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Nicholas Nixon, entre lo visible y lo invisible

Centrado sobre todo en el retrato, y con un claro interés por las posibilidades descriptivas de la cámara, su obra revela una tensión entre lo visible, el contenido (de una extraordinaria claridad y habilidad compositiva), y lo invisible, las emociones, pensamientos e inquietudes que afloran en sus imágenes. Con una técnica muy depurada y una cuidada composición, sus fotografías muestran la realidad cotidiana del autor.

Como explica el comisario, conservador de Fotografía de Fundación MAPFRE, Nixon se basa en su propia experiencia para elegir los temas: “Suele trabajar como voluntario en residencias de ancianos, en hospitales, con enfermos terminales… Fruto de esa relación cotidiana, que es la experiencia de su vida, surgen temas como el de los ancianos, como el de los enfermos de sida, en un momento en el que el sida era una enfermedad satanizada, o las fotografías familiares, que ocupan una parte importante de la exposición, como las que ha realizado de su mujer, Bebe, pero también de sus hijos, desde que nacieron hasta su adolescencia”.

Estos temas son tratados con cercanía y humanidad, lo que provoca que el espectador participe de ellos y se sienta también identificado. Se estructuran en series y en ellas se descubren aspectos inadvertidos que, por su cotidianidad, despiertan fácilmente en el visitante el eco del recuerdo y las emociones. Pero su obra, que se despliega a lo largo de cinco décadas, también se define por la lentitud, los largos periodos y la ausencia de elementos dramáticos.

La exposición, “al estar ordenada de manera cronológica, permite observar cómo los temas que le han importado a lo largo de su carrera afloran y desaparecen o vuelven”, recalca Gollonet. Nixon emplea una técnica sencilla pero impecable. “Es un fotógrafo un poco antiguo, obsoleto, porque utiliza unas cámaras que prácticamente no utiliza nadie”. El uso de estas cámaras de gran formato imponen la cercanía y la cooperación de los retratados para mostrar los mundos próximos en los que fija su atención.

Pero también se caracteriza por el uso exclusivo del blanco y negro, ya que, como él mismo asegura, “me gusta más el color en la pintura que en la fotografía. El color en la fotografía no lo sientes como en una pintura”. Pero esto no quiere decir que haya sentido la curiosidad de experimentar: “El color lo he probado en varias ocasiones y el resultado me ha parecido bueno solo al 90%, por eso he guardado las fotografías y he empezado de nuevo. Esto me ha pasado en dos ocasiones, con el color y con la fotografía digital”, concluye el artista.

Fundación MAPFRE-VIDA. Hasta el 7 de Enero de 2018.

 

VIDEO DE LA EXPOSICION

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