Navegando por las islas del mar Egeo (II)

 

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ONDA3.COM|VIAJER@S.- Retomar el reportaje de un viaje, es siempre un placer y más cuando se trata de las islas del mar Egeo, que ya recorrimos en su primera parte, la semana anterior. Continuamos nuestro viaje. 

PATMOS

Cuna religiosa por excelencia. Se la conoce como “La Jerusalén del Egeo” debido a la llegada de San Juan  a la isla en el año 95 dC. donde escribió el Apocalipsis. Hoy se puede visitar el Monasterio erigido en su honor a final del siglo XI que guarda un verdadero tesoro en joyas, iconos, piezas de plata, etc.

La Semana Santa ortodoxa en Patmos es un auténtico acontecimiento en toda Grecia por ser uno de los lugares más emblemáticos de las islas. Aquí se puede ver al Abad del Monasterio, lavar en público los pies de doce monjes al igual que lo hiciera Jesús con sus discípulos antes de la Última Cena.

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Patmos atrae por igual a peregrinos que a turistas, por cuanto, independientemente de las engalanadas capillas y monasterios esparcidos por toda la isla, Skála, su capital respira un aire de elegante y refinado bienestar gracias sobre todo a sus tiendas de alto standing, su paseo marítimo y su vida social. Desde su puerto, rivalizando entre yates, cruceros y transbordadores, zarpan barcas, caiques e hidrotaxis con destino a las principales playas de la isla.

KUSADASI.

En la primera noche de recorrido por las Islas Griegas y levantando ancla desde Mikonos nuestro estilizado buque Ocean Majesty de la Cia. Monarch Cruises nos acerca al vecino puerto Turco Kusadasi donde llegamos sobre las siete de la mañana. Por anómalo que pueda parecer hoy, las corrientes migratorias y de conquistas a través de unos 3000 años de historia aC (aunque se han descubiertos restos arqueológicos que datan de 7000 años aC), han contribuido a establecer una cierta corriente de tolerancia y comprensión entre los pueblos en ciertos lugares del mundo, ya que etnias ancestrales y fronteras arbitrarias trazadas en despachos por potencias extranjeras, capitalistas o dominantes, no guardan, la mayoría de las veces, ninguna relación entre sí: la conferencia de Berlín a finales del s.XIX para el reparto y ayuda a África es un buen ejemplo de ello.

Pese a todo, no podemos olvidar que los principios culturales y civilizadores que hemos heredado los europeos, empezaron en esa parte del Mare-Nostrum cuyos principales artífices fueron Grecia, Egipto y algo posterior, Roma. En cuanto a las grandes corrientes religiosas, podemos considerar que parten todas de una troncal: la hebrea.

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Hago especial hincapié en el párrafo anterior porque en esa parte de Turquía seguimos pensando que estamos en Grecia. No en balde, estuvieron heredando la esencia griega durante 400 años y hasta principios del s.XI., aunque más tarde ocurriera todo lo contrario entrando Grecia en el circuito del Imperio Otomano. En Kusadasi, todo es similar.

La vestimenta (salvo que quieras tomarte un baño turco: entonces te darán, para la circunstancia, una djellaba y unas babuchas, pero no el típico tarbouch), las tiendas, el tacto a la hora del elegante pero imprescindible regateo, la diversidad de artículos que ofrecen las tiendas, gente de mar en plazuelas dejándose retratar de buen grado, trato abierto y desenfadado son una baza de inestimable valor para cualquier turista que se siente a gusto y relajado en todo momento.

Si sólo con esa pequeña visión pensamos que seguimos en Grecia, que podemos decir a la hora de profundizar. Los restos arqueológicos son sencillamente abrumadores. Cerca del puerto, Éfeso y su famoso Templo de Diana considerado como una de las siete maravillas del mundo de la antigüedad, hoy completamente en ruinas. Sin embargo se pueden ver otros monumentos como el Foro, el Odeón, la biblioteca, las Termas y el Gran Teatro que sigue deslumbrando por su magnitud y capacidad para 24000 personas. De regreso al autocar pasamos por la Vía Arcadia por la que, en otros tiempos, desfilaron en fastuosa comitiva Marco Antonio y Cleopatra.

Más allá, el Monasterio de Koresos, en cuya pequeña capilla estaba ubicada la casa de la Virgen María y donde se cree que pasó los últimos días de su vida. Controversias de los eruditos al respecto, pero la realidad es que el Vaticano declara ese lugar como lugar de peregrinación…

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Al igual que en todas las islas visitadas, los mercadillos, las tiendas inundando literalmente las calles en las dos aceras rebosan de artículos de lujo, joyas de oro,  alfombras (estamos cerca de la antigua Persia), cuero,  maravillosos artículos de cobre y bronce recuerdan una y otra vez el esplendor de Grecia, así como otras baratijas que hechizan a primera vista, como puede ser por ejemplo el Mataki “el ojo de la suerte” de origen indefinido (griego o turco) o  el Koboloi (nombre españolizado) que esta entre el típico llavero y la pulsera, pero que no es ni uno ni otro y además, no sirve para nada, pero… pero lo llevan los malotes – pues su única función es girarlo alrededor del índice.

Puedo asegurar que allí, tiene un atractivo muy especial. Creyendo que era una pulsera de donde colgaba el famoso Mataki lo vi un poco grande y le pregunte al dueño: hombre afable, parsimonioso y entrado en años, si los tenían más pequeños. Me aclaró que no era una pulsera y acto seguido lo giró alrededor del dedo. Le pregunté para que servia, se rió y levantó los hombros. No lo compré pero cuando llegue a Madrid mi hijo, que trabaja con una chica griega, me preguntó si le había traído un Koboloi… Hoy, sé de qué se trata.

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Antes de terminar este recorrido por las fascinantes Islas Griegas es importante saber que la tripulación del barco dobla la capacidad total de viajeros, para que éstos puedan ser atendidos en todo momento y bajo cualquier circunstancia. Sólo el magnifico espectáculo que nos ofrecen todos los días de diez a doce de la noche, cuenta con la participación de más de treinta personas. En cuanto a la celeridad del servicio de habitaciones y comedor, da la impresión que estén en todo momento en continua competición.

Un viaje, que todo el que pueda realizar, no debe dejar de hacerlo. Magnífico.

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