Madres y Padres canguros

Por CHRISTIAN ZARATE. Periodista. El Salvador (San Salvador)

Los hermanos Ingrid Yamileth y Armando José, nacieron demasiado pronto. Apenas pesaban un kilo cada uno. Esto los obliga a pegarse a sus padres, Gloria Nohemí Cárcamo y Miguel Ángel Torres. Piel con piel.Sintiendo su respiración y escuchando sus latinos de corazón. Según datos estadísticos, en el mundo, nacen anualmente unos 20 millones de niños prematuros como Ingrid y Armando en países pobres como el nuestro.

Gloria tiene a Ingrid protegida con una faja en su pecho. Esta posición le ayuda a regular y conservar la temperatura debida, una capacidad que no posee al no haber completado el periodo de gestación en su vientre. Ellos (Gloria y Miguel) son parte del programa “Madres y Padres Canguro”, reinaugurado en marzo de 2011 e impulsado por el hospital de Maternidad.

Gloria y Miguel viven en San Francisco Chamoco, Caserío La Galera, en San Vicente, salen de su casa a las 4:30 de la mañana y llegan a las 7:30 al Hospital de Maternidad, tres veces por semana, con un presupuesto de 15 dólares diarios.

“Ellos se me vinieron antes de tiempo y aquí le estamos haciendo frente con mi esposo. Lastimosamente solo venimos lunes, miércoles y viernes, por razones económicas, ninguno de los dos está trabajando en estos momentos, nos mantenemos del cañal, a veces trabaja él o yo a manera de no aguantar hambre”, comenta Cárcamo, de 37 años.

Sus manos delatan una vida de escasez, cuando lo esencial no llega y el paso del tiempo deja huellas y cicatrices. “Estamos pensando desde un día antes como vamos a venir, quien nos va a prestar (dinero) para estar con ellos, pero bueno ahí vamos sobreviviendo cada día”, añade.

Gloria tarda en coger confianza en la conversación. Al principio se protegía con su mirada como si esta fuera un escudo. “A veces uno viene de su casa sin desayunar por venir con la alegría de canguriar, yo solo le pido a Dios que me ayude a criarlos como hemos hecho con mis otros cinco hijos”, comenta.

Gloria Nohemí es pobre, como la mayoría de personas de este país, llena de pequeñas historias de esperanza. Cuando se le pregunta qué desea para sus hijos, se queda callada por un par de segundos. En ese justo momento la enfermera le da una jeringa con leche y lentamente la pone en la boca de Ingrid Yamileth. Después de darle la leche a su hija, Gloria contesta la pregunta: “Hay que salir adelante por ellos y hasta que ellos tengan su tiempo hay que seguirlos cuidando, no es lo mismo que estén en el vientre que afuera, pero yo sé que Dios nos va ayudar a que ellos estén saludables.

Miguel Ángel sueña con elevar cometas con Armando José, se imagina un cielo preñado de nubes y vientos en el que un buen volador de cometas sabrá jugar a la hora de elevar y cortar las de los demás. Pero por el momento solo es un sueño, añade, “yo me siento bien al lado de ella, yo lucho para sacarlos adelante a los dos. Ahorita no hay mucho trabajo de jornalero, tengo la oportunidad de venir con ella y aquí estamos”, indica.

Miguel tiene los ojos grandes y su mirada cansada, triste, casi de un anciano, porque a veces con solo ver desgracias se envejece. “Uno se sacrifica por venir como sea, a veces uno anda prestando dinero solo para los pasajes, pero siempre se hace el sacrificio para llegar donde ellos”.

Las madres y padres integrados a este programa dedican ocho horas diarias para atender a sus pequeños. El calor de su cuerpo hace que el niño o niña tenga un mejor desarrollo y alcance en poco tiempo el peso y talla adecuada para su crecimiento. “Yo cuando vengo siempre les doy leche a los dos. Para uno es una gran alegría estar con ellos y ver su desarrollo y uno aprende de todo”, dice Torres, con palabras pausadas y sigue relatando: “Cuando los tengo en el pecho me siento una alegría tan grande, pero cuando uno los deja aquí, uno sale triste y deja una parte de su corazón con ellos”. Miguel observa a Ingrid Yamileth y sonríe: sabe que entender la vida es difícil y a falta de tiempos mejores y con la certeza de un futuro incierto, le sirve saber que por lo menos sus hijos están con vida.

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