Los pueblos nativos americanos podrían tener raíces en Europa

Nativos
¿De dónde vinieron los primeros americanos? La mayoría de los investigadores coinciden en que los paleoamericanos se trasladaron desde Asia, a través del puente de tierra de Bering, en algún momento antes de 15.000 años atrás, lo que sugiere que sus raíces proceden del este de Asia.

Pero saber justo cuándo surgió el origen de dichas poblaciones ha sido durante mucho tiempo un misterio.

No obstante, ahora se ha dado un giro sorprendente, el cual procede del genoma nuclear completo de un niño de Siberia que murió hace 24.000 años: es el genoma completo más antiguo de un humano moderno secuenciado hasta la fecha. Su ADN muestra lazos cercanos con los nativos americanos de hoy en día. Sin embargo, al parecer, no desciende de asiáticos del este, sino de personas que vivieron en Europa y Asia occidental.

El hallazgo sugiere que alrededor de un tercio de los ancestros de los nativos americanos de hoy en día tienen su origen en Eurasia occidental, y los otros dos tercios provienen de Asia oriental, de acuerdo con la conferencia pronunciada sobre ADN antiguo en la reunión de Paloamerican Odissey 2013 (tuvo lugar este mes de octubre en Santa Fe, Estados Unidos) por el experto Eske Willerslev (izquierda), de la Universidad de Copenhague. Las conclusiones también implican que los rastros de ascendencia europea detectados anteriormente en los actuales indígenas americanos no provienen únicamente de la mezcla con colonizadores europeos, como la mayoría de los científicos habían asumido, sino que tienen raíces mucho más profundas.

“Todavía estoy procesando que los nativos americanos son un tercio europeos”, dice la genetista Connie Mulligan, de la Universidad de Florida, en Gainesville. “Es asombroso”.

Por lo menos, dice el genetista Dennis O’Rourke, de la Universidad de Utah, en Salt Lake City, “esto va a estimular un amplio debate”.

Los investigadores han estado tratando de analizar los orígenes de los primeros americanos durante décadas. La mayoría coincide en que la gente se movió a través de Beringia, sobre un enorme puente de tierra helada, y comenzó a propagarse a través de las Américas, llegando a Chile alrededor de hace 14.500 años. Pero los orígenes de la procedencia de las poblaciones no están claros, y algunos arqueólogos han llegado a sugerir que los antiguos europeos que cruzaron el Atlántico forman parte de la mezcla (Science , 16 de marzo de 2012, p. 1289). Otros han afirmado que los primeros esqueletos hallados en las Américas, tal como el hombre de Kennewick, de 9.000 años de antigüedad, muestran algunas de las características europeas (Science, 10 de abril de 1998, p. 190).

En su conferencia, Willerslev argumentó que el genoma antiguo analizado “puede en realidad explicar muchas de estas inconsistencias” ofreciendo destellos de poblaciones prehistóricas anteriores a las migraciones más recientes, así como otros eventos demográficos confusos.

El genoma proviene del hueso superior del brazo derecho de un niño de unos 4 años que vivió junto al río Belaya, en Siberia. Aquellos que lo enterraron, adornaron su tumba con herramientas de piedra, colgantes, un collar de cuentas, y lo rociaron con ocre.

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En la década de 1920, los arqueólogos rusos descubrieron la tumba y otros artefactos cerca de un pueblo llamado Mal’ta, el cual dio su nombre al célebre yacimiento. Willerslev, y su colega Kelly Graf, de la Universidad de Texas A & M, en el College Station, viajaron al Museo Hermitage de San Petersburgo, Rusia, donde se encuentran los restos del niño, y tomaron una muestra de los huesos.

