Ocupas, suciedad y abandono asfixian dos alquerías y un palacete en Benicalap

Las alquerías que han visto crecer Valencia durante siglos se caen a pedazos. En Benicalap, la del Moro, la más valiosa de la ciudad al ser la única catalogada Bien de Interés Cultural, la de la Torre y el palacete conocido como el Casino del Americano luchan por mantenerse en pie entre maleza y basura, mientras parcheos, puntales y vallados, que no logran amedrentar ni a ocupas ni a vándalos, intentan salvarlos de la ruina.
«Este mes hemos tenido que avisar tres veces por desprendimientos en la alquería del Moro junto a la carretera por la que pasan constantemente coches y vecinos. Colocaron vallas pero no sirvió de mucho y al final han remendado la zona afectada con bloques de hormigón», explican desde la Asociación de Vecinos Ciutat Fallera.
Su deterioro avanza sin remedio. Un informe municipal de 2011 obligaba a intervenir de urgencia sobre este conjunto rural protegido, cuyos orígenes se remontan a finales del siglo XIII. Una parte del muro perimetral ya se encuentra apuntalado y los vecinos hablan de la aparición de grietas. «Los bomberos han tenido que intervenir en una zona por una grieta, con el peligro de que vaya a más en las próximas lluvias», explica el presidente de la entidad vecinal, Luis Martínez.
«Yo vivo en la zona desde hace 44 años y recuerdo que allí residía un casero que cuidaba del inmueble pero después se cerró y eso está vacío por lo menos 30 años. Los ocupas se han ido llevando la cerámica que había en las paredes y el deterioro avanza a ojos vista», indica Luz Divina Torrico.
Muebles viejos y basura
A pocos metros, otra alquería, la de la Torre, también pasa los días soportando las inclemencias del tiempo, los ataques de vándalos y ocupas y constantes vertidos de enseres y trastos viejos.
En alguna ventana de la casona todavía pueden verse restos de cortinas que hablan de otras épocas, días de bonanza a orillas de la huerta. Hoy en el entorno de la alquería sólo crecen sillas rotas, azulejos de obra, neumáticos y plásticos quemados mientras en el campo contiguo varios agricultores se afanan en recoger cebollas. Es la única excepción en un paisaje desolador. «Es una lástima que estos bienes protegidos estén cayéndose a pedazos y que no se haga nada por recuperarlos y darles un uso cultural o social para el barrio. Aquí hay cuatro bandas de música que están pagando alquileres de locales por no disponer de espacios. Un proyecto así sería interesantísimo», recalca el presidente vecinal. A pie se llega al tercer reducto olvidado de la historia del barrio, un palacete con casi todas sus puertas y ventanas tapiadas que en su día estuvo rodeado de un bello jardín y que ahora emerge en medio de una selva descuidada con palmeras despeinadas y árboles abatidos que han roído el muro perimetral.
Acceder al interior es tan fácil como dar un salto por uno de estos boquetes. Partes del vallado también han desaparecido. La enorme puerta metálica decorada con flores está atrancada con tres grandes bloques de piedra para cerrar el paso pero «aquí entra quien quiere por cualquier lado. Siempre está entrando y saliendo gente y esto es un peligro para los chiquillos que salen del colegio que está aquí mismo. Yo, que vivo en el barrio desde hace 55 años, siempre lo he visto cerrado y es una pena tener esto así», asevera un vecino que pasea junto a la verja.
El abandono de esta casa de recreo de finales del XIX, que levantó una rica familia procedente de América, que originariamente se llamó la Quinta de Nuestra Señora de las Mercedes, tuvo hace años algún tímido proyecto de rescate que no salió bien. «Fue una discoteca pero al final se cerró y desde entonces no ha habido ninguna actividad. Ahí han acampado casetas de rumanos en la parte trasera y la policía siempre está desalojando a alguien cada cierto tiempo», cuentan los habituales de la zona. Hace unas semanas los vecinos tuvieron que alertar de nuevo. «Se veían luces dentro de una de las alquerías y la verdad es que la policía siempre acude de inmediato».
Aprovechar este patrimonio urbano permitiría salvarlo. «Hace falta un centro cívico, una sala multiusos para actividades culturales, una biblioteca… estas construcciones forman parte de la historia del barrio y la ciudad. No deben perderse». De momento, sólo tienen una opción. Mantenerse en pie.
VLCRADIO | Redacción

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