Navarrería, buen rollo, música y juventud en los Festivales de San Fermín 2011

   Un año más, la calle Navarrería se prepara para el tumulto de gente que se sumerge por sus derroteros con el objetivo de comenzar la fiesta de la mejor manera posible. La calle, ya es un punto de encuentro durante el resto del año, con clientes habituales de Pamplona, que la frecuentan sobre todo los fines de semana.

Al ser hermana de San Nicolás, Tejería o Calderería, el ambiente que se respira es un ambiente de poteo. Sin embargo, el día seis, da un cambio radical. La clientela habitual desaparece, los vecinos ya no conocen de vista a los paseantes, y ni siquiera los edificios parecen los mismos.

El día seis de julio, Navarrería, atestada de gente, presenta el aspecto propio de cualquier calle de la parte vieja de Pamplona el día del Chupinazo. Con el reciente comienzo de las fiestas flotando en el aire, las cientos de personas que se acumulan al inicio de Navarrería botan, gritan y cantan como si las vida les fuese en ello. Cánticos como el conocido no te vayas de Pamplona o el mítico clavelitos se únen a los chillidos de la multitud, las órdenes de los camareros y a la música procedente de los bares. Bares que, por otro lado, están colapsados por la afluencia de clientes que se acumulan en las ventanillas y barras para saciar su sed o para continuar con la fiesta sin perder la energía.

Los caminantes animados a adentrarse en esta calle piden a gritos “agua” a los vecinos, los que responden, como no puede ser menos, con sus correspondientes cubos de agua, mangueras y demás objetos acuáticos, que añaden un plus de vivacidad al ambiente. Ya en el corazón de la calle, la fuente de Navarrería es víctima y protagonista de lo que cada año se repite y de lo que más de uno empieza a considerar una tradición propia del día 6 de julio de cada San Fermín: españoles y extranjeros escalan a lo alto de la misma para después tirarse y ser recogidos por la multitud. Los hay que caen bien y gozan de una experiencia irrepetible, pero también los hay que no salen tan bien parados. El conocido evento se cobró ya en las primeras horas dos heridos graves, de procedencia extranjera, y varios heridos leves.

A pesar de esto, la variedad de personas que se reúnen a lo largo de la calle gozan del comienzo de la fiesta en la que la bebida es un componente esencial, descorchando champán y botellas de sidra por doquier; la hora del almuerzo se hace patente y las panaderías también son víctimas de la demanda colectiva. Conforme pasa el tiempo, más gente va llegando a la calle y las mareas humanas procedentes de los diferentes recovecos de la parte vieja se unen, dirigiéndose a la fuente de Navarrería, recogiendo esta el grupo más heterogéneo y convirtiéndose en un centro y lugar de encuentro cosmopolita de la ciudad. Además, la ropa mojada y sucia se convierte en el traje oficial de unas fiestas que experimentan sus primeras horas de vida.

La cuna del ambiente La Calle Navarrería consiste en un punto de encuentro para las miles de personas que se dan cita el día del Chupinazo. Incluso alguna banda de música se atreve a introducirse entre las paredes de Navarrería, arrastrando detrás de sí a los cientos de jóvenes para celebrar el inicio de las fiestas. Fiestas, que por otro lado, no han hecho más que comenzar.

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