“Más de Agustín: Sinfonía de colores.”

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Por José S. Murgui Soriano. Cronista Oficial de Casinos. Miembro de la RACV.

“1788: Masías y ahora Casas de Agostino, anexo de la Parroquia del pueblo de Casino.”De la Plaza Mayor a la Casa Diezmera, les une un corto paseo, siguiendo recto hacia arriba, por un camino certero, y pasando un canal, sembrador de esperanzas risueñas, llegamos al punto centro que une el ayer y el hoy.

Aljibes, balsas de agua, sepultados por el tiempo, custodian la “Torre seca” que vigila al pueblo entero. Fue quizás en mil seiscientos, cuando fueron bautizadas las tierras con nombre “Orán” las que indemnes permanecen, siendo su tiempo el guardián.

Torre seca, recto arriba, llegas al “Más de Agustín” lugar que encontró la vida por pobladores de aquí. Hoy solo quedan los restos de una rica propiedad, apellidos muy gloriosos avanzados en edad, fundadores de una historia, tan cercana y con aval.

Los García, los Husach, algún Urdiel, otro Murgui, con los Muñoz y Durbán, casados con los Molina, los Cerverón, Gabarda, y Gimeno, que con los Ruiz, el Alegre y Balaguer allí hubieron de morar.
Diez viviendas familiares, censadas en un principio, en las Masías anexas, como “Casas de Agustino” ellas dieron consistencia a un territorio vivido. Fue el paso de los años, lo que aquello despobló quedando allí solo restos que apenas importan hoy.

Eso es parte de la HISTORIA, que Casinos reivindica, eso es honrar la memoria, de quien allí mortifica.
Trabajo duro, abnegado, largas horas de labor: eras para ver el grano; cisternas para guardar, esa agua necesaria, que fue un bien tan natural.

Almendros, viñas, olivas, largas tiras bien plantadas, que con las cuerdas de esparto, y sus flores de colores allí fueron señaladas.

Ribazos fuertes labrados, trabajados con rigor, caminos secos, sedientos pisados por la labor.

Esas piedras milenarias, cargadas de horas de amor, hoy son los mudos testigos del olvido y del dolor. ¿Cuántas horas de camino recorrió el buen labrador, para llegar al destino de nuestro Casinos hoy?

Son las Casas de Agustino, las que me ocupan el hoy, las que andando en su camino he visto ponerse el sol… Cuantos recuerdos me llegan, que en secreto son guardados, cuanta historia sepultada con el ritmo de un reloj, que con sus gotas de arena, son quemadas por el sol.

Todo queda marchitado, solo piedras quedan hoy, piedras que a todos recuerdan que Casinos las vivió. Entre aromas de tomillo, del romero que está en flor, hojas verdes de “llantiscle” que empapa el monte de olor… son aromas naturales, bronceados por el sol, que cual la piel de los hombres, esta tierra las curtió.

Y entre los restos que quedan se atisba un arco mayor, que habla del oratorio que en aquel centro existió.

Esta tarde en ese cruce he visto ponerse el sol.

El aroma del tomillo la noche lo sorprendió, las piedras quedaron mudas, por un rayo de aquel sol, las piedras de los caminos, susurraban por favor… “-quédate junto a nosotras, te damos conversación…” pero el paso de los años, su boca también calló.

El silencio sobrecoge, la brisa perdió color, la noche todo lo envuelve con un manto de color… mientras tanto el sol ardiente por atrás nos dijo adiós, mañana será otro día, volverá a lucir el sol, y las piedras, los arbustos, recobrarán su color, mientras tanto los humanos advertiremos inertes que el paso de los años, nos deja más indolentes…

Esas piedras son tu historia, esas tierras tu labor, ese cruce de caminos a Casinos dio su amor.

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