Willerslev informó que el equipo fue capaz de secuenciar el genoma del niño, así como datar mediante radiocarbono los restos óseos. El equipo utilizó una variedad de métodos estadísticos para comparar el genoma con el de poblaciones que actualmente viven. Encontraron que una porción del genoma del niño es compartida sólo por los nativos americanos de hoy en día, y no por otros grupos, mostrando una estrecha relación. Sin embargo, el ‘cromosoma Y’ del niño, pertenece a un grupo genético llamado Y haplogrupo R, y su ADN mitocondrial al haplogrupo U. Hoy, esos haplogrupos se encuentran casi exclusivamente en las personas que viven en Europa y en las regiones de Asia occidental, en las montañas de Altai, las cuales están cerca de las fronteras de Rusia, China y Mongolia.

Una relación esperada estaba desaparecida del cuadro: el genoma del niño no mostraba conexión con los modernos asiáticos del este. Los estudios de ADN de personas que viven en la actualidad sugieren fuertemente que los asiáticos del este -quizás siberianos, chinos o japoneses- constituyen la mayor parte de los antepasados de los nativos americanos. Entonces, ¿cómo podría el niño de Mal’ta estar relacionado con los nativos americanos actuales, pero no con los asiáticos del este? “Esto era algo desconcertante al principio”, dijo Willerslev en la reunión. Sin embargo, parecía haber pocas dudas de que el resultado era correcto, dijo, porque casi todos los nativos americanos del norte y sur de América estaban igualmente relacionados con el niño de Mal’ta, indicando que él representaba raíces indígenas muy profundas.

El equipo propuso un escenario relativamente simple: antes de 24.000 años atrás, los ancestros de los nativos americanos y los antepasados de los asiáticos del este de hoy en día se dividieron en grupos distintos. El niño de Mal’ta representa a una población de ancestros de los nativos americanos que se trasladaron a Siberia, probablemente desde Europa o desde Asia occidental. Entonces, en algún momento después de que el niño de Mal’ta muriera, esta población se mezcló con los asiáticos del este. La nueva población mezclada finalmente hizo su camino a las Américas. Exactamente cuándo y dónde ocurrió la mezcla no está claro, dijo Willerslev. Pero las raíces profundas en Europa o Asia occidental podrían ayudar a explicar las características de algunos esqueletos paleoamericanos y del ADN de los nativos americanos de hoy en día. “Las características genéticas de los euroasiáticos del oeste, que a menudo encontramos en los nativos americanos de hoy en día, no todas provienen de una mezcla poscolonial”, dijo Willerslev en su conferencia. “Algunas de ellas son más antiguas”.

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La conferencia despertó un animado intercambio de opiniones, y no todo el mundo estuvo dispuesto a ‘comprar’ el escenario propuesto por el equipo, al menos hasta que pudieran leer el trabajo de investigación completo, el cual está en prensa en Nature. “Esto es demasiado para colgar en un esqueleto”, dice Connie Mulligan. Willerslev adujo durante el debate que su grupo está tratando de secuenciar los genomas de esqueletos “más al oeste”.

Los nuevos resultados son consistentes con un informe publicado en Genetics el año pasado (y casi totalmente ignorado hasta el momento) que utilizó ADN moderno para concluir que los nativos americanos tienen importantes -y antiguos- vínculos con los europeos. “Nuestro grupo está muy emocionado de ver esto”, dice Alexander Kim, quien trabaja con el genetista David Reich (izquierda) en la Escuela de Medicina de Harvard, en Boston, y que representó al grupo en la reunión. El equipo de Reich encontró que las poblaciones que ellos identifican como ancestros de los nativos americanos en Asia aparentemente contribuyeron también con genes de poblaciones del norte de Europa. Por lo tanto, ambos estudios sugieren una población de origen en Asia cuyos genes se dirigieron hacia el este, hasta llegar a las Américas, y al oeste, hasta llegar a Europa.

“Mal’ta podría ser un eslabón perdido, un representante de una población asiática que se mezcló tanto con los europeos como con los nativos americanos”, dice Reich.

Si es así, añade, ello demuestra “el valor del ADN antiguo para rastrear hacia atrás en la historia y resolver misterios que son difíciles de solucionar utilizando sólo muestras de ADN de hoy en día”.

ESMASACTUAL/Terrantiquae.com. Recopilado por Redaccion.

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