Nacho Umbert & La Compañía – “Ay…”

   Cada uno de sus apuntes instrumentales, cada uno de los quiebros vocales, cada uno de los detalles que pueblan este soberbio disco, merecidamente alabado hasta decir basta, parece medido al milímetro. Más corpórea no puede ser la producción del omnipresente Raül Fernández, siempre tan atinado a la hora de escoger a quién (y cómo) ha de ayudar a redondear sus trabajos.

Porque se podría ver este Ay… como un curso acelerado de cómo conseguir deslumbrar con unos mimbres reducidos a una expresión mínima, pero sabiamente colocados. Y, por encima de todo, porque supone la gozosa recuperación para nuestro pop de Nacho Umbert, catorce años después de Paperhouse, quien aporta aquí la extraordinaria materia prima sin la que, por mucho lustre que se aplicase, nada sería igual.

Hay un deseo claro de comunicar desde la confidencia, con esa voz en primer plano, aparentemente perezosa pero plena de retranca (emocionantemente arrastrada en “La verdad es que me da igual”), que da forma a viñetas de un costumbrismo urbano que, enlazando con la mejor tradición pop en castellano, esquiva lugares comunes y en ocasiones remite a los primeros Sr. Chinarro. Que se adorna con elegantes notas de piano, con concisos rasgueos de guitarra y con cuerdas que ponen nudo en la garganta. Que, por encima de todo, retrata con distanciada precisión, cual notario emocional, situaciones que de tan humanamente verosímiles no pueden resultar más entrañables. Y así resulta muy fácil enamorarse de discos como éste. Y de cada uno de sus mil y un pequeños detalles.

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