Mi religión me prohíbe ir a IKEA

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Por JAVIER SANCHIS GARCIA. Decorador. 

Dejando de un lado la parte creyente de cada uno, me resultaría francamente difícil cruzar la puerta de cualquier establecimiento sueco y lanzarme a recorrer, cual galgo persiguiendo al conejo, el circuito impuesto hasta llegar a la salida, con el consiguiente carro lleno.

Respetando, obviamente, el trabajo de diseñadores, dependientes, transportistas que trabajan para la multinacional sueca, hay que diferenciar entre llenar una casa de muebles y otra muy distinta decorarla. Claro está que hay multitud de opciones válidas en ese comercio, más necio sería negar la evidencia, incluso acercar el concepto de decorar tu casa a precios bajos, tan justo como lo que te ofrecen, que seas tú el que vaya a recogerlo, te lo lleves a tu casa y te lo tengas que montar….eso, no vale mucho, pues la compañia estudia muy bien, de que forma rentabilizar cada operación, hasta ahí bien, pero en el conjunto, es donde me planteo que en ese divagar por los interminantes pasillos oliendo a las famosas albóndigas suecas que ofrecen en su cafetería, no me merece la pena.
Además, debo de llevar a cabo un experimento social, pues en mi única visita a una tienda de la firma sueca, acompañando a un amigo a amueblar su nuevo piso de separado, presencié como discutía con la chica que nos acompañó, que era su ex novia,  para decidir si el tirador era pavonado o verde pistacho…creo que si se realizase esta encuesta sobre divorcios a la salida de realizar las compras aquí. El dato sería tan alarmante como la tasa nacional de desempleo. Creo que todo esto es mucho más fácil que el mecanismo de la archi famosa llave Allen.
Considero que una casa, es un espacio donde donde se integra tu esencia, tu alma, y eso no lo da ninguna gran superficie, imposible, el alma, está concentrada en un frasco mucho más pequeño, como cualquier pequeño comercio, donde seguramente, la atención, el espacio y las cosas seleccionadas, aporten ese toque especial que en otros espacios tan abiertos, se me pierde.
 En esta sociedad de consumo, donde adoptamos además, otras formas de consumo de ideología yanki, deberíamos apostar más, por los pequeños espacios, las tiendas pequeñas, como se hacía antiguamente, donde la atención quizá sea lo que compramos cada vez que pisamos un establecimiento, dejando de lado, el término british de “who´s the next?”

 

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