futuro.

Y como en algunos aspectos hay empujes y apuestas empresariales que han trascendido hasta el mundo urbano en tiempos bastante recientes, puede parecer, visto a distancia, que se trata de una eclosión más o menos nueva y que el buen hacer con el vino se asentó por allí cuando se extendieron modas recientes, como en otros sitios.

Sin embargo, nada más lejos de la realidad. No sólo hay evidencias palpables, y todavía en uso, de que la viticultura fue boyante en siglos pasados (como prueba la Bodega Fonda del Celler del Roure), sino que se sabe que los íberos que habitaron el poblado de La Bastida de Les Alcusses, en el siglo IV antes de Cristo, cultivaron la vid en los llanos de alrededor de la Serra Grossa -los mismos en los que se asientan hoy modernas viñas- y poseían una alta cultura enológica. Como dicen los expertos, ‘hacían un consumo culto del vino’, como alimento cotidiano y en solemnidades.

En las sucesivas excavaciones del Servicio de Investigaciones Prehistóricas de la Diputación de Valencia se han encontrado en La Bastida pepitas de uva carbonizadas (garantía de conservación) y restos de toda clase de herramientas para trabajar la viña y vendimiar, así como multitud de restos de tinajas, cuencos y vasos de cerámica, incluso de clepsidras, ingeniosos botellones de barro cocido, con orificios en la parte inferior, que servían para escanciar el vino en múltiples chorros que facilitaban además que se aireara.

Según el arqueólogo Jaime Vives-Ferrandiz (izquierda), lo único que no se ha podido encontrar hasta ahora son los lagares. No los hay en las casas excavadas, que suponen un tercio de las cuatro hectáreas del poblado. Quizás estén en alguna zona comunal por investigar o, lo que sería más probable, por similitud con otros poblados íberos, aquellos primeros ‘valencianos’ tenían por costumbre vinificar al lado de las viñas.

Pero tras 24 siglos de roturaciones en los campos, los restos que a veces aparecen bajo los arados están muy deshechos, y aquella gente, que huyó de repente al ser atacada, se fue con lo puesto, abandonó el ajuar doméstico y no dejó más huellas.

 

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